Es claro, demostrado hasta el cansancio, que Carabineros ha violado derechos humanos de miles de personas, cometido actos criminales e incumplido protocolos en su proceder.

El Siglo

22/08/2020. La situación del teniente coronel de Fuerzas Especiales de Carabineros, Claudio Crespo, detenido y procesado por disparar contra el estudiante Gustavo Gatica y dejarlo ciego, no se puede entender como una situación puramente individual, independiente que tenga que asumir las responsabilidades del caso.

El episodio puntual, es parte de un actuar extendido y constatable de Carabineros, avalado precisamente por oficiales de mando como Crespo, protegido por el alto mando que encabeza el general director, Mario Rozas y ejercido por funcionarios en funciones represivas contra manifestantes. De ello da cuenta la terrible cifra de alrededor de 400 personas con pérdida de un ojo y heridas oculares severas.

Hay circunstancias todavía confusas en el caso de Crespo, que sería conveniente que el mando de la policía uniformada aclarara, como también respecto a más de nueve mil denuncias presentadas por apremios y alrededor de dos mil sumarios a elementos de esa institución. No parece aceptable que dada la cantidad de querellas y reclamos judiciales, apenas exista una veintena de uniformados investigados, y apenas una decena condenado por delitos graves.

Es claro, demostrado hasta el cansancio, como lo demuestra la detención de este teniente coronel (hay que ver el rango de quien actúa criminalmente), que sobre todo en el último trimestre del 2019 y los primeros meses de 2020, Carabineros ha violado los derechos humanos de miles de personas, ha cometido actos criminales y ha incumplido protocolos y la legalidad en su proceder.

Se suman actos de prepotencia e insensibilidad como pretender colocar el nombre de un ex jefe policial y ex integrante de la Junta Militar de la dictadura, a una entidad académica institucional, en una clara postura negacionista de los hechos ocurridos en el país y de las graves violaciones a los derechos humanos y ciudadanos.

En este marco, no da para más la permanencia del general director Mario Rozas al frente de Carabineros de Chile. Él es el principal responsable del desempeño de sus subordinados y de la labor de su institución. Sin olvidar que dentro de las querellas contra Carabineros, hubo y hay varias en contra de él, y sus dichos reivindicando que en la represión a los manifestantes nunca cometieron errores y defendiendo a quienes habían cometido abusos y apremios.

Es cierto, asimismo, que todo indica que es impostergable entrar a una reforma profunda de la policía uniformada y poner fin a la doctrina que la rige desde los tiempos de la dictadura y de la traición de uno de sus generales a la institucionalidad, en 1973, abriendo el camino de una debacle institucional.

Pero apresura que se tomen medidas de otro tipo, como la salida de Rozas, el control y regulación de las tropas, sobre todo Fuerzas Especiales y Gope, resolución de las denuncias y querellas, cambios de mandos y que el Ministerio del Interior de una vez por todas haga valer su mandato sobre Carabineros.

Aunque, ciertamente, poco puede esperarse en estas materias con este gobierno proclive a alabar y defender las actuaciones de la policía uniformada.

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