Se termina el punto de prensa y nadie sabe cómo se formularán los cuestionamientos, consultas y denuncias de irregularidades a las autoridades en materias de la crisis sanitaria.

José Luis Córdova

Periodista

17/08/2020. Los estrategas del segundo piso en La Moneda concluyeron que los informes diarios del Ministerio de Salud sobre el desarrollo de la pandemia, al parecer, terminaron por cansar a la opinión pública con las cifras y la reiteración de mensajes obvios que desperfilaban el propósito inicial de la entrega periódica de información fidedigna sobre el coronavirus en nuestro país.

A estas alturas no basta con llamar a lavarse las manos, mantener la distancia física, usar mascarillas y evitar aglomeraciones, tampoco con conocer la cantidad de ventiladores mecánicos, ni los cupos en las residencias sanitarias (de las cuales nunca se alcanzó siquiera a la mitad de la oferta), ni tampoco los confusos datos de enfermos recuperados y la polémica cifra real de fallecidos.

Las inexactitudes, ambigüedades, errores forzados y falsedades comenzaron con el ministro Jaime Mañalich y cuando asumió el doctor Enrique Paris se creyó que la información sería más fidedigna y responsable, pero al fin, tampoco fue así.

El secretario de Estado comenzó sus tareas apareciendo afable, empático, tratando de ganarse la confianza de los periodistas que -vía remota o en el palacio de La Moneda- le hacían preguntas que, en realidad, respondían en su mayoría los subsecretarios Daza o Zúñiga, con pocas posibilidades de contrapreguntar cuando no se aclaraban determinadas situaciones.

Poco duró la presencia durante los informes de representantes de la Mesa Covid, de alcaldes, rectores universitarios, dirigentes de sociedades médicas y científicas. Se volvió pronto al formato inicial simplemente con la presencia del ministro y sus dos subsecretarios.

Paris intentaba ganar la confianza de los periodistas, consultándoles el nombre y el medio que representaban, lo que fue entendido como una suerte de control e identificación perentoria con fines desconocidos sobre sus interlocutores.

Las respuestas ambiguas ante denuncias concretas de irregularidades comenzaron a reiterarse sin que las autoridades dieran respuestas claras y convincentes, más bien eludiendo los temas de fondo. Para el ministro y sus asesores, parecía que todo marchaba miel sobre hojuelas. Cero autocrítica.

Inmune a las críticas y recomendaciones de expertos, Paris insistía en agradecer, felicitar, reconocer y destacar el supuesto rol de liderazgo del presidente de la República, obviamente también de los trabajadores de la salud y de los representantes de las fuerzas armadas y de orden, como si no fuera una obligación constitucional de las instituciones uniformadas de desarrollar sus labores en estado de excepción constitucional por catástrofe nacional.

Así las cosas, los especialistas en comunicaciones -que encabeza el ex ministro Cristián Larroulet- llegaron a la conclusión que ya no era necesaria la cadena nacional de radio y televisión para la entrega del informe diario. Era curioso que el ministro Paris insistiera en agradecer cada vez a los propietarios de radios -agrupados en la ARCHI- y a los ejecutivos de los canales de televisión -reunidos en ANATEL- por cubrir la transmisión del informe, como si no fuera una noticia relevante e indispensable para la ciudadanía. Incluso el ministro -ostensiblemente obsecuente y genuflexo- agradecía hasta a los funcionarios del equipo de comunicaciones de La Moneda por su colaboración en la puesta en escena. Patético por decir lo menos, sobre sus tareas ordinarias y cotidianas.

Se optó por reducir la entrega oficial del informe a tres veces por semana a través de cadena nacional solo los días miércoles, viernes y domingo. Los datos oficiales de nuevos contagios, fallecidos y otros se publicarán diariamente en la página Web del Minsal, con la somera explicación de que “se cumplió un ciclo”(?).

De este modo, se termina el punto de prensa y nadie sabe cómo se formularán los cuestionamientos, las consultas y denuncias de irregularidades a las autoridades en materias de la crisis sanitaria. Extraña disposición que, de alguna manera, lesiona una vez más el maltratado derecho a la comunicación que tiene la ciudadanía, que debe ser oportuna, veraz y convenientemente informada.