Tres artículos que sintetizan la vida, la obra y la proyección del líder revolucionario.

Granma. Cubadebate. El Siglo. 13/08/2020. Fidel: otra batalla, otra victoria.

Elson Concepción Pérez.

Nos acostumbró a librar batallas y a vencerlas. Siempre se adelantó, como gran estratega, a todas las variables que se pueden presentar en un combate. Preparó las fuerzas, concibió escenarios, estudió al enemigo y siempre estuvo al frente de su tropa.

Hoy, desde la monolítica roca extraída de las raíces de la Sierra Maestra, contempla lo hecho, lo que queda por hacer, las imperfecciones y la victoria.

Sabe, y así lo advirtió, de las posibles y reales conductas adversas de quienes, aun en medio de la nueva batalla, se aprovechan de alguna falta de control y asumen como suyos, el robo, el desvío de recursos, la reventa de productos, como si no importara para nada el esfuerzo gigante de dar a todos lo que tenemos, sea mucho o poco, pero honestamente logrado.

Ese es el contexto de la gran contienda que está librando nuestro pueblo y su dirección, para vencer la pandemia del nuevo coronavirus y hacer del combate mayor –la recuperación económica del país– un objetivo alcanzable si todos, de manera unida, aportamos nuestro granito en la colosal cruzada.

En la lucha contra la ­COVID-19 no hay un momento en que no esté Fidel, su consejo y advertencia, su estrategia, su concepción sobre la guerra de todo el pueblo, también presente –muy presente– en la situación actual. Porque la ofensiva de hoy es de todo el pueblo y al frente de ella está Fidel.

Desde el mismo Programa del Moncada previó la formación de recursos humanos para garantizar la salud y la educación. Incluso, fue más allá; desde los primeros meses, luego del triunfo, ya organizaba y enviaba a Argelia una brigada médica cubana para brindar ayuda a un pueblo amigo que la necesitaba.

De la Universidad de La Habana había egresado como abogado. Sin embargo, cuando incursionaba en los programas de Salud que se proponía impulsar, daba la impresión del galeno más avezado.

Así lo concibió y llevó a la práctica. Unos pocos ejemplos -muy presentes en el enfrentamiento a la ­covid-19- lo testifican: fue el creador del concepto de médico y enfermero de la familia; estaba convencido de que la ciencia tenía que constituir parte de la vida cotidiana de este país y, por ello, ideó y dirigió la formación de los polos científicos.

Se trata de un proyecto y una definición que para nada tienen que ver con los modernos centros creados en los países capitalistas, a partir del concepto de la Medicina privada y de producir insumos, incluso medicamentos, solo para quienes tengan el dinero que cuestan.

Paralelamente, la formación de recursos humanos para garantizar los programas de Salud y la elaboración de nuevos y revolucionarios contenidos que hoy avalan la labor de nuestros médicos en cualquier lugar del mundo, constituyó parte del pensamiento de Fidel, quien en no pocas ocasiones expresó que no sobrarían, independientemente de los que se graduaran.

Hoy, cuando decenas de miles de ellos brindan solidaridad, salud y humanismo en más de 60 naciones, el agradecimiento a Fidel y el reconocimiento a Cuba aparece hasta en las más intrincadas comunidades, o en grupos poblacionales que ni siquiera conocen el idioma español.

Se trata de la nación que envía a sus hijos a ofrecer salud y vida a cambio de nada. No importa, en ningún caso, la afiliación política o la fe religiosa del enfermo. Son seres humanos y a ellos va dirigida toda acción altruista de este gran ejército de batas blancas.

Fidel concibió al Contingente Henry Reeve y advirtió su importancia ante pandemias y desastres naturales. Luego vinieron las difíciles pruebas que daban la razón al Comandante: terremotos en Paquistán, Haití y otros países; ébola en naciones del África sufrida y, ahora, la COVID-19, letal virus que en pocos meses ha hecho vulnerable a un mundo que ya ha perdido más de medio millón de sus hijos.

Si muchos no han fallecido, si miles han sido devueltos a la vida luego del contagio, la Medicina y la solidaridad cubanas han contribuido a esa victoria, que debe agradecerse también a Fidel.

Sin que Cuba lo pida, y en medio de la más feroz campaña contra esos cooperantes por parte del gobierno de Trump y los mercenarios que paga, son muchos, y de muy variados países, los que solicitan se les otorgue a aquellos el premio Nobel de la Paz.

También Fidel está al frente de ese contingente médico y a él va dirigida la gratitud de quienes reciben la solidaridad cubana.

La pandemia de la COVID-19 impone otra batalla que va ganando Fidel. La articulación nacional contra la enfermedad, las capacidades del país para sortearla sin los saldos fatales de otras tierras, resultan del pensamiento del Comandante en Jefe hecho realidad, materializado en la continuidad que lidera el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, bajo la sabia guía del General de Ejército Raúl Castro Ruz, quien a la vez deposita toda la seguridad y la confianza.

Este 13 de agosto, en los 94 años del Comandante en Jefe, desde la roca monolítica que lo acoge en su Santiago querido, sus grandes batallas y sus victorias seguirán siendo referencia obligada para un pueblo que por convicción se ha propuesto construir su propio destino; el mismo que él nos trazó y defenderemos siempre.

Nuestra querida Cuba, Fidel, reaccionó ante la pandemia con un esfuerzo heroico

Frei Betto. Teólogo.

Querido Fidel:

Este día de tu cumpleaños siento mucha nostalgia de nuestras conversaciones. Y, sobre todo, de tu luminosa inteligencia para guiarnos en esta nueva coyuntura pandémica.

La vida y la historia están llenas de imprevistos. Con tantos atentados que preparó la CIA para asesinarte, ¿quién habría imaginado que pasarías al otro lado de la vida tranquilamente en tu cama, rodeado por personas queridas y honrado por tu amado pueblo cubano? ¿Quién habría imaginado que la Unión Soviética se desintegraría en 1991 sin disparar un solo tiro? ¿Quién habría imaginado que los Estados Unidos tendrían un presidente negro y la Iglesia Católica un papa argentino progresista?

Durante nuestras conversaciones en tu casa me hablaste varias veces de la seria amenaza de una guerra nuclear. Ese peligro sigue vigente. ¿Pero quién habría imaginado que este año el mundo dejaría de girar debido a un virus invisible conocido como Covid-19?

Nuestra querida Cuba, Fidel, reaccionó ante la pandemia con un esfuerzo heroico que sumó las actitudes correctas del pueblo, los profesionales de la salud y el gobierno. En comparación con otros países se perdieron pocas vidas gracias a las medidas adoptadas y acatadas por la población. Y en el espíritu internacionalista y solidario que siempre ha signado la historia de la Revolución, se enviaron brigadas de salud para socorrer a pueblos de decenas de países.

El virus puso en evidencia, como nunca, las entrañas podridas del capitalismo, la abisal desigualdad social, la suprema contradicción entre un sistema que produce avances tecnológicos admirables, pero es incapaz de evitar que la humanidad se vea afectada por un simple virus.

Le agradezco a Dios el don de tu vida, Fidel. Aquí seguimos con la responsabilidad de ser fieles a tu legado y dignos de tu ejemplo de vida y de lucha.

¡Venceremos, Comandante!

Fraternalmente,

Frei Betto

Fidel, aún quedan sus raíces en la tierra

Gustavo Espinoza M.

“El que no esté con Cuba, con su revolución, con Fidel Castro está del otro lado, de la ignominia y de la traición. Si la Revolución Cubana se extinguiera seríamos borrados de la pizarra del mundo”.

Pablo Neruda.

Fidel Castro Ruz es la más destacada figura de América Latina y el Caribe en nuestro tiempo. Y por eso, vive -y vivirá- en la conciencia de todos los que enarbolan un grito de guerra contra la opresión y la injusticia.

Desde aquellos días de 1952 cuando irrumpió en los pasillos del Poder Judicial cubano para interponer una denuncia contra Fulgencio Batista por el Golpe de Estado del 10 de marzo; hasta su más reciente y grande victoria, la libertad de los 5 Héroes Cubanos Prisioneros del Imperio y arrancados de las cárceles esa memorable mañana del 17 de diciembre del 2014; el itinerario de Fidel fue una concatenación sucesiva de luchas y victorias que suscitan creciente admiración en el mundo entero.

Las batallas de Fidel conocieron los más diversos escenarios y modalidades. Fue Santiago de Cuba y la heroica jornada del 26 de julio del 53, el Juicio del Moncada y “La historia me absolverá”; la dantesca prisión de Isla de Pinos; el desembarco del Granma en el 56; la lucha guerrillera en la Sierra Maestra; la victoria de enero de 1959; el ascenso al Poder; Playa Girón y al carácter Socialista de la Revolución; la Crisis de los Misiles en el 62; las tareas por la construcción de una nueva sociedad en una isla cercada;  la mano tendida al proceso revolucionario latinoamericano; la solidaridad con pueblos y gobiernos progresistas  en Asia, África y América Latina; su identificación con el Che; su voz en el concierto de los Países No Alineados; su apoyo a las experiencias de Juan Velasco y Salvador Allende, en Perú y Chile, su enjuiciamiento de la crisis del Socialismo; su perseverancia absoluta luego de la caída de la URSS; y la batalla final por la recuperación de los suyos, aherrojados en las mazmorras del Imperio; fue una seria sucesiva que formó parte de una extensa historia: la del Proceso Revolucionario Latinoamericano, que aún no concluye.

Al cumplirse el 94 aniversario de su nacimiento, cada uno de estos episodios será evocado prolijamente; y de todos, brotará una misma lección: la lucha está planteada en todos los terrenos porque los enemigos de los pueblos aún tienen Poder en diversos confines del planeta.

La lucha de Fidel se libró en los más diversos planos. En el terreno de las armas en los duros años de la guerra, entre 1956 y 1959 pero también después, incluso en la liberación de África, y en la decisiva batalla de Cuito Cuanavale que consagrara la Independencia de Angola.

En esas lucha brilló no sólo el Estratega lúcido y arriesgado, sino también el Comandante audaz y valeroso que se jugó entero por la causa de los pueblo. Y en esas luchas creció también en la conciencia de millones, la voluntad de enfrentar el dominio del Imperio y abrir cauce al desarrollo emancipador de países que hoy suman verdadera mayoría en el concierto mundial de las naciones.

Pero la batalla se libró también en las tareas cumplidas por la construcción de una nueva sociedad, más humana y más justa. Encarar los problemas de su pueblo y desarrollar políticas capaces, destinadas a entregar salud, educación, vivienda, empleo y alimentación a millones de cubanos; fue un verdadero paradigma para todos los que pensaron en forjar un modelo de construcción social en el que se dieran la mano la dignidad y el compromiso ciudadano.

La batalla Solidaria estuvo fue el cenit de esa política. Una solidaridad social que comprometió a todos los cubanos unos con otros a salir adelante juntos, sin desmedro de sus potencialidades individuales pero viendo siempre en el accionar colectivo de las masas la herramienta transformadora de la sociedad.

Esa voluntad solidaria se extendió luego por las más diversas latitudes del planeta, en muchos momentos, y en múltiples modalidades. Y se proyectó -desde inicios del siglo XXI- en el accionar de las Brigadas Médicas Cubanas que hoy operan en el mundo llevando salud y vida a millones.

La defensa de los principios estuvo en el centro de las preocupaciones de Fidel de una manera constante y clara. Fue intransigente en la materia y puso toda la fuerza de su voluntad en la defensa de lo que bien podrían ser considerados los ideales supremos de la vida humana: la fortaleza en la lucha y la generosidad en la victoria; indicadores -ambos- de una personalidad bien integrada.

Esa política de principios lo llevo siempre a tomar partido por las causas más justas: la solidaridad con Vietnam; el apoyo a las luchas liberadoras en el Continente Negro;  el combate a la penetración imperialista en América Latina; la identificación con la bandera de la Paz; y el empeño constante por marcar a fuego el accionar guerrerista del gobierno norteamericano. En todo eso, fue imbatible.

la batalla de Ideas fue una herramienta decisiva en su mensaje hacia pueblos y gobiernos. No hubo evento internacional, citas de Mandatarios, conferencias en Universidades y en Centros Académicos, en discursos a las multitudes, entrevistas a los medios de comunicación y las personalidades de la cultura, el arte y la política; en las que no pusiera empeño en subrayar la decisiva importancia del mensaje. Sus palabras emergen hoy con la fuerza de siempre y se valoran de un modo creciente en los más diversos auditorios.

Como se recuerda, en su vida tumultuosa, fue objeto de numerosos atentados.  El enemigo lo acosó siempre y buscó destruirlo a cualquier precio. De todos los intentos salió victorioso, y empeñado siempre en perseverar en su identificación con las fuerzas más avanzadas del planeta.

Su deceso, hace apena cuatro años, conmocionó a millones de personas en todos los países. Y es que parafraseando a Alberto Hidalgo, podría decirse de Fidel con toda propiedad:

“La profesión que ejerció fue el entregarse.

Proporcionaba una amistad de higuera, daba alimento

y sombra.

Y por eso después de atacarlo la muerte se dio cuenta

de que había abatido no solamente a un hombre. sino

a un  árbol.”

Aún quedan sus raíces en la tierra”