A través de la experiencia de la militancia comunista y sus aportes para la elaboración de la vía chilena al socialismo, recorre la construcción permanente de un partido político.

Aníbal Pérez

Historiador

2020. “Forjando la vía chilena al socialismo. El Partido Comunista de Chile en la disputa por la democracia y los movimientos sociales” del Dr. Rolando Álvarez puede ser leído como una historia de los límites y alcances que implicó el pluralismo en la historia de la democracia en Chile. En este sentido, es una apuesta por comprender los márgenes o acantilados que contuvo la erróneamente llamada “excepcional” democracia chilena. A través de la experiencia de la militancia comunista y sus aportes para la elaboración de la vía chilena al socialismo, recorre la construcción permanente de un partido político.

En el libro existen diversas hipótesis argumentadas debidamente, con un sinnúmero de fuentes documentales: memorias de militantes, prensa y archivos. El trabajo historiográfico es impecable, desmitificador y de lectura rápida, lo que permite ampliar las franjas de lectores. A partir de lo anterior, pienso que es relevante resaltar dos aspectos que pueden tanto aumentar el interés en su lectura, así como entregar insumos para el debate.

En primer lugar, el texto se inscribe en un debate. En particular con las tesis originarias de la autodenominada renovación socialista, según las cuales la izquierda chilena debido a su raigambre marxista, habría tenido una relación meramente instrumental con la democracia. De esta manera, dirían dichos enfoques, recién a través del propio proceso de renovación durante la dictadura militar se incorporaría la valorización de la democracia, dejando atrás la experiencia sesentera del siglo XX. El texto de Álvarez refuta con creces esta afirmación. Adentrándose en el entramado de la militancia comunista -por cierto, no de toda la izquierda-, demuestra cómo la propia persecución sufrida por sus miles de militantes en al menos treinta años del siglo XX, repercutió en un uso y valorización de las libertades públicas, tales como: prensa, asociación, expresión, y por cierto, derechos sindicales y sociales. Ahí están las distintas organizaciones propiciadas por la militancia comunista para denunciar los abusos, persecución y torturas estatales de parte del gobierno de Gabriel González Videla, por nombrar alguno.

A través del libro, el autor nos demostrará que, en el caso del Partido Comunista, la valorización de la democracia no es un proceso que se dio entre “cuatro paredes” de parte de un grupo de “intelectuales iluminados”, sino más bien es el resultado de una experiencia histórica de persecución y exclusión. Es a través de esta experiencia que los comunistas chilenos ya a mediados de los cincuenta planteaban la vía pacífica al socialismo y la defensa de una democracia pluripartidista. Esto -sin fanfarrea y a través de su propia historia-, es el legado y aporte del PC para la vía chilena al socialismo.

Una segunda cuestión relevante, pasa por el ejercicio desmitificador del propio partido. Como se ha dicho en innumerables ocasiones, los partidos políticos no son estructuras dadas, mecánicas y permanentes. Por el contrario, se construyen, se amplían y restringen, se conflictúan y armonizan, incluso a veces se quiebran. En términos generales ha existido un mito muy presente en la cultura política chilena, según el cual el Partido Comunista sería un grupo conspirativo, infalible y letal. Baste con escuchar las recientes palabras de Carlos Larraín sobre la posibilidad de la candidatura de Jadue, para evidenciar cuanto miedo y vigencia tiene ese mito de para las elites dominantes. Sin embargo, tal y como lo muestra Álvarez, algo de ese mito también lo proyectó el propio PC en su historia, en términos de resolver los conflictos internamente, y mantener siempre una proyección de unidad “hacia fuera”. Eso ayudó a la militancia comunista para verse así misma y mostrarse a los demás como un partido ordenado, sin tendencias y con un “centralismo democrático” que no admitía fisuras. Con todo, el autor como buen historiador desmitifica, es decir demuestra con toda propiedad que el partido no nació ordenado, y que dicho orden no se dio por la naturaleza del “centralismo democrático”, sino más bien, se construyó permanentemente. Pero más aún, esa construcción no fue infalible, pues supo también de rupturas y tensiones. Gráficos son los ejemplos de las problemáticas de funcionamiento, como cuando la dirección nacional no puede imponer candidatos hacia los comités regionales. O en su defecto, la tendencia de militantes para participar en células territoriales más que de fábrica, dado el riesgo laboral que implicaban las últimas. O finalmente, los mecanismos que se pensaban para que no ocurriera una parlamentarización del partido con la incorporación al Comité Central de sus representantes legislativos.

Todos estos casos, nos muestran a un partido mucho menos arquetípico, pero más humano.

En resumen, pienso que diferentes aspectos reseñados en el libro de Álvarez pueden servir de insumos para el escenario nacional actual, donde campea el anti-partidismo y la personificación de la política. “Forjando la vía chilena al socialismo. El Partido Comunista de Chile en la disputa por la democracia y los movimientos sociales”, es un texto necesario y adecuado, pues aporta en la comprensión sobre cómo se ha experimentado la democracia en Chile.