La semana ha estado marcada por dos sucesos que evidencian en áreas diferentes dos ominosos rasgos de la sociedad chilena.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

 10/08/2020. Sin duda, la semana ha estado marcada por dos sucesos que evidencian en áreas diferentes dos ominosos rasgos de la sociedad chilena, frente a los cuales, quienes nos hacemos parte de un ideario transformador de la sociedad, no somos indiferentes y reaccionamos recogiendo nuestra tradición histórica pero actualizándola a las nuevas circunstancias. Nos estamos refiriendo a la reacción racista propia del fascismo, de sectores que buscan de esa manera invisibilizar el movimiento mapuche en el sur de Chile que en esta oportunidad exige un trato digno y justicia para sus presos políticos y, por otra parte, el femicidio de una modesta joven de Villa Alemana, Ámbar Cornejo,  a manos de un sujeto que ya tenía antecedentes previos.

El femicidio es la forma más brutal y extrema en que se expresa la violencia hacia la mujer, no la única. En un documento reciente del PC de Chile, producto del último Pleno del Comité Central, se señala: “La lucha por los derechos de las mujeres tiene un carácter histórico que pone en cuestión el ordenamiento social, político, económico, cultural y simbólico llamado patriarcado, que genera y perpetúa sistemas de dominación y opresión de género…estas luchas, que han fortalecido su presencia en los últimos años, son de carácter social y político y ponen en evidencia la contradicción actual entre democracia plena y patriarcado…debemos relevar mucho más nuestro compromiso con las demandas de género, así como incorporar con más fuerza las ideas centrales de los derechos de la mujer en nuestra propia organización”.

Cada uno de los femicidios connota la responsabilidad del Estado de Chile al no garantizar los derechos de las mujeres, partiendo por el básico, el derecho a la vida. Tampoco en estos casos es posible evitar el surgimiento de un oportunismo ramplón, que busca obtener dividendos espurios apelando a los legítimos derechos de las mujeres. En este caso, las declaraciones de la subsecretaria de la niñez, Carol Brown, la cual de esta desgracia busca concluir que los jueces deben tener una ideología única (la suya obviamente) y fallar supeditados a otro poder (su añoranza de la dictadura).

La muerte en extrañas circunstancias de dos mujeres mapuches en su comunidad de Ercilla, obliga a una investigación profunda que despeje cualquier duda. La primera clasificación de suicidio que se hace del caso de Iris Rosales y su hija adolescente de 17 años, ambas activas integrantes de la resistencia del pueblo mapuche,  recuerda la situación de Macarena Valdés, ocurrida hace algunos años atrás y aún no plenamente clarificada. La cruda imagen de civiles armados de fierros y palos, protegidos por carabineros, frente a la Municipalidad de Curacautín, infectados de racismo, cantando “el que no salta es mapuche”, obliga a ser acucioso en la investigación de este caso. Más aun teniendo presente expresiones racistas similares en Victoria, Traiguén, Collipulli y Ercilla y la declaración de un grupo de organizaciones empresariales, donde dicen con soberbia “exigimos por última vez a todos los poderes del Estado” responder a su diagnóstico burdo y estólido que “el terrorismo existente no permite trabajar ni vivir en paz”, asociando el movimiento mapuche a terrorismo y al parecer, auto asignándose la misión de combatirlo.

Alberto Curamil, dirigente mapuche, al término del txawum realizado este domingo 9 de agosto en Curacautín y ante incidentes, expresó a sus hermanos: “Es importante no confundir a nuestro enemigo, sabemos dónde tenemos que pelear, dónde dar la lucha…hay territorio usurpado, están las empresas forestales…pero acá en Curacautín también hay pobres…nos quieren hacer pelear entre nosotros como pobres, pero no vamos a caer en eso…porque el racismo lo vienen creando las empresas forestales y el gobierno”.

La búsqueda de una solución política, racional y nacional al conflicto del pueblo mapuche, así como garantizar derechos plenos a la mujer, encuentran obstáculos por las rigideces de la actual Constitución, impuesta por la dictadura. El 25 de agosto comienza formalmente la campaña de un plebiscito que consulta sobre si se desea cambiar la Constitución y luego, la forma de hacerlo. Es, sin duda, deseable una coordinación de los cuatro comandos existentes en la oposición para enfrentar este desafío. Porque se debe considerar que la derecha extrema desde sus posiciones de gobierno y alineando a sus partidos, seguirá haciendo esfuerzos subrepticios por impedirlo o disminuirlo, tal como buscará en la opción rechazo un piso mínimo para mantener sus granjerías, o como busca suspender la elección de gobernadores (avance mínimo pero necesario para la descentralización de la administración estatal), de la misma forma que propugna la reducción de parlamentarios como una manera encubierta de volver al binominal. Sin duda, si fueron estas las preocupaciones presentes en la cita DC-Frente Amplio hay un paso adelantado en la futura coordinación opositora. Y siendo contributivos a todos los esfuerzos por derrotar las pretensiones de esta derecha radicalizada en todas las dimensiones en las cuales se exprese, la confianza plena está en que la movilización popular que está permitiendo abrir puertas para democratizar nuestro país.