Necesitamos que el ser humano  sea el foco principal de un nuevo orden social, más progresista y culturalmente sólido.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

07/08/2020. En este tiempo de pandemia, tan difícil y difuso, nos vemos inmersos en una sociedad moralmente convulsionada. El Hombre, como ente rector de esta sociedad supuestamente organizada, se ha visto sobrepasado por una indolencia rayana en lo escatológico que le conduce, irremediablemente, a un estropicio moral de consecuencias imprevisibles. Esta época henchida de valores difuntos está permitiendo la estructuración de un mundo casi amoral. Todo el progreso alcanzado, científico y tecnológico,  se despedaza cuando vemos los horrores de tantas guerras e inseguridades personales en Oriente Medio, con tanta pobreza, tanta desigualdad, tanto racismo, tanta carencia de empatía emocional, tanta irresponsabilidad sanitaria. Instituciones religiosas y laicas, que básicamente deberían ser escuelas de moralidad, se han convertido en corporaciones héticas y contradictorias en su quehacer espiritual e intelectual. En consecuencia, no se puede aceptar que todavía reine la inequidad y la injusticia. Vemos con desazón la persistencia casi endémica de asesinatos y persecuciones provocados por el fanatismo religioso y político que está impidiendo el  necesario desarrollo eufónico, simplemente porque la humanidad existe sumergida en un sistema sin soporte moral. Este extraño tiempo ha reafirmado la ausencia de una convivencia moral y de una decencia política, tiempo donde sólo se observa una total prescindencia de conciencia y solidaridad. Necesitamos que el ser humano  sea el foco principal de un nuevo orden social, más progresista y culturalmente sólido. Todos los actos deshonestos y corruptivos sólo demuestran la desidia moral del Hombre contemporáneo, cuyo actuar es producto de una inclemente deshumanización. Hay una realidad de valores alterados y dogmáticos que han impedido entender el real significado de un Humanismo prístino que, por el momento, es muy difícil revertir. No se puede continuar caminando por esta ruta pedregosa, pues continuaría esta tremenda barbarie cultural. La humanidad se está hundiendo en el marasmo de la inmoralidad, donde el poder del dinero ha capturado la mediocre mentalidad del Hombre actual, presumiblemente pensante, avalado  por mecanismos económicos abyectos, quien tiene como única meta proteger intereses personales y subrepticios. La política moderna debe materializar con gran esfuerzo y pragmatismo la construcción de un  Estado fuerte,  orientado a implementar una sólida idea de justicia y respeto a los derechos humanos, pues todos queremos una humanidad relevante, tolerante y adherente a una visión futurista y trascendente.  El tiempo de la post pandemia será complicado, desarticulado  e intranquilo en lo político y social. Para revertir esa situación caótica e incierta se deberá articular una inalterable moral y una nueva alternativa política, estructurando otra sociedad, finalmente estable y equilibrada.