Piñera compartió el mando. La incidencia de desordenados. Mandatario acabado.

Equipo ES. 31/07/2020. Piñera compartió el mando

Un columnista señaló que se había terminado el piñerismo, en alusión a que con el cambio de gabinete ministerial y, sobre todo, del comité político de La Moneda, entraron representantes de la derecha dura y doctrinaria, históricos en la conducción y funcionamiento de sus partidos, con fuertes lazos en su sector y con vínculos hacia el mundo empresarial y financiero. Ya no era un gobierno propiamente piñerista.

Lo cierto es que más allá de figuras puntuales y sus características, Sebastián Piñera tuvo que compartir el poder de La Moneda y lo hizo dando espacio decisivo a los partidos de su conglomerado Chile Vamos. Finalmente la medida destinada a superar la crisis del gobierno y de la derecha radicó, para los representantes del oficialismo, en otorgar más gravitación a las colectividades y, desde ellas, a las representaciones más doctrinarias, conservadoras y comprometidas con el proyecto país del conservadurismo y el neoliberalismo.

Esas no son solo consideraciones retóricas. Es claro que el comité político hará todo por afianzar un camino donde la dosis de autoritarismo (leído por ellos como autoridad), defensa del mercado, ordenamiento en los partidos de la derecha y sus bancadas parlamentarias, y lo que llaman “manejo eficiente” de la crisis sanitaria y económica.

Es altamente probable que se afianzarán “principios rectores” para enfrentar la baja del desempleo y la caída de la economía, la crisis social, los efectos de la pandemia del Covid-19, el proceso plebiscitario, los proyectos legislativos y, a finales de este año, el inicio de la carrera electoral municipal.

En ese marco se puede esperar un contra ataque del gobierno y de los partidos de la derecha no sólo para sortear su crisis interna y externa, sino para posicionar mejor en los escenarios que vienen.

La incidencia de desordenados

Está por verse, ciertamente, si el cambio ministerial con el reforzamiento de la presencia de los partidos de derecha, trae verdaderamente una nueva agenda o si será la misma pero impuesta con mayor fuerza desde el gobierno.

También habrá que ver hasta donde podrá llegar el intento de reordenar a las colectividades y a las y los parlamentarios del oficialismo.

Un factor es la incidencia que podrán tener o seguir teniendo los desordenados del sector. No es que estén abiertamente por transformaciones profundas del modelo neoliberal, la institucionalidad vigente o asumiendo posturas realmente progresistas. Pero están difiriendo de la estrategia y de las medidas puntuales.

Es así que será algo más que una espina en el zapato la actuación del alcalde de Las Condes y militante destacado de la UDI, Joaquín Lavín, la del senador y tácito candidato presidencial, Manuel José Ossandón, miembro de RN, y de dirigentes y legisladores de RN que anunciaron seguir el camino de la “derecha social” y menos doctrinaria.

Hay puntos como que Lavín, hasta ahora, está por el Apruebo nueva Constitución, cuando asumió un comité político de La Moneda comprometido con el Rechazo. En tanto Ossandón persiste en criticar públicamente las medidas del gobierno y dice que lo importante no es el cambio de ministros sino de agenda.

En eso hay un nudo, ya que se trata de los personeros mejor posicionados -en el campo de la derecha- en la carrera presidencial, y que seguirá apareciendo, con matices, como detractores o distanciados de Piñera, de La Moneda y de las directivas de sus partidos.

Es otro punto en que existe incertidumbre y donde el dibujo del escenario no está terminado, ni siquiera con la modificación ministerial.

Mandatario acabado

En un análisis publicado en ElSiglo.cl se señaló que no se podía cambiar a Sebastián Piñera. Pero si esa posibilidad existiera, la derecha lo habría sacado. Si en Chile existiera la revocación del mandato, vía consulta ciudadana, Piñera ya no sería Presidente de la República. De eso dan cuenta todas las encuestas, la mayoría de los análisis, los hechos concretos y los cuestionamientos precisos a la gestión presidencial hecha por parlamentarios, analistas, dirigentes sociales y políticos, académicos, cientistas sociales, miembros de las directivas de partidos oficialistas y hasta dentro de los gremios empresariales.

Hay una coincidencia en cuanto a que el mandatario lleva tiempo sin una agenda consistente (tan es así que intentará revertir aquello en la Cuenta Pública de hoy), sin liderazgo nacional y en su sector, con una credibilidad muy desgastada, cometiendo errores no forzados y torpezas comunicacionales de largo alcance, perdiendo batallas políticas y legislativas de importante consecuencia, teniendo que cambiar ministros cada par de meses y sin dominio de escena.

La entrada de Víctor Pérez, un hombre de “Los Coroneles” de la UDI, duro y doctrinario, que nunca tuvo complejos para chocar con RN, y de Andrés Allamand, actual vocero del conservadurismo, antiguo jefe de la Patrulla Juvenil que comandó en RN y de la que fue parte Piñera, serán más que colaboradores, una sombra sobre el mandatario, con enorme influencia en las decisiones que se tomen.

Si el jefe del Ejecutivo estuvo un par de días conversando con integrantes de la directivas de RN y la UDI para definir los ministros y el comité político de La Moneda, ahora seguramente estará semana tras semana tendiendo lazos para coordinar las acciones de gobierno, en consulta permanente con los partidos base de Chile Vamos. No gobernará solo, ni a su antojo, ni con el equipo ideal para él.

La incidencia política de Sebastián Piñera es baja. Está debilitado en sus capacidades de gestor de gobierno. Depende de su sector y de personajes duros de la derecha.

Junto a eso, en estas semanas, sobre todo con la pérdida de la guerra por el retiro del 10% desde las AFP, el mandatario vio deteriorada las confianzas y los vínculos con los representantes de los gremios empresariales y los directivos de los consorcios financieros. Le atribuyen incapacidad y malas estrategias en el diseño de las ayudas a la población, y una deficiente actuación en todo lo que fue el proceso de discusión y votación de la reforma constitucional por el 10%.

Hay diferenciaciones respecto a medidas económicas, mecanismos de recuperación de inversión y de empleo, aunque se valora la protección que está haciendo del gran capital y de las grandes empresas. Pero políticamente hay dudas y nerviosismo de parte del sector privado y financiero respecto a la actual figura presidencial.

En definitiva, no sería del todo aventurado sostener que Piñera tiene un alto cuestionamiento como estadista y como mandatario capaz de conducir al país en las actuales circunstancias.