La repetición de ciertas ficciones no está dando los resultados esperados por la industria televisiva.

José Luis Córdova

Periodista

28/07/2020. La gente parecía acostumbrada a seguir la corriente, aceptar abusos, engaños o a conformarse con decisiones equivocadas que tomaban entes externos, el gobierno y otras autoridades. Pero en el caso de la industria televisiva todo indica que la situación de hoy en día es diferente.

La teleaudiencia -quiérase o no- impone favoritismos, popularidad, “famas efímeras” y no acepta fácilmente imposiciones ni medidas inconsultas o resultados de supuestas encuestas o focus groups realizados por agencias de publicidad o productoras audivisuales.

Así las cosas, como resultado de la actual pandemia sanitaria y en circunstancias de que los televidentes parecen un público cautivo obligado a ver lo que se les ofrece, los canales habían optado prácticamente desde marzo pasado suspender grabaciones, terminar de realizar producciones dramáticas, cerrar áreas artísticas y no encontraron nada mejor que repetir ciertas teleseries consideradas “sandías caladas”.

Pero la repetición de ciertas ficciones no está dando los resultados esperados por la industria televisiva. “La chúcara” (TVN), “Verdades ocultas”, “Pobre gallo”, “Pituca sin lucas” (Mega), “Soltera otra vez” (Canal 13), “Señores papis”, “Perdona nuestros pecados”, “Amanda”, “Eres mi tesoro”, “Brujas” y “Aquelarre”, “Papá a la deriva”, “Pacto de sangre”, series que lograron récords de audiencia en el pasado, desde 2012, 2014 hasta fechas más recientes se encontraron con un público distinto.

El problema no es cambio en el horario de exhibición ni la sobreexposición que afectaría a algunos de los actores y actrices más destacados de nuestra escena nacional, sino que definitivamente la gente está y quiere otras cosas a estas alturas.

Se ha dicho que Chile cambió, que despertó, que no es el mismo que teníamos hasta al 18 de octubre del año recién pasado. Todo indica que el estallido social no era sólo por los 30 pesos de alza en el Metro, sino por 30 años de abusos, corrupción, demandas no satisfechas, compromisos no cumplidos, es decir, una insatisfacción generalizada que alcanza con fuerza al sistema medial chileno. No solo la pantalla chica, sino también la prensa y la radio.

Las violaciones a los derechos humanos, la represión desatada contra los manifestantes, las mutilaciones, malos tratos, abusos de carácter sexual y otros comportamientos de la policía civil y uniformada incrementaron el nivel de enfrentamiento con la cruda realidad, apartándola de una ficción que se mostraba como posible, alcanzable, entre los sueños de las grandes mayorías.

El individualismo, el consumismo, la competitividad -elementos esenciales del modelo socioeconómico, político y cultural- impuestos desde la dictadura de Pinochet y continuado por decisión de los sucesivos gobiernos de la Concertación, colmaron la paciencia de la ciudadanía.

Los temas de género, el feminismo, la no discriminación y la inequidad se convirtieron no sólo en demandas en las calles sino dieron pábulo al despertar de conciencia y la voluntad de millones que ya no aparecen dispuestos a “comulgar con ruedas de careta”, como se dice vulgarmente.

Aquí no se trata de excesos intelectuales, de una cultura circunscrita a la muestra de paisajes y gastronomía o arquitectura al estilo de Federico Sánchez, Cristian Warken, Alipio Vera, Francisco Saavedra y otros, sino de la exigencia de miradas más profundas e identitarias con la realidad ciudadana de hoy.

“Soltera otra vez” podría identificar sólo a chicas de 30 años del grupo socioeconómico ABC1, “La chúcara” de la época del latifundio y “Perdona nuestros pecados” a los años 30 del siglo pasado, relatos alejados histórica o sociológicamente de la gran mayoría de nuestra población. La teleaudiencia parece más propensa a ver y escuchar relatos como “Los 80”, “Ecos del desierto” y tal vez “Helga y Flora”, en mejores horarios, excelente factura y cercanía con la cruda realidad actual.

Así como ha variado sustancialmente la percepción del humor, también del drama. No es posible hoy hacer reír a costa de obesos, gays, baldados y otros con capacidades diferentes, tampoco hacer llorar fácilmente con muestras de “vulnerabilidades”, con madres soltera, hijos encarcelados, no videntes y otros personajes que han asumido trascendencia e importancia más allá de lo imaginable en el pasado reciente.

Los dramaturgos actuales deberán asumir esta nueva realidad y tomar mejores decisiones para incursionar exitosamente en la ficción televisiva. Repetir, reiterar, insistir en lo que cansó al público no es una de ellas. Hasta ahora, nada nuevo.