El viernes firmó en silencio la promulgación de la Ley. Sin alardes, sin discursos, sin prensa. Digamos, en resumen, que se trató de la reacción infantil de un picao.  

Miguel Lawner. Arquitecto. 26/07/2020. Piñera nos ha abrumado con sus comparecencias diarias en la televisión, a veces dos por días, efectuadas en uno de los patios de La Moneda, con un escenario preparado cuidadosamente, siempre rodeado por algunos de sus ministros, a veces acompañado por Cecilia, todos enmascarados. Uno de sus edecanes acomoda una mesa y un micrófono, depositando cuidadosamente la carpeta conteniendo el proyecto de Ley que firmará Su Excelencia.

Piñera explica las virtudes de dicho proyecto, destinado a prestar ayuda a los sectores más vulnerables y la clase media. No menciona la letra chica, que implica endeudamientos adicionales, a los innumerables que tienen acogotadas a millones de familias chilenas, sobreviviendo gracias a las benditas tarjetas de crédito, otorgadas generosamente por los grandes centros comerciales. Concluye siempre invocando la más amplia unidad nacional para enfrentar la grave crisis sanitaria que afecta al país.

Concluye sus palabras y procede a firmar el proyecto de Ley. Extrae un plumón y firma el texto con su mano izquierda. Lo hace vigorosamente, con energía, al mejor estilo Donald Trump y exhibe la carpeta abierta a los periodistas presentes, quienes pueden advertir el tamaño desmesurado de la firma.

Así ha sido todos los últimos 120 días, hasta que el jueves pasado se le desmoronó el piso. La mitad de sus parlamentarios le dieron la espalda y votaron en favor del proyecto que permitirá a todos los imponentes de las AFP, retirar el 10% de sus fondos depositados en dichas instituciones.

No hubo manera de domesticar a su rebaño. Conscientes del hambre real que afecta a millones de chilenos, sobreviviendo con ollas comunes instaladas a lo largo de todo el país, gran parte de sus parlamentarios se unieron a la oposición, haciendo oídos sordos a las intervenciones de los Ministros advirtiendo respecto a los efectos catastróficos del proyecto.

¾ de los diputados lo aprobaron. La ciudadanía hizo oír su voz potente, a pesar de estar recluida en casa. El concierto de ollas la noche previa, fue la más imponente sinfonía jamás interpretada antes en Chile. Fue la culminación de una campaña obstinada del movimiento No+AFP y de Centros de Estudio como CENDA, explicando una y otra vez, durante años, la estafa del sistema previsional chileno.

Piñera no pudo oponerse a esta ola arrasadora. Anunció que promulgaría la Ley al día siguiente.

Así fue. El viernes, bajó a las cloacas de La Moneda junto a dos de sus Ministros y allí firmó en silencio la promulgación de la Ley. Lo hizo, con letra chica y haciendo uso de un lápiz BIC. Sin alardes, sin discursos, sin prensa. Digamos, en resumen, que se trató de la reacción infantil de un picao.

Se farreó la oportunidad de haber recuperado algo de su popularidad. Debió organizar una reunión virtual de gran amplitud, ratificando la Unidad Nacional que tanto pregona. Invitando a parlamentarios de todos los colores: desde la UDI al PC. Invitando a los Alcaldes, a representantes de las AFP, de los gremios, de los Colegios Profesionales, de las organizaciones femeninas, estudiantiles y representantes de las ollas comunes. Invitando a la Orquesta Sinfónica Nacional para cerrar la ceremonia con el Himno Nacional, coreado a lo largo de todo Chile.

Su soberbia y su voluntad de no herir a las AFP, corazón del modelo económico que nos rige, pudo más que el sentido republicano de escuchar la voz del pueblo.

Hoy, como si en Chile no hubiera pasado nada en las últimas 48 horas, repitió el ceremonial de suscribir en el patio de La Moneda, el proyecto de Ley que incrementa las penas a quienes atentan contra el Cuerpo de Bomberos. Es un proyecto justo y necesario, pero, caramba…no tiene remedio. Mostró la hilacha.