Testimonio de Ana Millacaris, presidenta CUT Chacabuco y Coordinadora de Olla Común de Organizaciones Sociales de Quilicura. “Debemos seguir organizados y unidos”.

Karen Medina. Periodista. 26/07/2020. Desde que se declaró la pandemia y con ello los efectos socioeconómicos en cientos de miles de familias a lo largo de todo el país, aparecieron -después de cuatro décadas- las ollas comunes. Tan urgentes como en la dictadura hoy son un espacio para el aporte voluntario de las organizaciones sociales y un alivio para las y los jefes de hogar que -junto a sus familias- pueden resolver una necesidad básica como es el derecho a la alimentación.

En esa primera línea del trabajo voluntario en Quilicura ha estado la dirigente sindical Ana Millacaris, presidenta de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) Provincia de Chacabuco, y presidenta del Sindicato de Trabajadoras Manipuladoras de Alimentos  “Empresa Saludable y Nutritiva”. La Olla Común de Organizaciones Sociales de Quilicura cumplió tres meses de entrega diaria de raciones de alimentos a casi setecientas personas, destacando el trabajo en equipo y la acción solidaria.

Desde tu rol como dirigente sindical, ¿qué efectos crees que tuvo la mal llamada “ley de protección al empleo”?

Ya en las primeras semanas vimos como se venía el desempleo producto de la mal llamada Ley de Protección al Empleo, que de protección al empleo no tiene nada. Todo lo contrario, los trabajadores han quedado en la indefensión total con este gobierno y sus medidas, que lo único que han hecho es proteger al empresariado. Hoy cumplimos tres meses con nuestra olla común, ha sido un trabajo de lunes a lunes, partimos con cien raciones para las personas con situación de calle. Con la cesantía fuimos aumentando y hoy estamos llegando casi a las setecientas raciones, porque el gobierno ha hecho que los trabajadores paguen esta crisis con miles de cesantes, y la gente que creyó recibió el seguro de cesantía ya se está quedando corta sin ese monto. Y ahora vienen más despidos y para enfrentar esta crisis nuestra decisión ha sido amparar al trabajador y a su familia, con un derecho básico que hemos querido asegurar, que es el de la alimentación.

¿Cómo se conforma la Olla Común de Organizaciones Sociales?

Ya llevamos tres meses. Aquí nos hemos organizado diversas organizaciones sociales de Quilicura haciendo juntos este trabajo solidario y en equipo. Aquí son parte, Fundación Mi Casa, Dejando Huella, el Sindicato de Manipuladoras, la CUT Chacabuco, y la Constramet que nos pasa su espacio e infraestructura. Todas las organizaciones nos dividimos las labores. Algunos colaboran en conseguir donaciones, el sindicato de manipuladoras se hace cargo del turno de la cocina, con otras vecinas voluntarias. Otro equipo está en la ruta, donde nos apoyan mucho algunos concejales de la comuna. Quiero destacar el apoyo del municipio y en especial el de Juan Carrasco, el alcalde de Quilicura, una persona con gran conciencia social que ha estado presente desde el día uno ante esta crisis sanitaria, y dándonos su respaldo a la Olla Común. Incluso se sumó su esposa, quien es parte del trabajo voluntario y viene a cocinar algunos días de la semana, consiguiendo apoyo y mercaderías.

¿Cómo ha sido la jornada estos meses para el equipo de la Olla Común?

Desde las 7 de la mañana ya estoy en pie para preparar el almuerzo de cada día, y organizar la  extensa ruta que tenemos, porque repartimos acá y también en la comuna que dividimos en cuatro puntos, y nos organizamos en función de los vehículos que tenemos a disposición. A las doce horas salimos a ruta, generalmente con tres vehículos repartimos las cuatro rutas, terminando en la tarde. Después de la ruta, nos dedicamos a la jornada de buscar apoyo y colaboraciones. El día antes dejamos avanzado algo, procesando los alimentos. A primera hora se prenden los fondos, se prepara el pino de la comida. Además de limpiar la sede y sanitizar el espacio todos los días después de cocinar. Nos estamos cuidando harto, sabemos que estamos cumpliendo una función muy importante y no nos podemos enfermar (de Covid-19). Ninguno de nosotros se ha enfermado, tomamos todas las medidas necesarias para prevenir, de autocuidado. Después de la ruta hay que resolver la programación del día siguiente, lo que nos pueda estar faltando. La jornada se extiende hasta tarde.

¿Cómo has visto esta crisis en las familias cesantes?

No solo creemos que hay que entregar un plato de comida, estamos trabajando en un testeo de cómo está viviendo esta crisis, como se expresa en las calles lo que por décadas hemos venido denunciando, que la desigualdad que existe en este país es aberrante. Quedó en evidencia que no todos los niños pueden tener clases on line porque no todos pueden acceder a Internet. Estamos tratando de dar un apoyo más que comida diaria, nos estamos coordinando con el municipio, organizados en alianza, se envían los casos sociales más complejos para que las familias puedan tener más cercana la ayuda social del municipio.

Estamos haciendo un trabajo súper integral en la olla común y nos encontramos casos donde creemos que tenemos que colaborar más. Por ejemplo, viendo el caso de una familia discapacitada, de tres integrantes, la señora en silla de ruedas, con una tremenda hernia, con dos hijas discapacitadas también, de 15 y 21 años. A esa familia la hemos asistido comunicando al municipio sus necesidades, contactando con la asistente social del municipio para mejorar las condiciones de la familia que vivía en desamparo, de alimentos solo tomaban tecito. Hemos hecho un trabajo dedicado, mejorarles la casa porque se les llovía,  les conseguimos un refrigerador.

En lo personal, ¿qué ha significado para ti este tiempo de dedicación frente a esta crisis?

Por el cuidado que debo tener visito poco a mi familia, casi no la veo. Me da mucho miedo contagiarlos y por lo mismo nos vemos muy poco, porque estoy todo el día expuesta al contacto con gente y me puede contagiar. El trabajo que hago lo conocen, están conscientes, pero  están conmigo, me apoyan. Uno de mis hijos incluso ha salido conmigo en la ruta, y me gusta que  participe. Esta crisis vino a demostrar la realidad, un trabajador sin un mes de sueldo queda en absoluto desamparo con todas las deudas que tiene, la verdad de cómo está la gente, que compraba con tarjetas de crédito hasta para comer. Este sistema egoísta, que abusa de los trabajadores y solo favorece a una clase, ha quedado claro. Las tarjetas de crédito nos hacían creer que estábamos bien, pero hoy vemos que este sistema no sirve.

¿Qué desafío tiene el sindicalismo esta fase de crisis?

La CUT Chacabuco también ha estado en la gestión de otras ollas comunes de la provincia, funcionando en Colina y Lampa, además de Quilicura. Quiero destacar a mi sindicato, me siento muy orgullosa de la conciencia de clase y solidaridad de mis compañeras. Las chiquillas han sido fundamentales en la labor de cocina de ésta y otros comedores. Ya llevamos tres meses de este trabajo voluntario acá, pero en el territorio también estamos como sindicato apoyando en la olla común en Villa El Sauce, en Parinacota y en el condominio Tierra del Fuego en Rigoberto jara, todos los días cocinando.

Esta crisis viene para largo y vamos a estar atentos y organizados, hoy solidariamente. Hay mucha gente que está pasando hambre, desolada en sus casas con esta cuarentena, con problemas de violencia intrafamiliar dentro de muchos hogares, son tremendas las consecuencias de esta pandemia y este gobierno no ha sido capaz de dar respuesta, y el pueblo está pagando las consecuencias. No sé cómo vamos a salir de esto, el daño ha sido laboral y sicológico y como en décadas no se había visto, con miles de familias que no tienen ni para comer. Nuestro rol como CUT es estar con los trabajadores, aunque estén cesantes y organizarnos para poder ir enfrentando todo lo que se nos viene. Y veo que el pueblo está tomando conciencia, hay un despertar, por un país más justo, trabajo digno y la nueva Constitución. Porque ese es el próximo desafío y la gran lección es terminar con este sistema tan desigual.