Excelsos desarrollos en las esferas de las artes, ciencia, cultura, deportes, educación, investigación y salud, son factores coadyuvantes y de un fuerte sostenimiento.

 Jorge Vera Castillo

Analista

 Santiago. 26/07/2020. Tradición revolucionaria cubana, regional y mundial ha sido conmemorar y recordar la audaz, heroica y rebelde gesta del día domingo 26 de julio de 1953, intentada y llevada adelante en Santiago de Cuba, con el Asalto a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en que 160 combatientes armados, encabezados por el joven abogado Fidel Castro Ruz, no lograron ese objetivo estratégico, y previsto, para, así, poder avanzar al derrocamiento de la dictadura criminal de Fulgencio Batista Zaldívar que, había asumido nuevamente el poder el 10 de marzo de 1952, a través de un golpe de estado, con el consabido apoyo norteamericano.

En la especificidad del Asalto al Cuartel Moncada, es dable destacar, y jamás nunca olvidar de mencionar, la participación, como combatientes de dos grandes heroínas: Haydée Santamaría Cuadrado (“Yeyé”) y Melba Hernández Rodríguez del Rey, las que, después, serían muy activas, consecuentes, destacadas y notables revolucionarias, en sus relevantes funciones, en distintas esferas, hasta el día de sus respectivas partidas, el 28 de julio de 1980 y el 9 de marzo de 2014.

Ciertamente, se trata de una efeméride, la cual no debiera ser olvidada, desde todo punto de vista revolucionario, estratégico y político. Con su resultado de 48 muertos y 29 heridos entre humildes cubanos del pueblo, más la muerte de 8 rebeldes y de 61 revolucionarios que, hechos prisioneros, fueron torturados y ejecutados por esbirros de la dictadura, esta fue trágica en la acción, pero aleccionadora en su proyección, para el temple de todos los cubanos y las cubanas que, decidieron continuar germinando, luchando y sembrando, hasta alcanzar la victoria de la Revolución Cubana, desde el 1° de enero de 1959, antes de seis años después.

La centralidad del recuerdo, precisado anteriormente, no debe hacer olvidar que, en forma planificada y simultánea, se trataba de la toma del Hospital Saturnino Lora, encabezados por Abel Santamaría Cuadrado, y de la toma del Palacio de Justicia, comandados por Raúl Castro Ruz, en la región oriental del país. Prisionero en la Isla de Pinos, el hoy General de Ejército, escribiría, en su diario personal, recordando la víspera de ese día 26 de julio de 1953: “Nada dormimos en el viaje, el alba de aquel sábado caluroso se presentaba con esa tranquilidad que precede a los grandes acontecimientos. (En realidad era un amanecer como cualquier, pero a mí, se me ocurrió pensar que ese era diferente)”. Su prudencia reflexiva ya afloraba. Pero, Abel Santamaría Cuadrado, prisionero, fue torturado y asesinado en aquel mismo día trascendente.

Creo que, una visión retrospectiva, debe comprender y situar toda la fuerza y la simbología de aquella gesta heroica, de ese 26 de julio, como un anticipatorio  esfuerzo descolonizador, para salir al paso y contrariar, así, la historia cubana, inserta, primero en una colonización española, hasta 1898, y, posteriormente, ya en pleno siglo XX, en una colonización norteamericana. La rebeldía por la autodeterminación, la independencia y soberanía se instauraría en ese día de 1953. El Comandante Fidel Castro Ruz lo sintetizó, en años posteriores, de manera irrevocable: “Primero se hundirá esta Isla en el mar, antes que consistamos en ser esclavos de nadie”.

Ahora, situados en este acuciante e inédito año 2020, desde un nuevo domingo 26 de julio, debemos visualizar las fortalezas y las perspectivas de la Revolución Cubana que, agredida, amenazada, bloqueada, hostigada y sancionada, casi semanalmente, sin pausas y con prisas, por el imperialismo norteamericano, sigue aún invicta, siempre con el recuerdo indoblegable de aquellos y aquellas combatientes del 1953, enfrentando consecuencias y singularidades.

La actual correlación de fuerzas, en la arena internacional y regional, podría parecer no ser favorable para la Revolución Cubana, más allá que continúe recibiendo solidaridades de los más diversos colectivos, movimientos, países, partidos y pueblos, en cinco continentes, en medio de una batalla mediática desigual. Así, sus más encarnizados detractores ya visualizan escenarios, para una tan buscada derrota. Caen en apresurados autoengaños, muy dañinos en Política Exterior, ya sea en las relaciones bilaterales como en las instancias multilaterales.

Las fortalezas de la Revolución Cubana, en su condición estratégica de Isla, la  mayor de las Antillas, se apoyan y sustentan, además, en su continuidad, dignidad, internacionalismo, liderazgo, Partido, Pueblo, soberanía y verdad. Excelsos desarrollos en las esferas de las artes, ciencia, cultura, deportes, educación, investigación y salud, son factores coadyuvantes y de un fuerte sostenimiento, aun con limitaciones y restricciones, agudizadas por algunos desastres naturales, por unos períodos especiales y/o estos pandémicos actuales. Pero, ningún análisis debiera excluir, las consecuencias cotidianas dramáticas, de ese criminal bloqueo económico, comercial y  financiero impuesto por EE.UU. de Norteamérica, enfatizadas ahora, por la cruel, despiadada, implacable e inhumana injerencia de la Administración de Donald J. Trump que, demuestra ignorar la historia del pueblo cubano, así como las de otros pueblos de la región.

En contraste, con el actual mundo competitivo, desequilibrado, dividido, injusto, insolidario y tramposo, destaca, ética y humanitariamente, la ejemplaridad de más de 28 Brigadas Médicas Cubanas del Contingente “Henry Reeve” que, en este 2020, han llevado salud y vida a millones de seres humanos, ante la pandemia por Covid-19, arriesgando sus propias existencias, como personas y familias, pero, constituyéndose, en otra fortaleza vital para la Revolución Cubana. Considerando esas heroicas labores médica y sanitaria, como una contribución a la Paz, surgen diversas iniciativas para postularlas a ese Premio Nobel. Y, ahora, la demanda para la asistencia y colaboración de estas brigadas médicas cubanas se ha incrementado, desde varios países, sin fronteras ideológicas. A la vez, Cuba está con sus estrictas y planificadas fases de recuperación, tras la afectación y el impacto de la Covid-19, con aplicación provincial territorial. Lo anterior, sumado a una Estrategia Económico-Social para impulsar la economía, en condiciones de crisis, y en que, la soberanía alimentaria y nutricional pasará a ser una de sus claves cardinales.

Las perspectivas de la Revolución Cubana se apoyan, además, en las alianzas estratégicas que su Política Exterior, a través del Minrex, ha venido construyendo, en algunos casos, desde los años sesenta del siglo XX, y en su ampliación, desarrollo, diversificación e implementación, en  las dos primeras décadas de este siglo XXI. Principales aliados estratégicos son dos potencias mundiales, y Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas -la Federación de Rusia y la República Popular China-. Además, de integrantes del Movimiento de Países No Alineados que, incluye potencias regionales y subregionales. Y, la gran mayoría de los miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que, desarrollan fluidas relaciones diplomáticas y consulares con la República de Cuba. La Comunidad del Caribe (CARICOM) mantiene gran amistad e intercambios con la Revolución Cubana. Los integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) son leales aliados y compañeros del pueblo cubano y su nuevo liderazgo.

El aporte de Cuba es muy reconocido en la ONU, su Asamblea General y su Consejo Económico y Social (ECOSOC). En la UNCTAD, la UNESCO, la FAO, la CEPAL y la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre otros de sus órganos, agencias especializadas y organismos internacionales, se valora la constante contribución cubana a un mejor, necesario y renovado multilateralismo.

La Revolución Cubana, en rebeldía, se proyecta luchando, sin olvidar su germen un 26 de Julio.