Chile vive un estado de severos desequilibrios que alcanzan hasta el nivel mental de la población. Suman millones los seres humanos en condiciones de incertidumbre.

 Carlos Poblete Ávila

Profesor de Estado

24/07/2020. Hasta que la dignidad sea una realidad de siempre. La condición previa es la toma de conciencia hasta la radicalidad y, luego, entonces echar andar como grandes masas organizadas para aventar el imperante sistema ideológico, político y económico que se llama capitalismo en su actual extrema fase de neoliberalismo.

Chile vive un estado de severos desequilibrios que alcanzan hasta el nivel mental de la población. Basta con mirar en los entornos sociales y constatar que suman millones los seres humanos en condiciones de incertidumbre, de ansiedad, de angustia y desesperanza. Son millones los niños, los jóvenes, hombres y mujeres afectados por esos niveles de aflicción. Esos desequilibrios vesánicos están radicados principalmente en quienes desde los poderes políticos resuelven medidas absolutamente desconectadas de la realidad que a diario viven los ciudadanos del país.

Al encender los televisores se observa que los mensajes de todos ellos por vía de imágenes y de sus voceros al unísono, presentan cuando más la parcialidad de la inmensa tragedia humana que hoy, con mayor agudeza sufren esos millones de seres humanos desamparados, carentes de lo más básico para la subsistencia. En esta sociedad de clases el sistema es un fabricante de miseria. El país desde siglos ha sido despojado de su patrimonio material, de sus grandes riquezas, y su pueblo explotado hasta la crueldad por la oligarquía y los grandes  imperios financieros del mundo.

Ninguno de esos voceros dice palabra alguna que la causa de la actual situación, ya no de crisis, sino de franco colapso económico, social y humano radica en el sistema de extremo capitalismo. Según ellos todo puede ser “mejorado” con algunos retoques cosméticos, con algunas “reformas”, pero el sistema y su modelo no se tocan. El gobierno, el mundo financiero-empresarial y gran parte del segmento político-parlamentario coinciden en esa concepción de la actual catastrófica realidad. El espurio mensaje lanzado “urbi et orbi” es que basta con “humanizar” un poco el sistema mediante migajas y limosnas, y así toda demanda y rebeldía social pueden ser atenuadas.

Miles de chilenos mueren cada mes no sólo por la actual pandemia, sino porque el “servicio” -sistema  público de salud vive en crisis desde hace ya tiempo. El ¡derecho! a la salud debe ser exigido por toda persona, y no aceptar ser derivada al mercantilizado sector privado. El Estado tiene esa obligación para con todos.

En Chile la actual situación de crisis es, como se sabe, económica, política, social y particularmente ética.