La mediocridad intelectual, política  y social de la derecha se ha manifestado con hechos inmorales que atentan a la sabiduría popular.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

24/07/2020. La Libertad desde una óptica social es un derecho inherente a la humanidad para auto determinarse según la voluntad comunitaria, de acuerdo a parámetros morales y a una justa normativa, democrática y popular. Podríamos explicarla también como la experiencia humana para obrar de acuerdo a una verdad auténtica que encierra una exigencia vital y digna, evitando cualquiera libertad aparente, superficial o unilateral, siendo un don sólo cuando sabemos usarla con responsabilidad para todo lo que significa el bien común. Una sociedad no puede ser auténticamente libre, ni un gobierno promoverla, si no fomenta la trascendencia ontológica, pues la libertad es siempre de ese hombre que eleva sus aspiraciones al impulso noble de un quehacer político solidario y comprometido. Ergo, se considera a la libertad como un acto de racionalidad y un derecho universal. La política sana emana de la libertad esgrimiendo razones válidas y eficaces para desarrollar reales potencialidades axiológicas que tienen como base la construcción histórica de una sociedad libre de cualquier yugo opresor,  fomentando a la vez una cultura creativa. El concepto de libertad está  intrínsecamente unido a la idea de Tolerancia, o sea, el respeto discernido hacia otras opiniones de manera responsable y moral, pero que no linde con el tolerantismo, ya que no puede ser encubridor de ideas que atenten a la legitimidad de los derechos humanos y a decisiones éticas. Sólo así se estructurarán  propósitos coherentes  y consecuentes en la idea del hombre progresista. En este contexto se ha percibido el ríspido obrar del actual gobierno que no ha sido capaz de reconocer las penurias económicas por la que atraviesa el pueblo pobre de nuestro país. Sin duda alguna, adolece de la necesaria sensibilidad para comprender el concepto de libertad y menos aún el de tolerancia. No puede, no sabe  y no quiere favorecer a una clase trabajadora humillada y despojada que ya se sacudió de la opresión a que fue sometida por el depredador neoliberalismo. La mediocridad intelectual, política  y social de la derecha se ha manifestado con hechos inmorales que atentan a la sabiduría popular. Lo único que pretende el gobierno es mantener incólume la continuidad de la política económica capitalista impuesta por la dictadura, tan inhumana, tan feral. La política, como actividad de una sociedad organizada, debe estar programada para un diálogo esencialmente participativo. El pueblo trabajador busca la transformación política basada en conceptos de equidad social donde el estado, no el mercado, sea el principal impulsor en la conformación de una sociedad más justa y más libre, por lo que es necesario seguir fortaleciendo el sistema republicano instaurando una nueva y legítima Constitución. Oponerse a este acto popular es simplemente antidemocrático e insensato. La derecha ni siquiera se ha dado cuenta que carece de libertad, pues  está prisionera de un sistema económico moralmente vacío que sólo ha cultivado la desesperanza, vale decir, es humanamente estéril. Ejercer la libertad como instrumento histórico contra los poderosos sólo se consolida con capacidad política y logros eclécticos. La tremenda desigualdad social y económica, acentuada por la pandemia, se ve aumentada considerablemente por los consecutivos fracasos y las trapisondas del oficialismo. Colofón: veremos a la derecha reducida al marasmo político, a un destino incierto y quedará sometida al desprecio del pueblo trabajador.

A la memoria de la Compañera Gladys Marín, luchadora incansable por los derechos de los pobres,  ejemplo selecto de capacidad política.