Lo que está detrás de la explosión social de octubre y que se ha hecho patente con la crisis sanitaria-social-económica es que el concepto clase media fue pulverizado por la realidad.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

Santiago. 19/07/2020. En las resoluciones del reciente Pleno del Comité Central del Partido Comunista, se señala que se “analizó la crisis de gobierno que se hace cada día más patente” ya que “el gobierno y los partidos que lo sustentan, están cruzados por una crisis de credibilidad y de gobernabilidad” agregando que “la derrota sufrida con la aprobación del proyecto que permite el retiro de fondos de pensiones, ha sido de proporciones, porque abre brechas en el férreo modelo económico institucionalizado y defendido por el gobierno y grandes empresarios”. Es sin duda una crisis coyuntural que altera el esquema de dominación vigente hace décadas y que obliga a la militancia del movimiento popular a profundizar su conocimiento de esta realidad en la perspectiva de su superación en beneficio de las mayorías.

Se ha hecho de público conocimiento que son quince (15) los grandes grupos económicos quienes usan los ahorros previsionales de los trabajadores de Chile, cuyo monto se calcula en doscientos mil millones de dólares (US$200.000.000.000) lo que representa el 80% del PIB del país. El “manejar” estos recursos y no uso ex profeso la expresión administrar, les posibilita el control del mercado financiero, sector predominante en el desarrollo capitalista del último período y en consecuencia, recibir preferencialmente los beneficios de la actividad económica. Si tomamos la información de World Inequality Database, el 1%( uno por ciento) más rico de la población participa (dato año 2015) del 24% de la riqueza del país, siendo uno de los más inequitativos de las naciones medidas según el índice Gini, que mide la desigualdad en la distribución de ingresos. Otro dato nos señala que mientras el quintil  (20%) más pobre de la población captura menos del 4% de los ingresos, el quintil más rico logra el 60%. También es cierto que el índice Gini cayó más de 10 puntos entre 1990 y 2015 (de 0,58 a 0,47: asemejándose a lo Chile tenía en la década del 60 del pasado siglo) y que sin embargo, la  participación de los salarios en la economía se mantiene casi invariada en este cuarto de siglo en un 30%, (cierto, de una torta más grande) todo lo cual puede ser interpretado como que esta redistribución de ingresos  no ha tocado al sector más rico de la población, favorecido además por el sistema tributario. De ahí la justicia de la iniciativa de impuesto a los súper ricos, surgida en la CUT y tomada por nuestra bancada como proyecto de ley.

Quienes buscan a troche y moche mantener este modelo económico apuestan por mantener la injusticia. Sin embargo, no se debe obviar que sectores amplios de la población fueron seducidos por el modelo, el cual no únicamente actuó sobre ellos ideológicamente despojándoles de su condición de trabajador para hacerles asumirse como “clase media”, sino que además les generó un status social que les permitiera diferenciarse de su clase. Ejemplifiquemos solamente con la educación. La revolución científico-técnica de las últimas décadas obliga a una masificación del conocimiento. Esto fue encarado como un esfuerzo particular, en los marcos económicos del mercado, segmentado y segregado por capacidades de pago; pero permitió que un conjunto no menor de trabajadores desconocieran su condición de clase. Y no tiene que ver con negar al mercado ni desconocer que hoy el proletariado es mucho más heterogéneo que hace 30 años atrás, sí con asumir la característica básica de este modelo: favorece exclusivamente a la ínfima minoría de la población.

Lo que está detrás de la explosión social de octubre y que se ha hecho más patente con la actual crisis sanitaria-social-económica es que el concepto clase media fue pulverizado por la realidad. La última encuesta Mori-Fiel da cuenta de la sensación de incertidumbre e inseguridad que asalta a sobre el 70% de la población, junto a su desconfianza en toda la actual institucionalidad y su necesidad que el Estado asuma un rol más activo. La ilusión de segmentos de la población de que en este sistema alcanzarían niveles de vida establemente superiores está frustrada. Fue sobre esa ilusión que la derecha hoy gobernante logró el apoyo electoral de vastos sectores. Es sobre esos sectores ante los cuales insistirá ofertándoles una salida populista o autoritaria (lo ideal para ellos es la mezcla de ambos factores).

Es cierto que en estos tiempos, partiendo por el plebiscito constitucional de octubre, se abre la posibilidad cierta de avanzar decididamente en una senda de mayor democracia para superar el actual sistema, como también el que los cotizantes de las AFP tengan la posibilidad de recuperar en estas condiciones de precariedad con un porcentaje menor de sus ahorros, es de justicia. Buscar sumar a todos los sectores populares afectados por el sistema a un esfuerzo común por transformarlo es el compromiso, la misión para todas y todos los militantes del movimiento popular.