El Presidente golpeado. Derecha en ascuas.

Equipo ES. 17/07/2020. El Presidente golpeado

Sebastián Piñera fue el primer y gran derrotado con la aprobación de la reforma constitucional para el retiro del 10% desde las AFP. Se puso a la cabeza del intento de ordenar a los partidos y parlamentarios de la derecha, citando a reuniones, jugando a apuestas mediáticas, presionando y amenazando, hasta el punto de suspender las reuniones del comité políticos entre ministros de su administración y presidentes de los partidos de la derecha. Y fracasó.

Instruyó a sus ministros de confianza, que él colocó para que iniciaran una nueva etapa de relacionamientos con el oficialismo y la oposición, y le falló el movimiento de piezas. Gonzalo Blumel, Claudio Alvarado, Cristian Monckeberg e Ignacio Briones no pudieron con los argumentos y la realidad de más de 20 parlamentarios de Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente. La re armazón del equipo político de La Moneda que diseñó e implemento hace unas semanas, no resultó en materias claves para la derecha.

Piñera le falló a los directivos de las AFP, a los jefes de los gremios empresariales, a los dueños de los consorcios financieros y al sector empresarial completo. Si hace dos semanas esos grupos fácticos criticaron al gobierno por sus incapacidades y mala gestión incluso dentro de la propia derecha, en estos días la molestia y cuestionamientos al mandatario y al equipo político de La Moneda es mucho mayor.

Además, el Presidente fue incapaz de establecer un camino de diálogo y negociación el menos con algún sector de la oposición, el más conservador al menos. Pero él mismo cerró hace semanas esa posibilidad en la obcecación de defender a como diera lugar el funcionamiento de las AFP.

Hay que recordar que Sebastián Piñera venía saliendo de otra derrota en el Parlamento, cuando tuvo que ceder ante el proyecto post natal de emergencia, donde tampoco logró alinear a las y los parlamentarios del oficialismo ni captó respaldo de algunos de la oposición.

Dirigentes políticos, legisladoras, analistas, hablaron a fines de esta semana de un Presidente acabado, de un gobierno terminado, de una gestión fracasada.

Es innegable que el Presidente no mostró liderazgo, capacidad, influencia y su gestión en la contingencia no logró evitar una de las mayores derrotas no solo de su gobierno, sino de su sector político, de su corriente ideológica y de su modelo económico.

Podría quedarse en el ámbito anecdótico, pero que muchos personajes de la política y de la prensa sostengan que el presidente es Cristian Larroulet, el jefe del “segundo piso” presidencial y que Sebastián Piñera es su vocero, es otro botón de muestra de las debilidades del mandatario que aparece subordinado a los dictados del hombre del sector duro y doctrinario de la derecha.

Derecha en ascuas

Los datos de la contingencia constatan una derecha dividida, golpeada, fragmentada, en pugna y con un nivel de incertidumbre inmensa. Hasta se filtró que el presidente de Evópoli planteó que era momento de que los timoneles de las colectividades de derecha renunciaran como forma de comenzar a reordenar el naipe y las opciones, pero se encontró con un muro férreo de parte de sus colegas de la UDI y RN.

La sangre llegó al río y la presidenta del gremialismo ultraconservador, acompañada de su Comisión Política, no tuvo empacho en convocar al Tribunal Supremo (de disciplina) a sus parlamentarios que votaron a favor del retiro del 10%, y la golpeó un boomerang, porque tres de ellos renunciaron al partido. Un senador de la colectividad dijo que votaría a favor del proyecto y sostuvo con firmeza de que no podía estar en un partido donde se castiga a alguien por la forma en que vota. Y un ministro UDI salió protegiendo la tesis del “voto en conciencia”, en contramano de la postura de la jefa del partido. Se sabe que en la Bancada de la UDI, en regionales, en algunos niveles de la dirigencia, hay molestia por la postura rígida de la directiva nacional y por la no comprensión de que las incapacidades de Piñera llevan a estas situaciones. Todo con un potenciado candidato presidencial de la organización (Joaquín Lavín) que aparece distanciado del gobierno, a contra corriente de posturas oficiales de su partido y abriéndose a medidas que impulsa la oposición.

La Bancada Parlamentaria de RN está fragmentada, uno de sus diputados está acusado ante la Justicia por soborno y cohecho a partir de la denuncia de legislador del mismo partido, el choque entre díscolos y conservadores está en una alta potencia (sintetizado en la pelea Desbordes-Allamand), tienen claro que varios diputados votaron a favor del 10% abriendo una brecha aunque no serán castigados como en la UDI, y las posibilidades de que el presidente de la colectividad tenga la fuerza para ordenar a todos los de su partido parecen diluirse.

Evópoli tuvo en su momento la alegría de que dos de los suyos ocuparan puestos estratégicos y envidiables dentro del gabinete: Interior y Hacienda. Pero ahora la sonrisa se convirtió en estas dos últimas semanas en desazón, y dentro de la derecha responsabilizan de la derrota e incapacidades a Blumel y Briones. Se reitera que tener en esos puestos claves a dos militantes del partido más pequeño del conglomerado y con menos parlamentarios, con poco fogueo político y escasa experiencia en los pasillos del sector, tenía que acarrear costos de alto impacto. En los círculos de la derecha doctrinaria y ultraconservadora, están en la mirilla los ministros de Interior y Hacienda y no cesarán en pedir el cambio. Porque incluso aunque el Senado diga no a la reforma constitucional de retiro de fondos, el gobierno habrá perdido y se verá enfrentando a un escenario de tensión y movilización nacional que, en opinión de los fácticos de la derecha, el actual equipo político de La Moneda será incapaz de manejar adecuadamente. Esto podría llegar hasta la Vocera de Palacio, que el año pasado se estrenó llevándose bien con segmentos y personajes de la oposición, pero que en los últimos meses ha estado ausente, sin maniobrabilidad ni creatividad, sin conexiones importantes y siguiendo tan solo el libreto que sale de la oficina de Piñera y de la voz de Cristian Larroulet.