Necesidad de que esté nucleado programática y políticamente en la Convención Constitucional que debería redactar la nueva Constitución. Un objetivo de las fuerzas de oposición.

Carlos Arrue. Abogado. 16/07/2020. En el Pleno recientemente celebrado, el Partido Comunista reafirmó su compromiso con aprobar una nueva Constitución en el venidero plebiscito y con apoyar la alternativa de una Convención Constitucional como órgano redactor de la misma.

Tras el inicio de la rebelión política y social el pasado 18 de octubre, se ha reconfigurado el escenario político de modo relevante y frente a ello, las alianzas entre las fuerzas políticas también. En el caso constitucional, se mezclan las concepciones programáticas con las concepciones de táctica política. Sin embargo, lo que debe ordenar los esfuerzos de aquí en lo inmediato, es la construcción de la unidad para alcanzar un tercio de los convencionales. Este tercio, una especie de número mágico, se deriva del establecimiento del quorum para la aprobación de normas del futuro órgano constituyente, fijado en dos tercios, cuestión que nos sigue pareciendo excesivo. Es así como resulta fundamental entonces, que ese tercio este nucleado programática y políticamente.

Ninguna fuerza política será capaz de establecer por sí misma, la hegemonía en la conducción del proceso constitucional porque ninguna tiene en sí sima la capacidad de nuclear un tercio de los delegados. Todos los partidos políticos e independientes incluso, están obligados a construir puentes de entendimiento y diálogo. La diferencia que finalmente los marcará, es la visión de sociedad que se quiere construir y sentirse identificada ese tercio para, en definitiva, bloquear al otro. Eso no será positivo a largo plazo, razón por la cual seguimos planteando que una vez que se reúna, el órgano constituyente debe establecer un nuevo quorum de 50% más 1 para poder crear una Constitución verdaderamente representativa y estable.

La perspectiva de unidad en el proceso constitucional, entonces, se da al menos en lo inmediato, en dos líneas. Una es la programática y la otra es política. Estas perspectivas, corren hoy por “cuerdas separadas” toda vez que en términos programáticos, existen ciertos consensos generales sobre fortalecimiento del Estado, mejoramiento en la protección de los derechos, reformas al sistema político, como congreso unicameral. Dichos consensos no se reflejan en cambio, en la política, que aún expresa un andar desordenado y fragmentado porque no se siente desafiado a unirse. Esta segunda línea está determinada por una disputa entre quienes avanzan de forma mas resuelta hacia la transformación de las bases estructurales del modelo, resolución que hacen junto al pueblo movilizado, de aquellos que, no compartiendo las bases del constitucionalismo pinochetismo, temen desarmar los candados institucionales y optan por no caminar junto al pueblo. Con esta decisión tibia, se terminan ubicando dentro de lo digitado por la Constitución de 1980 y en el lado de quienes impiden los cambios políticos y sociales, de forma consciente o no.

Un buen ejemplo de la necesidad de superar la lógica de la Constitución de 180 y crear mayorías democratizadoras y no tercios, fue la votación que hubo sobre el proyecto de ley que declaraba el agua como bien público.[1] La iniciativa fue respaldada por 24 senadores y rechazada por 12 sobre un universo de 44. En ese caso, el quorum de dos tercios implicaba obtener 29 votos y así, no obstante esa votación, al alcanzar 24 votos pero no obtener 29, esos 12 votos de rechazo fueron más que los 24 a favor. ¿Es el 2/3 un quorum democrático y deseable? ¿Cómo explican, quienes defienden acérrimamente el quorum de 2/3 que 24 votos no representan un consenso porque 12 se oponen?

La construcción de unidad entonces, es de vital importancia para el éxito de un proceso que crea un pacto de convivencia y el rasgo democrático es de la esencia en ello. La falta de unidad política actual, puede, sin embargo, ser revertida desde la unidad programática. Nosotros creemos que esa unidad programática puede darse en dos áreas. La primera de ellas es insistir en la construcción de propuestas desde los actores políticos pero enfocados en el modelo de desarrollo como una arquitectura institucional a disposición de las grandes mayorías. Así, propuestas como el fin del estado subsidiario, el fortalecimiento de la democracia, el desarrollo sustentable. La diversificación productiva, etc. pueden contribuir a la convergencia política. Eso es totalmente posible, como testimonia el programa de gobierno de Alejandro Guillier y de Beatriz Sánchez que tuvieron muchos aspectos en común con un keynesianismo notorio. La segunda dirección, es la construcción desde los actores sociales. Esta dimensión quedó legitimada y expresada a través del movimiento de No mas AFPs; los estudiantes secundarios movilizados en contra del alza en los pasajes; la diversidad sexual que lucha por el reconocimiento e inclusión; las organizaciones ambientalistas que denuncian, entre otras cosas, las zonas de sacrificio; el movimiento de mujeres que ha puesto en jaque la continuidad del patriarcado en Chile y el mundo; el movimiento pro derechos indígenas etc. Es la acción de masas la que debe promover el contenido constitucional programático, pero al mismo tiempo, esa acción de masas debe exigir, y no abandonar como lo hacen a ratos, a los partidos políticos, emplazándolos por definiciones. Se trata de politizar y no despolitizar. Esa es la clave para que la unidad política exprese la unidad programática.

Otra consideración relevante hecho este fin de semana, fue exigir el pleno respeto a la soberanía del pueblo en toda la línea, cuestión inexistente en la actual Constitución, que radica la soberanía en la Nación. Esto significa que el pueblo es el actor central de la democracia, debiendo existir respeto pleno por sus decisiones; en el plano económico, la soberanía del pueblo implica ejercer el derecho de propiedad sobre los recursos naturales; en el plano de la producción y distribución de alimentos, se expresa mediante la soberanía alimentaria. El reconocimiento a la soberanía del pueblo tiene una potencialidad enorme y un rasgo expansivo y redistributivo notable.

En esta línea de reafirmación de la autodeterminación del pueblo, debemos poner fin al tutelaje de la Constitución de 1980 en nuestras prácticas y en nuestras mentes. Este entierro consiste en reubicar los puntos de diseño constitucional fuera de las lógicas y cosmovisión neoliberal y excluyente del pinochetismo. Replicar esas lógicas, como lo hizo el Acuerdo del 15 de noviembre del año 2019, es limitar, anticipada y erróneamente, la acción de la futura Constitución en circunstancias que ambas son soberanías distintas solo superadas en su potestad normativa por el pueblo, como creador de las normas constitucionales. Entendido así, el diseño constitucional venidero debe ser el reflejo de la sociedad en la que queremos vivir y no en la que vivimos.

Fue así como la reunión del Partido Comunista reafirmó como objetivo ulterior y superior, el abandono del neoliberalismo. En ese entendido, haremos un primer círculo concéntrico programático y de alianzas entre quienes propiciamos la superación de este modelo y será nuestro propósito fundamental. Un segundo circulo debe construirse en el plano programático toda vez que es mas probable que haya convergencias en este plano por encima de las convergencias políticas, que de ninguna manera, quedan excluidas o desechadas. En esa dirección, el rol de los y las constitucionales será determinante.

Una consideración final es indicar la total y absoluta disposición del Partido Comunista a empeñarse en toda la línea por la igualdad de género. Además, todas nuestras candidatas no solo defenderán las posturas del feminismo vinculado a la transformación política y social de la sociedad con vistas a superar el patriarcado, sino que además defenderán esa transformación de la sociedad en todos los ámbitos necesarios para crear una convivencia solidaria, justa y de bienestar. Lo mismo harán nuestros candidatos.

[1] https://www.senado.cl/senado-rechaza-consagrar-el-agua-como-bien-de-uso-publico-en-la/senado/2020-01-07/200731.html