El público de la televisión se ha cansado de los matinales, de largos noticiarios, de “reportajes” sobre dramáticos casos humanos, el sensacionalismo y series viejas repetidas.

José Luis Córdova

Periodista

13/07/2020. El público cautivo de la televisión se ha cansado de los matinales, de los largos noticiarios, de los “reportajes” sobre dramáticos casos humanos, el sensacionalismo y -para colmo- de las series viejas repetidas.

Nula creatividad y menos audacia e investigaciones serias y responsables de lo que realmente está sucediendo en campamentos, poblaciones, villas y condominios de la “clase media” desnudan a una industria televisiva que no avanza, no escucha a la teleaudiencia y se aparta de los intereses de la mayoría.

Hace rato que los matinales tocaron fondo y ya no basta con la empatía que puedan provocar Tonka Tomicic, Montserrat Alvarez (?), Diana Bolocco, Julia Vial, Julio César Rodríguez, Eduardo de la Iglesia, Nacho Gutiérrez o María Luisa Godoy.

La fórmula de verdaderos conversatorios con alcaldes como Rodolfo Carter, Joaquín Lavín, senadores como Manuel José Ossandón, Ximena Rincón y diputados como Javier Macaya y Diego Schalper sirvió un tiempo como vitrina, hasta que algunos concluyeron que la nueva ley de límites a la reelección sacará a algunos del cuadro de honor.

Los canales se pelean los horarios de presencia de autoridades desplazando a vecinos, dirigentes sociales, representantes de entidades públicas, fundaciones y ONGs, junto a especialistas y expertos. Los más solicitados son todavía los médicos, especialistas, infectólogos, internistas, epidemiológos y otros, sobre todo provenientes de la medicina privada, de clínicas y laboratorios con fines de lucro. Afortunadamente quienes laboran en la atención primaria y de urgencia, SAPU CESFAM y otros no son convocados y desarrollan su indispensable e irremplazable trabajo sin contratiempos.

Respecto al informe diario desde la Moneda, el ministro de Salud partió como caballo inglés pero ha seguido como un vulgar zopenco. Primero fue la novedad de invitar al panel oficial a miembros del consejo asesor, representantes de sociedades científicas y médicas -nunca del Colegio Médico- pero ultimamente desaparecieron enfermeras, técnicos, autoridades universitarias y otras que se habían matriculado con entusiasmo en estas apariciones televisivas.

Ahora Enrique Paris reparte el juego, a la manera de un profesor en clases o un papá en casa, distribuye las vocerías entre sus subsecretarios y el jefe de epidemiología, con un simple gesto de sus manos para darles la palabra. En general, acepta cinco preguntas y apenas un par de contrapreguntas y se acaba la transmisión.

Curiosamente pierde tiempo agradeciendo todos los días a la cadena “voluntaria” de todos los canales (acuerdo con ANATEL) y los empresarios radiofónicos (ARCHI), como si no se tratara de una información de indiscutible interés nacional. Ocurre algo similar que hacía el ex ministro de Salud, que permanentemente agradecía a las fuerzas armadas y de orden por su “colaboración”, tarea que en el estado de excepción por catástrofe en que estamos es una obligación constitucional para las instituciones armadas de nuestro país.

Desde luego que destacar y enaltecer el trabajo abnegado del personal de salud en todo nuestro territorio es algo que hay que agradecer, pero no solamente eso, sino también atender sus requerimientos, cubrir sus necesidades y estar especialmente atentos para que puedan desarrollar a cabalidad sus innegables capacidades. Las reiteradas denuncias de carencias, irregularidades, descuidos y malos tratos son recibidos con una liviandad que la imagen televisiva no puede ocultar. Hasta ahora no se ha conocido el resultado de ningún sumario administrativo ni de otro tipo ante la serie de reclamos por presuntas negligencias suficientemente documentadas.

Ha terminado la “luna de miel” entre los televidentes y los canales y de éstos con el Ministerio de Salud.