Piñera, Blumel y Larroulet decidieron congelar vínculo con Chile Vamos. Están pensando en achicar el conglomerado y hacer a un lado a los desordenados. Crisis instalada.

Hugo Guzmán. Periodista. 10/07/2020. La noche del miércoles pasado fue ajetreada y tensa en oficinas de La Moneda. De la desazón pasaron al enojo el Presidente Sebastián Piñera y el jefe del “segundo piso” presidencial, el ultraconservador Cristian Larroulet. No podían concebir que, nada más y nada menos, trece diputados de los suyos hubieran votado a favor del retiro del 10% de fondos previsionales. Y que otros 30 se abstuvieran. La misión de Gonzalo Blumel (ministro del Interior), Claudio Alvarado (ministro Secretario General de la Presidencia), Ignacio Briones (ministro de Hacienda) y Cristian Monckeberg (ministro de Desarrollo Social) y sus equipos, había fracasado. El gobierno era incapaz de hacer abortar esa reforma constitucional. No lograron convencer y ordenar a todos los congresistas de sus partidos. Tal como lo confesó Alvarado en Radio Pauta, “fue nuestro propio sector político que nos generó un golpe y una derrota” y enfatizó que “es la gota que rebalsó el vaso” dentro de la derecha.

En esa noche fría y agitada, Piñera y Larroulet comenzaron a diseñar la respuesta. El camino no iría por ordenar, encausar y bajar la tensión al interior de la derecha. El camino iría por golpear, tensar, advertir y presionar al interior del oficialismo. Sentían haber recibido un golpe en el mentón, como lo graficó una columna periodística en La Tercera, y devolverían el puñetazo.

La idea de inmediato fue comunicada a Blumel y Alvarado y, entre otras cosas, se optó por no abrir canales con dirigentes y parlamentarios de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Renovación Nacional (RN) y Evópoli y que se esperaran a un gabinete político que se desarrolló el jueves y a ciertas decisiones que las entregaría el jefe del gabinete. Esto no descartó que el Presidente volviera, de manera más retórica que contundente, a llamar a “la unidad” política para enfrentar la crisis que vive el país. Sumada ahora la crisis de la derecha y el gobierno.

La reaccionó tenía que ir en la línea de esquivar de alguna manera la derrota política y presentar una reacción ante un escenario en que el gobierno, en opinión de analistas, opositores y personeros del mismo oficialismo, está desbordado, superado, desordenado, desconcertado, desarticulado y acabado.

Congelar reunión Gobierno-Chile Vamos y repensar a la coalición

La primera señal de enojo y al mismo tiempo reacción dura, en criterio de La Moneda, fue el anunció de la suspensión de las reuniones del Comité Político entre los ministros del área política y los timoneles de las colectividades oficialistas. Eso significó en los hechos, congelar las relaciones entre el gobierno y el conglomerado Chile Vamos.

Luego vino el trazado expuesto por Gonzalo Blumel. En declaraciones a T13Radio, el titular de Interior hizo ver a los partidos de la derecha que “vamos a parar un tiempo para definir cómo vamos a seguir trabajando”, y enfatizó que las actuales modalidades no dan para más, así que se buscará “una nueva coordinación entre la propia coalición”. “Los esquemas tradicionales de coordinación, que son decimonónicos, no están surtiendo efecto”, reconoció el jefe de gabinete.

Y luego vino una advertencia severa: “Hay que trasparentar la realidad, quizás vamos a tener una coalición algo más chica, más acotada, pero esperamos con un trabajo más cohesionado, con mucha mayor convicción y con la capacidad de fijar posiciones comunes en torno a las ideas que animan a la centroderecha, y eso es lo que se ha debilitado en el último tiempo”.

Blumel abrió la puerta a algo que los sectores más duros del oficialismo -y detrás de lo cual estarían Larroulet y la UDI- no desechan y es desprenderse de algunos grupos que no estarían siguiendo las líneas doctrinarias y programáticas y, peor aún, no estarían garantizando los votos y los apoyos para medidas y proyectos del gobierno.

Es así que el Ministro del Interior apuntó en la entrevista que “si queremos mayor complicidad y tener realmente un trabajo en equipo, quizás hay que reflexionar sobre la necesidad de trasparentar que, en algunos casos, va a haber parlamentarios que no van a estar, y que quizás ellos mismos tomen la decisión, legítima, de ponerse al margen de la coalición”.

Gonzalo Blumel siguió una línea de pensamiento que tienen hace rato personajes ultraconservadores como Cristian Larroulet, Andrés Allamand, Jacqueline van Rysselberghe y Marcela Cubillos, en cuanto a que dirigentes y legisladores de Chile Vamos están perdiendo convicción e incluso se están comprando “la agenda de la izquierda”. El ministro indicó: “Lo que se está produciendo es una crisis de convicciones, en el sentido de lo popular, lo que está en las redes sociales es lo que manda. Cuando pasa eso llega el populismo, y lo que pasa es que hemos criticado que el populismo está en la izquierda, pero ahora parece que también ha empezado a entrar en parlamentarios de nuestro sector”.

Las duras advertencias las refrendó el titular de Hacienda, Ignacio Briones, quien dijo en Radio Pauta que “se ha generado un problema político claro, un problema del cual los parlamentarios tendrán que hacerse responsables de su actuar, porque finalmente votar contra el Gobierno, votar algo que era tan sustantivo para la coalición, no es neutral, no es algo que pueda pasar como una cosa más, es una señal política relevante”.

El mandatario en el peor de los mundos

El Presidente Piñera está molesto y acusó el golpe de una de las derrotas políticas y legislativas más macizas durante su gobierno, después de la imposición de tener que llamar a plebiscito para una nueva Constitución.

El peor de los mundos es que esta vez el golpe provino de las fisuras y contradicciones dentro de la coalición que debería apoyarlo. De ahí salió una versión sostenida por La Tercera de que el mandatario, en una reunión virtual con altos funcionarios de gobierno, habría afirmado que “la situación de Chile Vamos no da para más”.

Eso refuerza las posiciones de los sectores duros en cuanto a que llegó el momento de fortalecer los contenidos doctrinarios, ordenar como sea a los partidos y los congresistas, cerrar la puerta a “populismos” y apoyo a medidas sociales y progresistas, y hacer acatar a toda la derecha las medidas y decisiones del gobierno.

El problema es que esta situación Piñera la enfrenta con varios factores en contra. Aparece como el principal responsable de la desarticulación del gobierno, una baja en su aprobación ciudadana, sin capacidad de conducción, sin autoridad para ordenar a su coalición, tomando decisiones que acentúan un alejamiento de la demanda ciudadana (lo más reciente vetar la decisión del Parlamento a favor del proyecto que impide en corte de servicios básicos en el contexto de la pandemia) y que a estas alturas pasó del ataque de nervios al ataque destemplado…en su propio sector.

Pese a las afirmaciones de este día de Blumel, Alvarado y Briones, no se pueden olvidar las declaraciones hechas durante la semana por la presidenta de la UDI, acusando falta de conducción e incapacidad del Ministro del Interior y sosteniendo que hay una “desafección” con el gobierno. Por mucha reacción que exista hoy del Presidente y de los ministros, desde la derecha orgánica y la derecha económica existe una crítica dura por el mal manejo, desbordes, ineficacia y tardanzas de La Moneda en la manera de encarar episodios como la votación del retiro del 10% de los fondos en las AFP.

A eso hay que agregar que muchos parlamentarios y dirigentes sí tienen el convencimiento de que se deben aprobar iniciativas y proyecto como ése, y como lo fue respecto a la no reelección indefinida de legisladores, alcaldes y concejales, el postnatal de emergencia y un mayor presupuesto para programas sociales y de ayuda a los sectores pobres.

Hay una cabeza de playa en el gobierno y Chile Vamos donde están personeros que figuran bien posicionados y tienen base política de apoyo como Manuel José Ossandón y Mario Desbordes, este último, por lo demás, presidente de una de las colectividades más importante del oficialismo.

Desbordes, en medio de esta crisis de la derecha, no tuvo problemas en decir que sí había abierto el debate que hoy cruza a su conglomerado y a su gobierno, pero al mismo tiempo continuó defendiendo sus posturas, como haberse abstenido en la votación del retiro de pensiones. En declaraciones a Radio Cooperativa preguntó hacia La Moneda y hacia Chile Vamos: “¿Estamos esperando que la gente salga a protestar y haya un estallido social 2.0?”. Y desafío: “Asomémonos a la calle y veamos qué está pasando”.

Por lo demás, ante las decisiones gatilladas en La Moneda salieron cuestionamientos inmediatos, como el del senador ultraconservador, Andrés Allamand, quien refutó a Gonzalo Blumel y dijo que este no es un momento para pensar en una coalición más chica, sino en fortalecer el conglomerado. Jacqueline van Rysselberghe confesó haberse enterado por WhatsApp de la determinación de congelar el Comité Político y opinó que debería ser “solo por este lunes” y reanudarlo la semana subsiguiente.

Lo que parece claro es que, aparte de gallitos, advertencias, pugnas, debates respecto a convicciones o desórdenes, el gobierno y el conglomerado Chile Vamos están desarticulados, tiene una crisis de conducción y ordenamiento, y esto tiene en una suerte de ingobernabilidad a La Moneda y a Piñera, que aparece superado por la coyuntura.

Como sea, en lo político se le instaló al mandatario y a los principales personeros de La Moneda y de la derecha, una crisis de alta intensidad donde los tiempos apremian.