El ministro de Salud, y la industria televisiva se van a tener que acostumbrar a los cuestionamientos que reciben en forma creciente por sus tendencias neoliberales.

José Luis Córdova

Periodista

05/07/2020. En general a ningún ser humano le gusta recibir críticas, a las empresas y canales de televisión tampoco. El ministro de Salud, Enrique Paris, y la industria televisiva se van a tener que acostumbrar a los cuestionamientos que, en general, reciben en forma creciente por sus francas tendencias neoliberales y de supremacía del mercado sobre otras prioridades, como la salud y la información de la gente.

Los reparos reiterados son la falta de transparencia, la ambigüedad y el continuismo de políticas fracasadas en el pasado reciente. Recuerden la “nueva normalidad”, el “retorno seguro”, el carnet Covid, el examen de saliva, entre otros planteamientos desechados. De allí se desprende la falta de credibilidad, en el caso de la secretaría de Estado por el manejo de las cifras y, por parte de los canales, por la línea editorial pro gobiernista que comparten todas las empresas de comunicaciones audiovisuales en el país. El mal manejo, la tercerización y -en el caso de la salud- la nefasta gravitación del sector privado y el lucro, impiden una verdadera estrategia “integrada” como insisten en llamarla las autoridades del ramo.

La tercerización en la industria televisiva ha significado recientemente el despido de 150 personas en el Mega y más de 30 en TVN. En el sector salud, irregulares arrendamientos de las llamadas “residencias sanitarias” y la sospechosa gestión de los laboratorios que manejan los exámenes PCR, vitales para el seguimiento de la actual pandemia sanitaria. La caótica fiscalización de los plazos de entrega de resultados y la discutible calidad de los mismos es evidente. Es fácil hablar de “leve mejoría” de la situación si se realizan y detectan menos casos precisamente por falta de exámenes.

Asimismo, los canales no pueden cantar victoria en el rating si consideramos el público cautivo que mantiene en los matinales, la repetición de programas “populares” y de viejas teleseries “exitosas”. La verdad es que sólo hay dos programas de servicios: “Carmen Gloria a tu servicio” en TVN y “Aquí somos todos” en Canal 13, Al acecho está el inefable Don Francisco, esperando su oportunidad para reeditar “Chile ayuda a Chile”, con su delfín Francisco Saavedra y una corte de importantes auspiciadores entre los mayores grupos económicos, transnacionales, monopolios y poderosas familias contrarias al impuesto a los “súper ricos” deseosos de “donar” cuantiosas sumas para reducir sus tributos.

La continuidad de la política del ex ministro Jaime Mañalich en Salud puede compararse con la estrategia financiera y de marketing de los Luksic en Canal 13 que pretenden implementar en toda la industria televisiva. El Mega, propiedad de Bethia-Falabella, sigue las mismas directrices y terminó con su exitosa área dramática, pasando todas las futuras teleseries a producciones externas.

Una vez más se demuestra la perniciosa consecuencia de la aplicación de un modelo socioeconómico, político y cultural como el neoliberalismo salvaje que permea todas las actividades en nuestro país, desde la salud hasta las comunicaciones. Para algunos, la existencia de las redes sociales sería una respuesta a la falta de autocrítica, de creatividad y audacia en las propuestas para superar la pandemia y terminar con la “infodemia” que nos atosiga con morbo, sensacionalismo, cifras imprecisas, manipulaciones y otras irregularidades denunciadas por Blogs, Whatsapp, Instagram y otras plataformas.

La abismante diferencia entre las cifras de fallecidos con y por Covid-19 según el Registro Civil y según la Dirección de estadísticas del propio ministerio de salud es francamente inexplicable y más escandaloso que la suma informada a la OMS sea diferente a la entregada oficialmente en Chile.

La televisión no está a la altura, sin investigación ni reporteo responsable y consciente que se oriente y dirija exclusivamente a los intereses de los televidentes y la gente de a pie y no al financiamiento comercial, el salvataje de los “rostros” y de las arcas privadas o del Fisco -en el caso del llamado “Canal público”- a costa de todos los chilenos y residentes extranjeros que también tributan.

El modelo tocó fondo y sólo podremos enfrentarlo con un nuevo modelo de desarrollo y un proceso constituyente que asuma la salud y la comunicación como derechos humanos fundamentales, sobre todo en democracia (y también bajo pandemia). Habrá que esperar hasta octubre para iniciar pasos concretos hacia un nuevo sistema sanitario y comunicacional. La prensa escrita y las radios no pueden quedar exclusivamente en manos privadas y debemos contar con un verdadero canal público de televisión que destierre el binominalismo, la discriminación y las exclusiones con un verdadero pluralismo informativo. Con ellos nunca se producirá la mentada “leve mejoría”.