Covid-19: “incipiente” mejoría, factores persistentes. La condición de SP. Trabajadores más golpeados.

Equipo ES. 03/07/020. Covid-19: “incipiente” mejoría, factores persistentes

Cuando se cumplen alrededor de cuatro meses desde que llegó la pandemia del coronavirus a Chile y un par de semanas que asumió el nuevo ministro de Salud, en la semana que termina se volvió a instalar una polémica en torno a las formas de comunicar y la credibilidad respecto a cifras de fallecidos y contagiados.

En efecto, la definición del titular de Salud, Enrique Paris, de que en estos días se vivió una “incipiente” o “leve” mejoría en las cifras del coronavirus, hizo reaccionar al Colegio Médico, entidades privadas, centros de estudios y especialistas respecto a no dar señales que pudieran repercutir negativamente en la lectura de la realidad y generar falsas expectativas en la opinión pública. Pese a eso, el ministro dio cifras que hablan de disminución de contagios y fallecidos e insistió que significa una mejora, leve o incipiente, “le duela a quien le duela”, contestando tácitamente a quienes cuestionaron el uso de esos términos.

Los temas de debate, por ejemplo, se sitúan en factores como la baja de testeos y que eso influiría en los datos de menos contagios; y que no se termina de definir el parámetro para establecer realmente la cantidad de muertos por Covid-19.

Hay otras situaciones que hablan de problemas que se extienden o frente a los cuales no aparecen con claridad posibles soluciones, como los contagios de los trabajadores del cobre y la crisis en Calama, los posibles traslados de reos entre centros de reclusión y el escenario de contagios en las cárceles, la ocupación en residencias sanitarias, la activación de la atención primaria de Salud, el tratamiento específico de la población de adultos mayores, y el formato que se utilizaría en próximas semanas respecto al desconfinamiento en zonas del territorio nacional.

Se suma una brusca caída en atenciones médicas por otras enfermedades o dolencias ajenas al Covid-19, en operaciones quirúrgicas, en tratamientos de segmentos de pacientes crónicos, lo que podría traer consecuencias negativas a corto plazo. Varios médicos y especialistas señalaron que no realización de intervenciones quirúrgicas puede aumentar la mortalidad en el país.

Por lo demás, desde federaciones, asociaciones, colegios y estamentos de profesionales y trabajadores de la Salud, persistencias las denuncias y exigencias respecto a los insumos y condiciones para laborar en hospitales y centros asistenciales, la falta de presupuestos e incluso temas de infraestructura no resueltos.

Abordando distintos factores presentes de manera directa en la pandemia, es claro que estas semanas son críticas y que será decisivo el tipo de medidas que se tomen. Queda claro que la situación de pandemia y la crisis sanitaria tienden a prolongarse todavía por varias semanas.

La condición de SP

Durante la semana continuaron las tensiones y análisis en torno de la figura presidencial. A cuestionamientos respecto a su insistencia de entrometerse más allá de sus facultades en el trabajo legislativo (recurriendo insistentemente a los vetos presidenciales para suspender proyectos acordados democráticamente en el Parlamento, con la sombra de buscar auxilio en el Tribunal Constitucional, y queriendo formar una comisión de expertos para determinar qué proyecto es admisible y cuál no), se sumó la incertidumbre respecto a su estado de salud mental para ejercer adecuadamente el cargo.

En la semana hubo reiteradas críticas a que el mandatario presenta una recurrencia al veto presidencial para echar por tierra iniciativas legislativas aprobadas por la mayoría democrática del Parlamento, sobre todo en casos sensibles socialmente como el postnatal de emergencia y la no interrupción de servicios por no pago en medio de la pandemia y la crisis social que afecta a cientos de miles de familias. Se agrega que el mandatario, en contrapunto, pone urgencia a proyectos como modificaciones en la ley de Inteligencia, refuerzo de la seguridad interna, y mayores atribuciones y participación de las Fuerzas Armadas en ámbitos internos como el control militar de zonas y el jugar un papel como ocurrió en el pasado estallido social.

Que aparezca con recurrentes tics o manifestaciones de tener, supuestamente, problemas de trastornos, lo que está en el marco especulativo, se suma a la seguidilla de torpezas y desubicaciones respecto a la figura presidencial, como exponerse en redes sociales saliendo de un local de venta de vinos o permitir que se abriera el ataúd de su tío, el obispo Bernardino Piñera, y se acercara a mirarlo, en medio de la crisis sanitaria y de estrictas medidas impuestas a la ciudadanía.

Su baja a un 17% de aprobación, según la encuesta Criteria Research, y los cuestionamientos de analistas y legisladores respecto a su comportamiento en la función del cargo, que incluyó una llamada de atención del ministro de Salud, dan cuenta de que el mandatario sigue en un mal pie, pese a eventuales marcas de más de 20% de aprobación en algunos sondeos, en un declive inmenso que comenzó en octubre del año pasado con la enorme movilización ciudadana que tuvo uno de los ejes en el rechazo a su gobierno. Hay que recordar que Piñera llegó al 6% de aprobación. Que en meses venideros, donde se prevé una reactivación de la protesta social y un pésimo panorama económico y para la ciudadanía, el jefe del Ejecutivo vuelva a un dígito de aceptación, es algo que está a la vista.

Trabajadores más golpeados

El informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) situando el desempleo nacional en un 11.2%, lo que significa más de un millón 400 mil asalariados sin trabajo, vino a corroborar que la crisis social y económica está golpeando fundamentalmente a las y los trabajadores, mientras consorcios financieros que manejan la banca, las AFP, las Isapres, las grandes tiendas comerciales y juegan en la Bolsa de Valores, continúan obteniendo significativas utilidades.

Otro dato negativo es que de acuerdo a fundaciones, centros de estudios y economistas, si se consideran asalariados que no están trabajando un tiempo definido, que están sujetos al seguro de cesantía, que están en el empleo informal y en otras condiciones de precariedad laboral, se puede concluir que la cesantía real, que incluye en muchísimos casos no tener seguridad social, está entre un 20 y un 25 por ciento de los trabajadores. Los análisis apuntan a que se llegará a contar durante este año, a alrededor de 2 millones de personas sin empleo.

Se suman circunstancias como que se acerca a los 700 mil los trabajadores metidos en la Ley de Protección del Empleo, es decir, que mantienen el vínculo con su empleador, pero no perciben sueldo y están viviendo del seguro de cesantía. Hay factores peligrosos, como que, de acuerdo a información del Banco Central, el 47% de las empresas que recurrieron a esa ley, consideran que no terminarán despidiendo a sus empleados.

Persisten en el escenario datos como que los salarios no suben, en promedio, más del 2% y que alrededor del 60% de la población gana menos de 500 mil pesos mensuales. No es antojadizo pensar que esos datos pueden sufrir modificaciones a la baja en el escenario de crisis económica y donde el gobierno como los poderes financieros, están priorizando por una mirada y medidas economicistas y y de corte empresarial, lo que impide avanzar en decisiones que apunten a proteger a los trabajadores y tomar medidas de protección del salario y del empleo.

De tal manera que en la crisis social el tema laboral se va convirtiendo en uno de los factores más deficitario, complejo y sensible.