Mes tras mes, el mandatario revive las “piñericosas” con un saldo de afectación a la imagen presidencial y que lo muestra ansioso, desprovisto de cautela de acuerdo a su rango.

Joaquín González. Periodista. 30/06/2020. “La prudencia es una de las características de cada persona. A lo mejor el Presidente se va a molestar, pero bueno, lo voy a decir: Yo creo que hay que medir las consecuencias de los actos que uno lleva a cabo como autoridad”. Palabras del ministro de salud, Enrique Paris, a propósito de la imagen en redes sociales que mostró a Sebastián Piñera saliendo de una tienda de vinos. El funcionario confesó que el mandatario “estaba preocupado, y nos dijo personalmente que lo debería haber pensado mejor”. Claro, hace meses lamentó, por Twitter, si a alguien le molestó que se sacara una foto sentado en medio de la Plaza de la Dignidad, cuando no había nadie por la cuarentena.

Mes tras mes, el mandatario revive las “piñericosas” con un saldo de afectación a la imagen presidencial y que lo muestra ansioso, desprovisto de cautela de acuerdo a su rango.

Sus chistes machistas que asquearon a las mujeres, sus tic -esos movimientos convulsivos- que dan pábulo a versiones respecto a su estado de salud, su bajada del vehículo para tomarse esa foto en una Plaza de la Dignidad desierta por la cuarentena (aprovechándose que no estaba ahí el pueblo que lo repudió), su gesto de permitir que se abriera el ataúd de su tío Bernardino Piñera muerto de Covid-19 para mirarlo “por última vez”, su ida a comer sándwich el día que estalló la revuelta social, y ahora dar la ocasión para que lo graben a la salida de una tienda de vinos, en medio de campañas para que la gente no injiera bebidas alcohólicas y viviendo millones de personas carencias para garantizar el alimento.

Hay derechos ciudadanos, es cierto. Inclusive Piñera tenía el permiso para ir a comprar, dicen, quesos, pan baguette y vino. Pero asimismo hay deberes presidenciales. Los sucesos protagonizados por el mandatario apuntan a que por ansiedad, desubicación, prepotencia y descuido, se convierten en falta a la prudencia, la sensibilidad, el ejemplo y la cordura. No puede cometer esos arrebatos.

Los hechos, para algunos anecdóticos, lo desprestigian, le bajan su calidad -si la tuvo- de estadista y lo muestran desconectado de los sentimientos, percepciones y pensamientos de la inmensa mayoría de la población. Hay una compulsión que lo traiciona. Una escala de valores que lo desvía.

Lo más grave de esto, es que en medio de una severa crisis sanitaria, con cientos de miles de contagiados y cientos de fallecidos por la Covid-19, el ministro de Salud tiene que dedicar tiempo a contestar preguntas sobre un acto descuidado del Presidente de la República, colocando el foco en algo que jamás debió ocurrir, como ir a comprar vino en medio del confinamiento de más de 10 millones de chilenas y chilenos. Existiendo su posibilidad de encargar esa tarea, sin exponer la figura presidencial. Pero así anda el mandatario, hace rato.