En el marco de la CUT, varias y varios dirigentes sindicales y expertos analizaron diversidad de factores que se están potenciando.

Santiago. 06/2020. En el Portal Web de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), se reportó una síntesis de lo que fue el seminario on line, tituladoCrisis, Trabajo y Nuevas Formas de Producción: El destino de las Relaciones Laborales en Chile”, en el que participaron: Bernardo Jorquera, dirigente nacional de la Asociación Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, Anfupatrimonio; Giorgio Boccardo, sociólogo, magíster en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile; Yerko Ljubetic, abogado ex ministro y subsecretario del Trabajo; Daniela Marzi, doctora en Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (España) y Felipe Ossandón, del Instituto Igualdad, magíster en Políticas Públicas. La conversación la inauguró la presidenta de la CUT, Bárbara Figueroa y estuvo moderada por Pablo Zenteno, encargado del Programa de Diálogo Social y el Tripartismo de la Fundación Instituto Estudios Laborales (FIEL) de la CUT.

Bárbara Figueroa planteó que el valor del trabajo debe estar en el centro del debate, sobre todo en el contexto del proceso constituyente y mirando la posibilidad de una nueva Constitución. “Tenemos una gran oportunidad ahí de llevar los planteamientos desde el mundo sindical a que contribuya a pensar y repensar este Chile para las próximas décadas, desde los desafíos del mundo del trabajo y entendiendo que cómo se construyen las relaciones laborales a futuro también va a determinar ese tipo de sociedad más justa o injusta, desigual o no desigual que queramos construir a futuro”, sostuvo.

De acuerdo con la información de www.cutchile.cl, en el desarrollo del seminario se planteó que esta pandemia COVID-19 vino a acelerar e intensificar las tendencias que se venían dando ya en el mundo del trabajo, tales como el creciente uso de las tecnologías en la automatización de puestos de trabajo, el auge de la economía digital con el incremento del comercio electrónico y el uso de las tecnologías de la información que ha posibilitado masificar uso de las plataformas digitales, servicios en la “nube”.

Bernardo Jorquera coincidió con el diagnóstico de que esta crisis sanitaria la están pagando los propios trabajadores y trabajadoras, señalando cifras tales como la tasa del desempleo “oculto” del 14%, dato de cesantía que, afirmó, impacta mayormente a las mujeres: “Hay una feminización de la crisis (…) Dentro de la crisis, las mujeres han pagado un costo mayor; muchas mujeres informales y jefas de hogar han debido desafiar la cuarentena para generar el ingreso mínimo de subsistencia”.

Reparó también que en países donde los trabajadores están más organizados: “Los efectos han sido menores”. Sobre uno de los desafíos, Jorquera indicó que “el sindicalismo chileno está llamado a poner fin (…) a la expresión más brutal del capitalismo neoliberal que hace de la protección social un fin de lucro”.  Respecto del destino de las relaciones laborales en el país, aseguró que se requerirá una nueva legislación que “establezca un sistema de relaciones laborales cuyo sujeto sea el trabajador y su organización sindical con plena libertad y autonomía del Estado y de la empresa”

Giorgio Boccardo, explicó que el capitalismo “en los últimos meses, entró en una suerte de estado de hibernación”, del cual precisó es difícil saber cómo decantará.  Sin embargo, explicó que si hay algo que ha quedado muy claro es que, independiente de las reacciones de los gobiernos de distintos países “tras cuatro décadas de transformaciones neoliberales, el mundo no se encuentra preparado cuando se trata de proteger la vida, en término de sistemas de salud, protección del empleo, las remuneraciones, los derechos laborales y sociales”

Advirtió sobre el uso masivo e integral de las plataformas digitales que entrecruzan nuestras relaciones laborales y sociales “encadenan nuestro tiempo, nuestro lugar de trabajo y lo vincula muy fuertemente con nuestra vida social”Sin embargo, aseguró que una vez terminada la crisis sanitaria, el teletrabajo “no será un formato para toda la población” al igual que la automatización de los puestos de trabajo, colocando el énfasis en que la introducción de tecnologías hay que entenderla como “nuevas formas de subordinación y control que, de no hacer nada distinto, va a aumentar el tiempo y los lugares donde vamos a trabajar. Y crecientemente el trabajo se va a hacer tan ubicuo (…) porque vamos a estar trabajando en la oficina, en la casa, en los tiempos de transporte, con las plataformas, en cafés, en las faenas de manera semipresencial (…) o sea, se está extendiendo tanto el tiempo y la jornada de trabajo que la actual institucionalidad laboral, aunque se aplicara, con lo precaria que es, sería absolutamente insuficiente”.

Es por ello, destacó una nueva arquitectura laboral pues “lo fundamental no es solo pensar en leyes,  en reformas de seguridad laboral sino que a la base de todo esto, está la fuerza de los trabajadores y trabajadoras organizadas, pero que sin duda van a tener que pensarse no solamente en el contexto de las nuevas formas de trabajo sino que creo también que uno de los nudos gordianos a destrabar, para cualquier  generalización de interés en el trabajo, es abordar la crisis de los cuidados que las compañeras feministas han señalado con mucha fuerza, ya que de lo contrario, trabajar seguirá siendo una experiencia tan desigual para hombres y mujeres”.

Daniela Marzi, partió señalando que a la luz del proceso que dio origen a la Ley 20.940 del 2016, quedó en evidencia que “la política transversal carecía de un pensamiento que valorara la organización sindical y su función en la democracia”. Y ya, en el análisis de la actual pandemia del Coronavirus, dijo que “todos estamos mirando al Estado porque es el único que está en condiciones para responder con una articulación política ante un problema de las dimensiones de la crisis actual, es decir, los que estaban pensando que el Estado estaba al borde de desaparecer, los hechos parecen decirnos otra cosa. Todos los países están mirando a sus Estados (…) el Estado se volvió un actor clave”.

Y siguiendo en esa línea, sostuvo que “hay que entender que el trabajo es un problema que incide en la estructuración social, en la paz social si se quiere, incluso remitiéndonos a la que es, quizá su función más polémica, que es pacificar la sociedad: ¿Cómo el Estado cumple esa función o si va a optar directamente por prescindir de ella? A su cuenta y riesgo, va a tener que definir si es que va a optar por un modelo en que todavía se pueda hablar de ciudadanía social basada en el trabajo o de democracia en la empresa, porque eso es incompatible en la medida de que sigan las propuestas de ley como lo han estado haciendo en los últimos años, porque incluso uno podría decir que el Gobierno de Piñera empezó a desplegar una agenda laboral mucho más intensa de lo que uno habría creído porque en realidad uno dice: ¿qué más se puede precarizar el trabajo?…bueno, siempre se puede más.

En tanto, Ljubetic repasó las estrategias que se han implementado cada vez que se han enfrentado crisis importante que impactan al empleo, señalando que a corto plazo hay un primer momento, sobre el cual debemos estar súper alertas -lo hemos vivido en otras ocasiones- que es que en las salidas de las crisis, los sectores hegemónicos normalmente plantean precarización, flexibilización como una respuesta de urgencia, estableciendo rebaja de estándares a los efectos de facilitar el acceso al empleo y a los ingresos, pero que normalmente terminan siendo situaciones que llegaron para quedarse y se consolidan en la precarización permanente en el formato y marco laboral (…) Una primera reacción hegemónica es que tenemos que responder a esto, generando empleo como se pueda (…) hay un primera respuesta que va a hacer, en nombre del bien común: mira, aquí lo que corresponde es generar empleo de cualquier manera, que la gente tenga acceso algún tipo de remuneración; no nos andemos fijando en formas de protección, en salarios mínimos; lo que importa es que salgamos de la crisis”.

Sobre las nuevas formas de producción y trabajo, Ljubetic comparte la idea de que venían “germinando” hace rato y que la pandemia solo las aceleró e intensificó con el uso de las tecnologías de manera desigual y heterogénea, ante lo cual, planteó la necesidad de redefinir las instituciones del Trabajo: “Es fundamental el esfuerzo para laboralizar esas nuevas instituciones. Creo que lo que no podemos hacer, es rendirnos a esa realidad sin pensar que esa realidad, puede ser abarcada desde el punto de vista de los principios del Derecho del Trabajo, de la protección, de la tutela como cuestiones centrales en una relación esencialmente desigual”.

El seminario concluyó con la exposición de Felipe  Ossandón, quien emplazó a “evitar entender que lo que hemos vivido hasta ahora, ha sido una realidad estática. No es que nos haya llegado una ola de cambios que nos agobia después de 300 años de estabilidad. En realidad, lo que hemos vivido es una permanente sucesión de cambios y de incertidumbres. Por lo tanto, lo que estamos haciendo es transitar en un conjunto de procesos dinámicos que se suceden unos a otros (…) Esta realidad, así como dinámica también era heterogénea y diversa. Y la diversidad de modelos productivos y la diversidad de modelos laborales, no es algo nuevo; es algo que ha estado presente siempre (…) Venimos de una época, donde lo hegemónico ha sido el trabajo industrial (…) pero ha permanecido todo este tiempo, el trabajo pre-industrial y han aparecido las nuevas formas también, conviviendo unas con otras. Lo que pasa, es que nuestra institucionalidad se ha formado bajo una lógica de trabajo industrial, que es distinto (…) Esto es importante, porque si asumimos que vivimos un mundo de cambio y que además esta heterogeneidad está presente, le tenemos menos temor a los cambios y logramos también extraer lo importante respecto de aquello que no es lo más importante”.

Y lo relevante de esto, puntualizó recordando lo que han dicho varios autores las propias empresas, las propias plataformas, realizan todo un discurso y todo un entramado de que estamos ante un mundo nuevo. Y en el fondo, es una excusa para extraerse, para arrancar de la regulación. Y cuando uno empieza a ver que no es tan nuevo, que el cambio tecnológico no es tan nuevo y que, muchas veces, estamos haciendo de manera distintas cosas que hacíamos antes, entendemos que mucha de la regulación que hoy tenemos y de los derechos que hemos conquistados, sí sirven para la nueva realidad. No estamos partiendo de cero”.