Vivimos momentos particularmente complejos, mover la rueda de la historia en dirección a los intereses de la mayoría del pueblo de Chile es la responsabilidad que tenemos.

 Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

Santiago. 29/06/2020. La actual pandemia es según el periodista español Ignacio Ramonet, lo que las ciencias sociales califican de “hecho social total”, en el sentido de ser más que una crisis sanitaria, un fenómeno  que “convulsiona el conjunto de las relaciones sociales, y conmociona a la totalidad de los actores, de las instituciones y de los valores”. Dada la profundidad del fenómeno, algunos aventuran que esta crisis marcará un punto de inflexión en el desarrollo social, en términos que modificará las relaciones sociales y la sociedad misma.

De momento, es casi generalizada la opinión que los Estados no estaban preparados para enfrentar una crisis sanitaria de esta magnitud, con la constatación que las respuestas más deficitarias provienen de aquellos Estados en los cuales su visión ideológica neoliberal les llevó a desmantelar o jibarizar la institucionalidad que garantizaba derechos sociales como la salud o los derechos laborales. Desde el comienzo de la crisis Europa ha registrado más de un millón y medio de contagiados y ciento setenta mil fallecidos producto del Covid-19.

En los EE.UU de América, producto del desacertado manejo de la crisis epidemiológica dada su estructura socio-económica, se concentra el 26 % de los contagiados y el 25,8 % de los fallecidos. Compiten por este desgraciado record naciones de nuestro continente como Brasil, México, Perú y Chile. El virus ha desnudado la incapacidad  del Estado subsidiario propio del sistema neoliberal para proteger a sus connacionales. Las economías no diversificadas, donde se ha privilegiado el capital financiero con una explotación rentista de los recursos naturales renunciando al desarrollo industrial, que fue el modelo impuesto por la dictadura en Chile y seguido como ejemplo por otras naciones de nuestro continente, está cuestionado.

El líder cubano Miguel Díaz-Canel  señaló que “los problemas globales exigen soluciones mancomunadas. El injusto orden económico internacional vigente profundiza la desigualdad y el subdesarrollo; e incrementa la pobreza, el hambre, la marginación y la falta de acceso a servicios esenciales para la vida, como los de salud”. Estas palabras dichas a los 75 años del término de la segunda guerra mundial, pero también a los 70 años de inicio de la guerra de Corea, que durante tres años costó millones de vidas y la hasta hoy división de esa península, adquieren connotación particular en estos momentos. En un informe de este mes de la OCDE (Organización para la cooperación y desarrollo económico) se dice que “entre un 30 y un 40 % de migrantes que antes podían acceder al mercado laboral del Norte esta vez no lo podrán hacer”. El año 2017, fueron cinco millones de personas quienes se incorporaron a la fuerza laboral de los países OCDE. En nuestra América Latina, donde las crisis económicas son periódicas e incluso se habla de décadas perdidas (como la de los años 80 del pasado siglo), en la arista económica la actual pandemia nos afectará directamente en la disminución de las exportaciones y esto agravado por el deterioro de los términos de intercambio, o sea, nuestras materias primas se venderán en un menor valor. La disminución del turismo y la caída en el flujo de remesas son factores también a considerar. Díaz-Canel cuando apunta al injusto orden económico internacional, reivindica la necesidad de integraciones amplias de los países  de nuestra región con el fin de modificar esta situación. A los sectores progresistas y revolucionarios de nuestra América nos obliga a replantearnos interrogantes sobre el esquema económico a propugnar: bajo qué condiciones el extractivismo por ejemplo y entendiendo qué como concepto de desarrollo.

El FMI  en su análisis sobre la marcha de la economía en Chile proyecta una contracción en el crecimiento para el presente año de un 7,5%, en tanto la región en su conjunto tendría un retroceso de un 5%, frente a lo cual el ministro Briones, en un ejercicio máximo de razonamiento, expresó  “este año vamos a ser más pobres”; en tanto Juan Sutil, presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio, opta por despreocuparse de lo que asumimos sabe, de exportaciones, (que ya el año 19 bajaron en un 7,4%) y entra a reforzar a su presidente Piñera en un amplificado debate entre ejecutivo y parlamento; presunto conflicto, porque más allá de evidenciar el rasgo antidemocrático siempre presente en la derecha, lo cierto es que en estos momentos más parece “cortina de humo” para esconder la ineficiencia gubernamental. Mientras tanto, la tendencia marca aumento en los casos acumulados de contagio y la letalidad de los mismos; más de 40 alcaldes piden no suspender a la población los servicios básicos; la Municipalidad de Recoleta presenta una querella  contra autoridades de gobierno por su conducta en el tratamiento de la pandemia, ejemplo que busca ser continuado por otras organizaciones y particulares afectados por la muerte de sus familiares; a la vez que diferentes formas de solidaridad y organización popular surgen para enfrentar esta situación. Vivimos sin duda momentos particularmente complejos, mover la rueda de la historia en dirección a los intereses de la mayoría del pueblo de Chile es la responsabilidad que tenemos.