Falleció un reconocido “comunista por convicción”.

Santiago. 25/06/2020. Lionel Isidro Albornoz Morales, nació el 15 de mayo de 1932 en Santiago, tenía 88 años al momento de su partida. De niño le atrajo la vida de campo, le gustaba montar a caballo y su mejor momento era la trilla, cuando su abuelo lo llevaba a la zona de San Vicente de Tagua-Tagua en la sexta región. Su segunda pasión fue la mecánica: armar y desarmar lo que encontrara; si lo podía arreglar, pasaba a su basto arsenal de herramientas. Fue bombero de la Séptima Compañía, conocedor de cada calle del gran Santiago, amigo de sus amigos, comprador compulsivo de la feria, amigo de los coleros, nunca dejó de usar los lentes característicos que homenajeaban al compañero Presidente, creyente hasta la médula, comunista por convicción.

El año 69,  Santiago Olivares lo contacta para invitarlo a trabajar en la ETCE (Empresa de Transportes Colectivos del Estado), lo conocía por su pericia al volante y por sus conocimientos de mecánica, que perfeccionó asistiendo en las noches a los cursos que se dictaban en la Facultad de Ingeniería de la Chile. De ahí su ingreso al Partido fue rápido, participó de la campaña de Allende siendo parte de los grupos chicos con Lorenzo De la Maza y como encargado de esto el compañero Simón del Regional Capital.

Una vez alcanzado el triunfo popular es designado a tareas específicas, posterior al cumplimiento de esas tareas se le envía a la Corfo, de ahí a trabajar como conductor del ministro Vuskovic,  al igual que de don Orlando Millas. Su gran amigo Popeye, mecánico de emergencia nocturno de la ETCE y el Negro también mecánico, fueron su espacio político, su célula de mecánicos y conductores, Popeye es hasta hoy un detenido desaparecido. Generó lazos de camaradería con Luis Alberto Corvalán, en las largas jornadas de protección de nuestros dirigentes y locales.

El golpe lo sorprende en el local de Teatinos, desde donde es enviado a buscar a un grupo de compañeros/as donde estaba Sola Sierra que se encontraba en una  reunión en el Regional Cordillera, salvaron los controles y se despidieron en una calle cerca de la casa de la compañera. El día 13 o 14  de septiembre en algún lugar se les encomendó la tarea de sacar compañeros/as desde el centro de Santiago: fueron a la ETCE, sacaron un bus que se llenó de gente que iba bajando en distintos puntos, dentro de ese grupo iba un niño de casi 6 años, (Javier) que vio a su padre dejándole frente a la casa de su madre en Catedral y cerrar la puerta con la clásica manilla. Pasaron meses antes de volver a verse.

Desde ese entonces tuvo que sobrevivir, fue exonerado y marcado, nunca más encontró trabajo, pero su pasión por el volante lo convirtieron en taxista de tiempo completo, al igual que un excelente apoyo para distintas tareas en esos aciagos tiempos, desde llevar una carta, una encomienda, hasta el transporte de compañeros como si fuera una carrera. Después de las declaraciones del desertor de la FACH Valenzuela y del asesinato de los tres compañeros en marzo del 85, se crea la célula José Manuel Parada, que reunía a choferes de taxis del sector Las Rejas-Alameda. Allí militó y ayudó en todo lo que pudo. Ahora estará en algún lugar con su madre, sus hermanas, con su hijo Ricardo, con sus compañeros de vida y militancia, con Popeye, el Negro y Enrique Ruz.

Buen viaje.