Hay que resaltar el patriotismo como un sentimiento que no debe confundirse con un militarismo que tanto daño hace a los pueblos.

Joaquín Cortés

Profesor de Inglés. Movimiento educacional “Mario Bahamondes Silva”

26/06/2020. El pasado 9 de junio apareció en el diario oficial una noticia, que fue resaltada por  medios digitales, referida a un decreto que faculta al Presidente de la República para permitir a su Ministro de Defensa establecer en unidades educativas del país instrucción premilitar para las y los estudiantes. Este hecho, como otros, no ha sido comentado en los medios masivos; la tele principalmente. Además, este decreto no consideró, por lo menos, a las organizaciones de profesores, apoderados y estudiantes.

En atención a lo anterior, a muchas personas que superaron los cincuenta años y que tienen buena memoria y que no quieren olvidar, no podemos evitar recordar la experiencia que se tuvo en algunas universidades chilenas en los 70s y 80s y las obligaciones impuestas por las autoridades de la dictadura cívico militar de ese entonces. Por ejemplo, carreras que uniformaban a sus alumnos, lunes en que se realizaban actos matinales en que había que guardar silencio, cantar la canción nacional y escuchar mensajes, bandas de guerra de los estudiantes universitarios que se lucían los domingos en los desfiles semanales, y lo que más llama la atención, es que esas medidas no contaron con poco entusiasmo de parte de los estudiantes. Ellos fueron.

Se dice que la Historia se repite, lo grave es no poder predecir si se repetirá como farsa o tragedia, esto porque, a lo menos, no se puede dejar de establecer un vínculo entre las dos situaciones. Lo parecido o similar es la intención de sectores ideológicos de derecha que ven en la educación una poderosa herramienta que puede ser usada para a lo menos sostener la ideología de la clase dominante; la de promover la obediencia, la disciplina, el castigo en cualquiera de sus formas e incluso el reducir la organización junto con la participación del estudiantado en las movilizaciones por una vida mejor. Como lo advierte claramente una docente chilena en un medio digital, este decreto tiene que provocar una declaración de parte de los dirigentes del magisterio chileno, debido a que un aspecto fundamental de la escuela, se supone así, es su vocación de paz y de respeto por los demás, de hermandad entre los pueblos, de inclusión de los miles de estudiantes de los países limítrofes que hemos acogidos, una escuela que no puede ensombrecerse por voces de mando, de entusiastas personas que consideran que ser patriotas es cantar el himno nacional sin molestar, lo que siendo cierto no representa todo el patriotismo que una persona puede mostrar como amor a su tierra o de ritmos marciales propios de un cuartel y no de la escuela. Tampoco se puede dejar de preguntarse cómo es posible que en estos años en que los profesores han observado una reducción en horas de clases de asignaturas tales como las artes, los idiomas, las humanidades, la actividad física y otras más, se entregue la posibilidad de entregar instrucción premilitar a nuestros estudiantes ¿será que algunos pensarán que esa es la forma de mejorar la disciplina, los rendimientos, las habilidades, las destrezas, el orden y el aseo? ¿será este decreto un intento más de “lavar cerebros” y salvar estudiantes de ideas y sueños foráneos?

Hay que resaltar el patriotismo como un sentimiento que no debe confundirse con un militarismo que tanto daño hace a los pueblos, un patriotismo que demande una mejor vida para la mayoría, que proteja las riquezas naturales de las manos extranjeras o nacionales, un patriotismo que además de emocionarse con la bandera, el himno nacional, tenga la posibilidad de expresarse como el amor de cada habitante por su tierra, su pueblo, su Historia y no ser aprovechado peligrosamente e intencionadamente por ellos, los que fueron y son.