Solidaridad y fotografías vuelan al infinito.

Oriana Zorrilla N. Presidenta Consejo Metropolitano de Periodistas. 24/06/2020. Hoy -24 de junio- a la 7:50 llegó un llamado desde el teléfono de Luis Arnéz, intuí que lo habíamos perdido. Nuevamente ese sentimiento de impotencia ante la imposibilidad de salir al encuentro de Gladys, su compañera y esposa de toda la vida. Nuevamente, un amigo, alguien importante en nuestra vida irá sin compañía, sin cantos ni banderas al encuentro de su residencia final.

Seis, siete u ocho discursos habrían marcado este rito de despedida para describir las huellas indelebles que deja en varias generaciones de periodistas, trabajadores, familiares de detenidos desaparecidos, organizaciones sindicales y de derechos humanos.

Recordaríamos su generosidad sin límites, sus cumpleaños, sus invitaciones a Loncura, sus fotografías de todos y cada uno de los actos grandes o pequeños que cruzan la historia de nuestro país.

Para las distintas generaciones de periodistas Luis Arnéz Montiel siempre fue “el viejo o el pelao Arnéz” aunque -para ser realistas- su aspecto no varió por décadas. Su boina y su cámara colgada al cuello eran reconocidas desde todos los tiempos en actos, reuniones, almuerzos, desfiles y ceremonias convocadas por el Colegio o por el Círculo de Periodistas, los jubilados o los deportivos. En los últimos años, se ayudaba con un bastón, y alegaba porque su visión se iba acortando. No obstante, hasta poco antes de encerrarnos y caer en cuarentena, el reportero gráfico, el compañero, el amigo, nunca dejó de estar en las actividades citadas. Con más y mejor entusiasmo que los más jóvenes. Él siempre estaba con y para su gremio.

A muchos de los que hoy les duele su partida, somos de una generación distinta, nacimos cuando él ya tenía años en el oficio y trabajando por preservar la organización de los periodistas. Se le describe como uno de los más antiguos y queridos “reporteros gráficos”.

Se formó en esa escuela imprescindible del trabajo, cuando aún las universidades no preparaban a los profesionales de la prensa. La experiencia de partir como aprendiz, estar presente a toda hora y actividad que significara darle forma a la edición de los diarios con las mejores noticias, formó a un profesional sólido, solidario, de principios, y cuyo quehacer siempre ha estado al servicio de los demás.

Vivió con intensidad los períodos presidenciales de Carlos Ibáñez del Campo, Jorge Alessandri y Frei Montalva, desde la trinchera de la izquierda trabajando y colaborando con las candidaturas presidenciales de Salvador Allende hasta que se conquistó el Gobierno Popular.

Sin embargo, fue después del Golpe de Estado que se incorporó de lleno a ser dirigente del Colegio y del Círculo de Periodistas. No existe iniciativa solidaria, campaña en favor de los presos políticos, de los exonerados en la que Luis Arnéz no haya jugado un papel relevante. Él supo de cerca los atentados que la dictadura  infringió a los periodistas y a sus familias.

Al revisar su libro “Revelando Historias” publicado hace poco, podemos asistir casi en primera persona a un registro histórico de los últimos cincuenta años de nuestro país. Historias sabrosas, entretenidas, de dolor, de lucha y de esperanzas.

Su lado más lúdico e increíble fue su participación como actor de teatro junto a los añosos, ágiles, divertidos y vitales periodistas del Grupo de Teatro del Círculo. Asumieron su rol como verdaderos profesionales. Sus obras llenas de contenido y humor fueron una iniciativa que a muchos nos dio una lección de vida.

El testimonio de quienes lo conocen da cuenta que el “Pelao” o el viejo Arnéz -como lo llamamos sus amigos- es un hombre bueno que ha hecho de su vida un acto de solidaridad porque ha sido capaz, durante muchos años, de compartir no solo recursos materiales, sino de ofrecer con ternura lo mejor de sí mismo a los viejos, a los enfermos, a los niños disfrazado de viejo pascuero, y a todos quienes recibieron de él un gesto amistosos, y que hoy lo tendrán en su recuerdo y lo despedirán a la distancia con mucho afecto.

Tu solidaridad y tus fotografías hoy se funden en el infinito, querido “Pelao” Arnez.