En medio de sus intentos por conversar y llegar a acuerdos, torpedea relación con el Parlamento y la oposición al querer administrar los trámites legislativos.

Hugo Guzmán. Periodista. 23/06/2020. Un pésimo momento -si hay uno bueno- escogió el Presidente Sebastián Piñera para entrar en una dura confrontación con el Parlamento. Querer restarle potestad sobre el trámite de proyectos legislativos es un nuevo misil que lanzó el mandatario, precisamente en momentos que debería buscar acercamientos, acuerdos y buen trato con legisladores de todos los sectores, dada la magnitud de la crisis sanitaria, social y económica que cruza a Chile.

Surgió el calificativo de “arranque autoritario” frente a un Piñera que quiere formar una comisión que, nada más y nada menos, resuelva cuándo una iniciativa legislativa es admisible o inadmisible.

Es una especie de tronco puesto en el camino de la labor parlamentaria. Por ello, incluso desde Renovación Nacional (RN), partido oficialista, y por cierto desde toda la oposición, se advirtió que esa pretensión del Ejecutivo daña “la independencia” del Congreso y pretende alterar el espacio natural e institucional de discusión de las materias que atañen a la vida legislativa nacional.

El peligro real es que, en el marco de un marcado régimen presidencialista, se inhiba, acote y altere el trabajo legislativo y la proyección y sano desarrollo de proyectos que surjan desde el ámbito del Parlamento que es, por lo demás, uno de sus principales deberes.

La idea de Piñera lleva a que sea el Ejecutivo el que determine de antemano qué se puede discutir y qué no se puede discutir en el Congreso Nacional. Eso no puede estar o no debería estar sujeto a lo que decida un grupo de expertos en una mesa extra parlamentaria.

Se trata así de un nuevo misil, que se suma a la recurrencia por parte de este gobierno, y de la derecha, al Tribunal Constitucional y al veto presidencial -en sus distintas variables- para detener o pretender echar abajo resoluciones democráticas del Parlamento e, inclusive, hacer abortar discusiones, que es el mejor signo de autoritarismo.

El Presidente puede tener su opinión respecto a las iniciativas y proyectos de ley, pero de ahí a conformar una mesa para determinar qué llega o no llega a tratarse, hay un trecho.

En un panorama donde, por ejemplo, el oficialismo hace hasta lo imposible para que no avance el proyecto posnatal y, al mismo tiempo, agiliza la promulgación de una nueva ley de Inteligencia.

Desde su propio sector salió el argumento cuestionador de la comisión que desea formar el mandatario. Diego Paulsen, presidente de la Cámara de Diputadas y Diputados y militante de RN, afirmó que “el Congreso es un poder independiente del Ejecutivo. La única sede donde se debe discutir cualquier enmienda al proceso de admisibilidad de los proyectos de ley, es el Congreso Nacional”.

La presidenta del Senado, Adriana Muñoz, sostuvo que con su propuesta, Sebastián Piñera “plantea un conflicto con el Parlamento, porque desconoce atribuciones y facultades, legislación interna que tenemos en las dos cámaras para la tramitación de los proyectos”.

Así las cosas, en medio de la crisis amplia y profunda que vive el país, el mandatario introduce otro factor de confrontación y tensionamiento, con un misil que se le puede convertir en un boomerang, cuando quiere lograr acuerdos y dice estar dispuesto a escuchar.

De materializarse la comisión que desea instalar Piñera, el clima negativo persistirá y la polémica con legisladoras y legisladores se prolongará.

Colocando un ingrediente muy complejo precisamente a la tramitación de proyectos de ley, algo que parece que el mandatario quiere ahora administrar.

El tema es que si desiste, el gobierno estará ante otro importante error no forzado. Ese es otro factor: los entrampamientos que se generan desde La Moneda.

Mientras tanto, la oposición hizo ver que continuará con su agenda legislativa.