“El cambio que postulamos y que Chile requiere es cualitativo y no mera adopción de reformas intrascendentes. El país no necesita más de lo mismo, sino un modelo alternativo de desarrollo”.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

Santiago. 22/06/2020. Cuando todos los indicadores de medición de la crisis sanitaria en curso han sobrepasado largamente las predicciones, incluso las que en un momento se consideraron alarmistas, y queda nítida la irresponsabilidad e ineficiencia del diseño de gobierno para enfrentarla, el Partido Comunista una vez más reitera que “es urgente la respuesta integral y coordinada para enfrentar la actual crisis” para lo cual “lo primero y fundamental es asegurar las condiciones sociales y económicas para que todas las personas puedan cumplir adecuadamente las cuarentenas”  llamando a “ la apertura al diálogo, y a la participación efectiva y democrática del mundo social, sindical, académico y otros, en la construcción de una respuesta de salida a la pandemia”. Los doce mil millones de dólares concordados entre el gobierno y algunos sectores opositores, en el estilo de los acuerdos de elite predominantes en estos últimos treinta años, son una respuesta tardía y de innecesaria mezquindad para atender las necesidades de un amplio sector de la población que padece loa efectos de esta pandemia.

Una explicación del qué  justifica la conducta del gobierno, es el apego dogmático de la derecha a un neoliberalismo que no sólo fracasa en Chile, sino en el mundo, para enfrentar situaciones como la actual. Son cada día más las voces que afirman que el tema de fondo está dado por el sistema neoliberal y en consecuencia la necesidad de cambiarlo. Y esa es la contradicción central que el Partido Comunista ya enunciaba en su XX Congreso el año 1994 “ El objetivo central que planteamos al pueblo es la conquista de una democracia verdadera. Con los gobiernos de la Concertación sólo se ha superado una determinada forma de dominación: la dictadura militar…realizar la Revolución Democrática en Chile es la idea motriz del presente”.

Cuando en una sociedad como la chilena se enlazan dos crisis, el alzamiento popular a contar de octubre y la actual pandemia con sus futuras consecuencias, lo que está en discusión es el modelo que mejor resuelva ambos fenómenos. Y frente a eso y nuevamente recurriendo al documento base de nuestro XX Congreso, decimos: “Los comunistas jamás hemos descartado la utilidad que puedan tener los cambios graduales, las reformas en determinadas circunstancias…siempre nuestra política ha tenido un hilo conductor: ensanchar la democracia tras la meta ulterior de construir el socialismo en nuestra patria”. Sin embargo, en la actual coyuntura “El cambio que postulamos y que Chile requiere es cualitativo y no mera adopción de reformas intrascendentes. El país no necesita más de lo mismo, sino un modelo alternativo de desarrollo”.

Planteamos con propiedad y oportunidad esta tesis ya el año 1994, cuando optamos “por levantar una alternativa independiente, sosteniéndola y desarrollándola, a conciencia que escogíamos un camino difícil”. Durante toda una primera etapa en estos 30 años la misión principal fue mantener las banderas del cambio social, luchando ante lo que en aquel momento definimos como “la persistente negativa a recurrir al plebiscito para permitir a la ciudadanía expresar su voluntad (que) ha dado como resultado la transición más reaccionaria de todas las que han tenido lugar en América Latina”. Fuimos apartados de los espacios de representación pública, buscando aislarnos y destruirnos. Reivindicamos la necesidad de la existencia de una izquierda transformadora y levantamos la candidatura de Gladys a la presidencia del país, reformulamos nuestro enraizamiento en el movimiento popular, en lo que denominamos el viraje hacia el mundo social, que no olvidemos estaba en grado significativo coaptado por la gobernante Concertación; transcurrida esa etapa iniciamos la lucha por superar la exclusión, que contrariamente a lo aparente, no sólo afectaba a los comunistas, como lo demuestra la última elección parlamentaria. Derrotar la exclusión, a través de acuerdos por omisión primero, nos llevó a constituir Nueva Mayoría y con esa coalición, participar del poder ejecutivo, en una experiencia sin duda valiosa cuya síntesis está en construcción.

Hoy es otro el momento. El plebiscito que sentará las condicionantes bajo las cuales se elaborará una nueva constitución y los procesos electorales subsiguientes, determinarán en grado significativo el tipo de sociedad que viviremos las próximas décadas. Quienes optamos por más democracia como la manera de superar al neoliberalismo tenemos hoy, incluso en las difíciles condiciones generadas por el distanciamiento social, la tarea de construir correlaciones de fuerzas que permitan superar la dominación económica política de la minoría entronizada en el poder. Así lo entienden much@s. Son cada día menos las fuerzas políticas que desean aparecer vinculadas a acuerdos con este gobierno, son cada día más l@s chilen@s que participan de diferentes orgánicas populares, como lo fue este fin de semana el Encuentro de Unidad Social de la región Metropolitana. Esos son buenos indicadores a preservar y desarrollar.