El pueblo quiere soluciones, no lábiles acciones populistas, ni intrascendentes cambios ministeriales.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

Santiago. 19/06/2020. Sin duda la Humanidad está atravesando por una entropía ecológica, principio de otra posible gran pandemia, que puede poner en gravísimo riesgo la salud humana por la  destrucción de la naturaleza impulsada por el capitalismo bárbaro y cruel.

La prosaica confusión capitalista ha llegado a límites que bordean la absoluta incompetencia e ignavia mental. Sus adláteres y apologistas nacionales no tienen la iniciativa ni la capacidad para diseñar, menos estructurar, estrategias políticas y económicas que favorezcan las necesidades fundamentales de una gran mayoría que subsiste inmersa en la injusta pobreza, más aún en esta época tan insólita donde la economía sufre una fuerte contracción global. Tampoco han tenido el más mínimo criterio para separar lo económico de lo social, menos comprender que este sistema es rechazado visceralmente por una clase trabajadora que observa con ira como los dueños de las grandes fortunas mantienen incólumes su situación de privilegio.

En este contexto, el actual gobierno no puede tener el descaro de hacer un llamado urgente a todas las fuerzas políticas para formar un entramado de protección social, cuando jamás ha mostrado el menor interés para auxiliar a los trabajadores, esquilmados y desprotegidos económicamente durante décadas. No se puede siquiera inventar una nueva adjetivación para decir que es un gobierno ineficiente y poco valorable por su esterilidad social. La buena política se hace llegando a buenos  acuerdos que legitimen soluciones integrales y seguridades irredargüibles. Ergo, nadie puede negar que la izquierda consecuente ha dado muestras, humilde e inteligentemente, de un tenaz pragmatismo político, pues siempre ha defendido con entereza y certeza a aquellos que viven sin derechos. Como conglomerado visionario y unitario deberá impulsar reformas orgánicas para transformar la actual superestructura económica, cuya meta será satisfacer equitativamente las necesidades esenciales de los trabajadores, administrar correctamente los bienes públicos y planificar el gran proceso de estatización de todas las empresas estratégicas. Por ahora, el gobierno está naufragando en un ponto errático que está hundiendo al país en la más absoluta incertidumbre política.

El pueblo quiere soluciones, no lábiles acciones populistas, ni intrascendentes cambios ministeriales. Un claro ejemplo es la mortecina respuesta gubernamental al descalificar con argumentaciones simples y banales el gran proyecto tributario impulsado por Karol Cariola y otros diputados (as) de la real oposición democrática. Excusas no hay. Solamente hay desprecio hacia la clase desposeída por parte de un sistema económico ilegítimo. Hay que tener muy presente que el oficialismo está inmerso en una escalada de contradicciones, manipulaciones y equivocaciones, acaso parte de una estrategia que impida la realización democrática del Plebiscito. Solamente una Nueva Constitución terminará con el dominante capitalismo en nuestro país, tan virulento e inmoral, que se puede hasta traducir como una feroz pandemia económica que ha destruido y denigrado los derechos laborales de los trabajadores. El capitalismo no privilegia lo humano, ni comprende el sentido mismo de la vida, menos de la muerte.

A la memoria del Dr. Enrique París Roa, militante comunista, compañero silenciado, jamás olvidado.