La situación es no saber el plazo de término de la actual crisis que no es sólo sanitaria, es también social, económica, y profundamente humana.

 Carlos Poblete Ávila

Profesor de Estado

 19/06/2020. Aunque los citados vocablos suelen ser sinónimos, bien vale reiterarlos y no por tautología. Nuestro léxico social por estos días ha experimentado mutaciones. Los medios de prensa y la comunidad abundan en el tema viral, otros asuntos son laterales, excepción sea hecha del brutal asesinato de George Floyd en Estados Unidos, y el reguero de justas manifestaciones contra el racismo en ese país y en el mundo. La higiene, la salud, la medicina hoy son palabras y conductas más universales, y en hora buena que así sea siempre.

Suele decirse que ninguna persona quiere o desea enfermar, salvo el que fuma, bebe alcohol en exceso y se droga, o hace otras imprudencias -siempre en los seres humanos hay excepciones como las nombradas -. Obviamente que existen las patologías ingénitas, en ellas no cuenta la acción volitiva.

La actual pandemia (ya hicimos mención al origen del término) sorprendió al mundo. Se ha declarado que ningún sistema estaba preparado para hacer frente a la enfermedad. Ningún gobierno y aparato sanitario tenían los medios para afrontar el maligno ataque de la siniestra acción del virus. Hasta hoy lo evidente es la insolvencia de dichos sistemas y organismos. Los infectados en el mundo suman millones y no pocos son los fallecidos. En algunos países la precariedad es aún mayor, ni siquiera existe capacidad en los cementerios para dar digna sepultura a quienes han perdido la vida.

La situación todavía más de preocupar es no saber el plazo de término de la actual crisis que no es sólo sanitaria, es también social, económica, y profundamente humana y que dejará largas secuelas. El remedio, la vacuna  todavía están en fase muy exploratoria.

La pasada II Guerra Mundial dejó 60 millones de muertos en los campos de Europa, fue ese el escenario principal aunque las consecuencias las sufrieron también pueblos de muy distantes otras latitudes. No siempre las comparaciones son justamente válidas, pero esa conflagración mundial fue también una pandemia provocada por el virus humano, por las patológicas ansias de poder.

En esta ocasión los seres humanos más directamente expuestos a la funesta acción del virus que vuela, camina, navega  y se instala, son los funcionarios de los servicios de salud de Chile y del mundo. Han enfermado, estado en cuarentena, y varios son los fallecidos. Enfermeras, médicos, funcionarios administrativos, personal de lavandería, de aseo y choferes conviven en cada instante con el serio riesgo de contraer contagios.

A ellos como sociedad debemos respeto siempre por su abnegación.