No nos debería sorprender la incompetencia del gobierno encabezado por el presidente Piñera para enfrentar las diversas tareas de gobierno.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

Santiago. 14/06/2020. No nos debería sorprender la incompetencia del gobierno encabezado por el presidente Piñera para enfrentar las diversas tareas de gobierno, así como tampoco la orientación pro gran empresariado que es la rúbrica de su gestión. Lo sucedido las últimas semanas, está dentro de estas lógicas y es mostrativo del grado de desaciertos al que pueden llegar las decisiones de los transitorios inquilinos de La Moneda. La semana pasada, con la habitual fanfarria circense propia de la derecha gobernante, se anunciaba una reestructuración del gabinete. La intrascendencia es el adjetivo que mejor califica dicho acto. Pero sólo días después, una ya cuestionada Ministra Santelices renuncia a la dirección del Ministerio de la Mujer al hacerse evidente otro error mostrativo de su torpeza y para concluir la semana es el portaestandarte de las políticas para enfrentar la actual crisis sanitaria el defenestrado. Dos cambios reales de encargados de ministerios a días del ajuste ministerial oficial.

Las razones para destituir a Mañalich sobraban ya la semana en la cual Piñera anunció su ajuste de gabinete. Su reconocimiento del desmoronamiento de su “castillo de naipes”, como calificó a las políticas de salud que con patronal soberbia impulsó desde el MINSAL para combatir la pandemia; el rechazo de la opinión pública que lo sindica, con base sólida, como uno de los principales responsables de la alarmante aceleración en los contagios y fallecidos;  la manipulación de los datos que dan cuenta de la situación sanitaria, sea por ocultamiento, modificación dolosa u otra vía, imposibilitando aquilatar la real dimensión de la crisis sanitaria que enfrentamos, hacen fundamentada su remoción. ¿Alguna de estas condiciones variaron en esos pocos días transcurridos entre el trivial cambio ministerial y su salida? Una muestra más de la improvisación con la cual actúa este gobierno.

Algunos han dicho que era esta una de las condiciones que exigió el menguado pero definitorio grupo de partidos opositores que negociaron con el gobierno, lo que en un primer momento se llamó Nuevo Acuerdo Nacional y que concluyó siendo el “Marco de Entendimiento para el Plan de Emergencia”. De ser así, un premio de consuelo que brinda al gobierno la oportunidad de desprenderse, disminuyendo los costos internos, de quien se había convertido en un lastre. ¿Y del Marco de Entendimiento? Medidas que apuntando muchas de ellas en un sentido correcto de mitigar los efectos de la actual crisis, lo hace sin embargo tímidamente, en la cantidad de recursos que considera y los favorecidos con dichas medidas. Para lo que no puede servir, es para exculpar al gobierno en su retraso de meses para tomar medidas paliativas, todas las cuales están casi en su estricto ámbito de atribuciones.

Lo que también está claro es que la derecha, desde sus diferentes frentes, busca utilizar esta crisis sanitaria, social y económica para intentar retomar el control político, perdido a partir de octubre, utilizando por ejemplo las mayores facultades que tiene desde el gobierno para condicionar la vida de nuestr@s compatriotas. Este intento se acentuará en estos momentos, cuando la pandemia está alcanzando un peack en su extensión y lo más probable es que se prolongue más allá de dos meses. La derecha juega con la posibilidad de redefinir los cronogramas electorales, partiendo por el plebiscito que busca superar la actual ilegítima constitución. Parcialmente resignados a que no ser confiables para acuerdo nacional alguno, buscarán vía parlamentaria aprobar una ley de inteligencia, que lo que menos tiene es de dotar al Estado de un instrumento válido para la toma de decisiones y confunde al limitar la función inteligencia a mecanismos de control social vía represión. La ausencia de legitimidad política para encabezar la lucha contra esta pandemia y las posteriores tareas de recuperación económica y social, les lleva cual ventrílocuos, a recurrir a algunos de sus comunicadores sociales con teorías tan variadas como que la gente es la responsable de contagiarse, hasta amplificar diferendos limítrofes, como el existente en la zona austral del país, con el fin de darle a este enclenque presidente un liderazgo nacional que no tiene.

En este cuadro la alternativa anti-neoliberal avanza, con dificultades pero con la certeza que los problemas que enfrentamos puntualmente no los resuelve un cambio de ministro, contrariamente a lo que parece creer algún personero que habita en el mundo opositor. El documento que circula bajo el nombre de Pliego del Pueblo requiere hacer camino en el movimiento social mismo. Las diferentes coordinaciones, llamadas bloques, en las cuales se organiza Unidad Social, son espacios legitimados de construcción de proyectos populares que deben conversar con los sectores políticos afines, sin duda con Chile Digno, aunque no en exclusividad. Como en otros momentos, el pueblo superará la actual desgraciada situación. Lo que nos corresponde a los sectores políticos que buscamos representarlo, porque somos parte de él, es orientar hacia caminos de desarrollo más favorables a los intereses de las mayorías, para lo cual es imprescindible, y el pueblo lo debe así entender, superar el actual modelo de desarrollo.