En Quilicura se instalaron a comienzos del mes de abril, siendo en la actualidad más de una decena las que se desarrollan a diario, repartiendo almuerzos y onces.

Karen Medina. 05/04/2020. En Chile se denomina “olla común”​ a una instancia de participación comunitaria cuyo fin es colaborar con una alternativa en favor de las personas que no tienen resuelta la necesidad básica de comer. Se han manifestado en diversos períodos de la historia chilena en situación de crisis económica y social. Dolorosamente ahora también, con la “crisis del hambre” expresada durante la pandemia. Durante las últimas semanas, las ollas comunes han vuelto a las comunas del Gran Santiago y el país, producto de las consecuencias de un modelo económico que precariza el empleo y las respuestas del gobierno frente al coronavirus, que favorecieron al empresariado en detrimento de las y los trabajadores.

La disparada cesantía desde marzo a la fecha y la merma en las remuneraciones de miles de trabajadoras y trabajadores ha significado un alto impacto social en las familias chilenas, que incluso no tienen resuelto una necesidad vital y un derecho humano básico: la alimentación. Hoy ya no alcanza. Como respuesta, cientos de organizaciones sociales a lo largo del país han retomado la práctica de la olla común como una iniciativa que permita paliar el hambre que azota hoy a miles de familias chilenas que ya no tienen su ingreso. Y en situación de cuarentena obligatoria por contingencia sanitaria, tampoco pueden recurrir a un empleo informal temporal.

La olla común en Chile se conoce desde el siglo pasado. Aparecen en tiempos de gran crisis para resolver la necesidad de comer, como también para organizar la denuncia social. En tiempos de dictadura de Pinochet eran organizaciones territoriales de  subsistencia, creadas  producto de las condiciones sociales y políticas, y una extrema pobreza que calaba a miles de familias cesantes. Han vuelto a aparecer a lo largo de todo el país, en cientos de iniciativas. Las voluntarias y voluntarios recolectan la donación de alimentos y preparan los almuerzos diarios. Los comedores populares han sido reemplazados por la entrega de cada ración en marmitas o recipientes desechables, cumpliendo con las medidas de prevención del Coronavirus.

Comunidad se organiza

En Quilicura las ollas comunes se instalaron a comienzos del mes de abril, siendo en la actualidad más de una decena las que se desarrollan a diario, repartiendo almuerzos y onces, especialmente a la comunidad más golpeada por las consecuencias de un país sin medidas de protección laboral, y las decisiones económicas del gobierno de Piñera en la misma línea durante esta pandemia.

Compuesto por dirigentes y líderes sociales de Quilicura, el Comité de Cesantes recorre la comuna hace ya varias semanas, gestionando los casi 300 almuerzos que se reparten los días miércoles y sábado en diversos sectores de la comuna. La labor es recolectar mercadería y cocinar. A las 13:30 horas se reparte la comida dos veces por semana principalmente a familias de cesantes, además de adultos mayores y personas “en situación de calle”. También se instala el “ropero popular”, un stand de vestuario  y zapatos usados y en buen estado para donar a quien los necesite.

“Veníamos trabajando desde antes en el Comando Apruebo Chile Digno, y en la misma línea la olla común es nuestra respuesta activa a las carencias por las que está pasando nuestro pueblo y  porque creemos que se debe vincular con más fuerza el sentido de una nueva Constitución, trabajo y salud pública para todos y un país más justo”, señala Alberto Vilches, integrante del Comité de Cesantes, quien comenta que “ya hemos recorrido los sectores de Rigoberto Jara, Villa El Descanso, El Mañío, Pascual Gambino, Cardenal Raúl Silva Henríquez, Padre Hurtado, San Fernando, y nos preparamos ahora para visitar el sector Valle de La Luna”.

En efecto, el desempleo y la inexistencia de una política de protección en favor de las y los trabajadores ha sido una de las grandes causales de la crisis del hambre en Chile. La mal llamada Ley de Protección al Empleo (21.227) promovida por Sebastián Piñera ha dado pie a despidos masivos, los que afectan a 400 mil trabajadores ya a fines de marzo. La misma normativa ha permitido la alternativa de la suspensión de la relación laboral de otros cientos de miles de trabajadores que hoy -en reemplazo de su remuneración- reciben como pago el monto del seguro de cesantía. Si ya eran bajos los sueldos de las familias chilenas, la “alternativa” que  permite esta ley ha traído altos costos sociales en las familias de las jefas y jefes de hogar que no tuvieron otra alternativa que aceptar “el acuerdo” con su empleador.

“Si bien la olla común no resuelve el problema de fondo, es una medida de organización gestionada por la propia comunidad  para enfrentar el hambre, también hay que solucionar los problemas de fondo” manifiesta el concejal de Quilicura Víctor Cubillos. “Por ejemplo, la entrega de las cajas de mercaderías solo viene a ser un calmante momentáneo ante la necesidad de la gente, que según lo proyectado, los problemas sociales irán aumentando en el tiempo y no terminarán el día que se controle la pandemia”. Mientras entrega almuerzos por mano, Cubillos agrega que “debe eximirse el pago de servicios básicos, apoyar a los emprendedores, y promover las políticas públicas para frenar la cesantía e impulsar los pequeños emprendimientos y que se garantice de verdad más oportunidades de empleos estables y sueldos dignos”.

 

 

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