Gracias a Gracia, el dolor y la dignidad podían escucharse con la suavidad de las brochas, pinceles y a veces con las manos, que entonaban los cuadros.

Nelson Rodríguez Arratia. Doctor en Estética y académico Facultad de Artes UAHC. Tal vez, el cuadro que recorra estos días, en la despedida de Gracia Barrios (1927)  sea su óleo sobre tela con la apariencia de rostros diseminados en la forma reconocible de nuestro vapuleado continente (Sin título (América) de 1971)*. No pocos cuadros en la obra de Gracia aparece la diseminación como esa forma de reconocer aquello que dejamos escapar, dejamos de ver o bien, a lo que nos volvemos indiferentes. Diseminados, también, porque aparecen anunciando en la inmensidad del espacio, de la cultura o de la geografía, una denuncia, un relato por el que a fragmentos o a voz baja, resuena un dolor en el pálpito de un corazón. En el tiempo.

¿Son rostros diseminados? No. Gracias a Gracia son los nombres, por los que se comprende la tierra. Son los hombres, las mujeres, los niños y niñas, que sostienen el nombre de la tierra, del continente y de Chile. Gracias a Gracia, la dignidad fue instalada con una voz sencilla, humilde y casi silente. Gracias a Gracia, el dolor y la dignidad podían escucharse con la suavidad de las brochas, pinceles y a veces con las manos, que entonaban los cuadros. Gracias a Gracia, los colores, todos hechos desde la tierra, el don se vuelve carne, en los rostros diseminados,  pues no es el negro, ni el rojo, sino el barro y la sangre. No es la violencia; es el viento que entra en el alma, para derribar la modorra de los burgueses.

Gracias Gracia. Mujer, madre, esposa, amante, acaso la labor de quien pude llamarse artista. Tierra, carne, sangre; Luz, viento y trinos que se alejan y que vuelven en la voz de los que luchan, en la voz de los que caen; en la voz de los que encienden, en la voz de los que duermen; en los cuerpos  que abrazan, se abrazan a nuevos caminos, como los cuerpos que despiertan en semillas. Semillas de mujer despiertan este día de tu adiós, Gracia, porque tu obra levanta la voz de los que sufren.

Gracias, Gracia. Porque tu obra no cesa de ser política, no descansa ni se cansa en cada uno de los conflictos sociales o culturales por los que la condición humana, se vuelve el centro de tu obra, de tu palabra, de tu corazón y de tu esperanza. El arte aún tiene en Gracia, el don de ser contexto, de ser espacio en el límite de una frontera y a un paso de lo universal. El arte en Gracia, aún tiene en sus caminos, la gracia de ser historia, por la historia y para la historia.

Nosotros profesores, en el arte, en la estética; en la filosofía, en la historia y en la lengua, te agradecemos Gracia, por enseñarnos el arte de hacerse pálpito de las horas, con la suavidad de las manos que se dejan seducir por la tela de un texto; de un discurso para levantar a los caídos, a los que sufren; para levantar la lucha sin encender los fuegos.