Como en tiempos pretéritos, son momentos de lucha contra las injusticias flagrantes a las que el régimen capitalista somete a la mayoría de chilenos y chilenas.

Rolando Álvarez, historiador y académico USACH. 4/06/2020. El Partido Comunista de Chile cuenta con una historia centenaria, cuya trayectoria puede ser considera una síntesis de los altos y los bajos que han tenido las luchas populares en nuestro país. Surgido como Partido Obrero Socialista a mediados de la década de 1910, sus primeros años se caracterizaron por la agitación en los principales centros de concentración de obreros, como en el Norte Grande, Santiago y Valparaíso. Huelgas, represión y muerte marcaron a fuego a la primera generación de comunistas, que lucharon en una época que no existían mayores leyes que protegieran a la clase obrera. También batallaron por copar los espacios político-institucionales, para ocuparlos como tribuna para denunciar el latrocinio y la corrupción del sistema político oligárquico. Esta etapa se cerró por la lucha y debates en torno a la naciente legislación laboral y la dictadura de Ibáñez, que se extendió por cuatro años

De esta manera, el Partido Comunista inició la primera de sus tres etapas de existencia clandestinas, que suman en total la impresionante cantidad de más de 30 años fuera de la ley, o sea casi un cuarto de su periplo histórico. Los recuerdos de la clandestinidad caracterizan la memoria histórica de distintas generaciones de comunistas. Así, son tristemente célebres nombres como Pisagua, Villa Grimaldi, Chacabuco o Ritoque, o lugares como calle Conferencia; o nombres de planificaciones asesinas, como la “Operación Albania”. Cientos de hombres y mujeres pertenecientes a las filas del partido y la juventud comunista dejaron algunos de sus mejores años en la prisión, o vieron cegadas sus vidas.

En la décadas de los años 30 y 40 del siglo XX, el Partido Comunista luchó por lograr la unidad del movimiento sindical, tarea que tuvo grandes logros, como cuando a mediados de la década de 1930 se conformó la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH). Pero también conoció de reveses, cuando en 1946 esta se dividió, debido a diferencias irreconciliables con los socialistas. Además, el PC en estos años jugó un importante papel en la elección de los gobiernos de los “frentes populares”. Gobiernos cruzados por contradicciones como la de reformar el capitalismo y contener al movimiento obrero, de todos modos consiguieron importantes logros para las clases subalternas. Se crearon sistemas de seguridad social, que sin embargo dejaron pendientes las problemáticas de las mayorías. La represión en tiempos del mandato presidencial de Gabriel González Videla, reflejó la incapacidad del sistema de dominación de dar respuestas a las demandas populares.

A partir de la década de 1950 y hasta 1970, el Partido, de la mano de la figura de Salvador Allende, comenzó a recorrer el “camino de victoria” que representó la llamada “Vía Chilena al Socialismo”. La gran originalidad de la izquierda chilena durante esas décadas, fue su capacidad de pensar un camino al socialismo que respetara “las vías nacionales”, como señalara en esa época el líder comunista italiano Palmiro Togliatti. A diferencia de las guerras civiles, como la de Rusia o China, o de la lucha armada, como en Cuba, el movimiento popular chileno cristalizó un proyecto histórico basado en sus tradiciones políticas, en el que intentó conjugar en un mismo momento socialismo y democracia. Este proceso convirtió a las fuerzas políticas de izquierda (reunidas en el Frente del Pueblo, el Frente de Acción Popular y finalmente la Unidad Popular), en una corriente con una gran capacidad hegemónica. Recuperada la legalidad en 1958, el Partido Comunista comenzó a experimentar el ciclo más exitoso de su historia, que se clausuró a sangre y fuego la mañana del 11 de septiembre de 1973.

Durante esta “década de los sesenta” larga, el Partido saltó de bordear el 10% al 17% de apoyo electoral. Esto se expresó en la conformación de una significativa representación parlamentaria, de alcaldes y regidores.  Por otra parte, se convirtió en la primera fuerza en el movimiento sindical, expresado en la presidencia de la CUT y los ministros del trabajo durante el gobierno de la UP. El Partido Comunista fue un activo protagonista del naciente movimiento de pobladores, disputando palmo a palmo su conducción a la Democracia Cristiana. Algo similar ocurrió en el movimiento campesino. A fines de los sesenta, las Juventudes Comunistas se convirtieron en la primera fuerza del poderoso movimiento estudiantil universitario, capitalizando su participación fundamental en la reforma universitaria. Un punto aparte, pero clave para explicar la influencia de la izquierda chilena en la época, fue su importante presencia en el mundo de la cultura. Con portaestandartes de la talla de Pablo Neruda y Víctor Jara, las letras, la artes, la música (docta y popular), la danza, el teatro…En fin, la cultura en su más amplio sentido, supo de la presencia de los y las comunistas. Toda esta capacidad, se canalizaba a través de un medio de prensa cotidiano de circulación nacional (“El Siglo”), una editorial (“Horizonte”), que sacaba libros y revistas (como Vistazo, Ramona o Mayoría), de gran calidad periodística.

Los años de la Unidad Popular, con sus luces y sombras, fueron el momento en donde se desplegó la historicidad de un pueblo. Y los militantes comunistas se fundieron en esa lucha, escribiendo páginas cargadas de historia, lucha, proyecto y afán por una sociedad más justa. Aspiración que, lejos de ser solo nacional, estaba salpicada hasta las raíces del internacionalismo proletario, representado por el pueblo de Vietnam, Cuba y personajes como la activista afroamericana Angela Davis, que visitara nuestro país durante los “mil días” de la Unidad Popular.

Los aciagos años de la dictadura fueron ese tipo de etapas que condensan historicidad. Por un lado, su larga estela de crímenes de lesa humanidad, dejaron una huella indeleble sobre la memoria popular. Ni perdón ni olvido es la consigna que resume la voz del pueblo ante las masivas violaciones de los derechos humanos cometidas contra algunos de los mejores hijas e hijos de nuestra tierra. Esta fue la única forma de detener la avalancha popular que construía un nuevo Chile. Por otro lado, el recuerdo de la lucha contra la dictadura dejó ejemplos imborrables de héroes anónimos, que unieron sus fuerzas primero para resistir y luego rebelarse. Para los comunistas fueron años dolorosos, por las irrecuperables pérdidas humanas, las fracturas familiares y la derrota de la Unidad Popular. Pero también fueron de reflexión y aprendizaje. Llegaron los tiempos de la “Rebelión Popular”, la que planteaba que todas las formas de lucha servían para terminar con la oscura noche de la dictadura pinochetista. Desde la persona que escondía la prensa clandestina en su casa, la que daba cobijo a la luchadora perseguida, pasando por el joven poblador o estudiante que hacía barricadas contra la represión, hasta los combatientes patrióticos que, con armas en la mano, lucharon por la libertad del pueblo. Todas las formas de lucha, que por cierto incluían la unidad política y social amplia con sectores democráticos, tal como ha sido la vocación histórica del partido, caracterizaron el quehacer de la militancia comunista en aquellos durísimos años.

Terminada la dictadura, el Partido Comunista fue una de las primeras y pocas voces políticas que planteó que la nueva etapa democrática, no cumplía los cánones mínimos para considerarla como tal. Por ello, nuestro partido señaló que en Chile existían solo “espacios democráticos”, pero la tarea de la recuperación de ésta seguía pendiente. Periodo marcado por el fin del campo socialista y cambios epocales desde el punto de visto de  la cultura y el modo de vida, el Partido Comunista realizó una larga travesía en el desierto. Marginado de espacios institucionales como el Parlamento, se hizo fuerte en las organizaciones sociales. A pesar de la ideología dominante basada en supuestos consensos en torno al ordenamiento capitalista neoliberal, la lucha popular nunca dejó de presionar a los de arriba. Trabajadores, estudiantes, pobladores y diversos sectores ciudadanos se siguieron organizando por sus derechos. Y como ayer, ahí estuvieron los militantes comunistas.

La historia más reciente del país ha vuelto a contar con el Partido Comunista protagonizando batallas políticas y sociales. Desde las históricas movilizaciones del año 2011 hasta el gobierno de la Nueva Mayoría, la militancia comunista siguió luchando en distintas esferas. En el gobierno, el partido por primera vez logró ser parte desde el inicio al fin de un gobierno. Con notables éxitos y pero también con deudas y tareas pendientes, constituyó una gran momento de pedagogía política para la militancia.

Este nuevo aniversario de los comunistas nos encuentra en uno de los momentos más singulares de la historia republicana de Chile. Han pasado un poco más de 6 meses del más grande y prolongado estallido social del que tengamos memoria. Además, estamos sufriendo una de las pandemias globales más importantes de los últimos cien años. Como en tiempos pretéritos, son momentos de lucha contra las injusticias flagrantes a las que el régimen capitalista somete a la mayoría de los chilenos y chilenas. De aprendizajes y puño apretado. De reflexión y búsqueda de una alternativa que agrupe a las mayorías. Momento para pensar una sociedad distinta, tarea que en el Partido Comunista tiene 108 años de historia.

 

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