No tiene más que celebrar sino la persistencia de sus avisadores, la publicidad engañosa, la propaganda de la derecha y las grandes empresas que reparten utilidades.

José Luis Córdova

Periodista

Santiago. 02/06/2020. El Mercurio, vocero del empresariado, los monopolios, las transnacionales y la derecha política y económica de nuestro país cumplió 120 años de existencia, no interrumpidos siquiera cuando el cruento golpe militar de 1973 alteró la historia de la República y terminó con la democracia en nuestro país y cuando se clausuraron todos los medios de comunicación en Chile. Sigue mintiendo y engañando como entonces.

Con la hipocresía que lo caracteriza, el diario de la familia Edwards recuerda en su aniversario las palabras de Enrique Mac Iver a inicios del siglo pasado: “Me parece que no somos felices; se nota un malestar que no es de cierta clase de personas, ni de ciertas regiones del país, sino de todo el país y de la generalidad de los que lo habitan. La holgura antigua (?) se ha trocado en estrechez; la energía para la lucha por la vida, en laxitud; la confianza en temor; las expectativas en decepciones. El presente no es satisfactorio y el porvenir aparece entre sombras que producen intranquilidad”.

Esas palabras resuenan aún con mayor fuerza desde el 18 de octubre pasado -y mucho antes- sin que el “decano” de la prensa chilena siquiera lo reconociera o advirtiera y francamente hiciera oídos sordos a las consecuencias de la implantación de un cruel modelo socioeconómico, político y cultural que trastocó la identidad de los chilenos con la odiosa preminencia del mercado, del lucro, del individualismo, el consumismo y la inequidad en el seno de nuestra sociedad.

El Mercurio es precisamente el adalidad de este mensaje de egoísmo, insolidaridad, negacionismo que es imprescindible desterrar de nuestro presente y futuro, apenas superada la actual pandemia y para abrir paso a un país diferente y mejor, con mayor participación, pluralismo, verdad y confianza en las instituciones y en legítimos representantes elegidos por el pueblo a partir de una nueva Constitución política del Estado.

El proceso constituyente, que pareciera mantenerse en suspenso en medio de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, debe seguir su marcha inexorable para erigir nuevas instituciones y autoridades en un marco realmente democrático que deje atrás la rémora de la carta magna fascista de 1980.

El propio Mercurio reconoce la pérdida de confianza en las instituciones -fuerzas armadas, poderes del Estado, credos religiosos, actividad empresarial- ha puesto de relieve el viejo y a menudo ignorado conflicto entre las clases sociales; entre los ricos y pobres se ha pretendido erigir una supuesta “clase media”, pese a que el actual modelo neoliberal la mantiene en vilo entre la indigencia, la pobreza y cierto inestable bienestar sin ningún equilibrio.

Un nuevo modelo de desarrollo económico nacional, el aseguramiento de nuestra soberanía, la recuperación de nuestros recursos naturales y la defensa del medio ambiente, así como la reducción de las brechas de desigualdad son temas que el diario de la familia Edwards ignora intencionada e interesadamente.

En realidad El Mercurio no tiene más que celebrar sino la persistencia de sus avisadores, la publicidad engañosa, la propaganda de la derecha y las grandes empresas que reparten utilidades, pagan poco o eluden impuestos con sus pingues ganancias, mientras la inmensa mayoría sufre las consecuencias de la desocupación, la carestía, la falta de puestos de trabajo y las dificultades para sobrevivir de talleres, pequeñas empresas, oficios y trabajadores que, naturalmente, no tienen tribuna en las páginas del decano que cumple 120 años de vida. Nada que festejar.