El frágil “acuerdo nacional”. En ascenso los problemas de los trabajadores. La expansión de la crisis sanitaria.

Equipo ES. 29/05/2020. El frágil “acuerdo nacional”

En su peor momento durante el estallido social del año pasado, el gobierno y la derecha recurrieron a la posibilidad de un acuerdo con sectores de la oposición para salvar la profunda crisis que vivían. En parte lo lograron, cediendo al plebiscito por una nueva Constitución. Hoy la derecha gobernante vive el peor momento de la pandemia del coronavirus y de crisis social y retoma la misma iniciativa: buscar un acuerdo con sectores de la oposición, presentarlo -dicen que será dentro de dos semanas- como un logro y sortear la contingencia, al menos.

Ahora, la carta del oficialismo sería ceder en aspectos de política financiera y económica, dar curso a algunas ideas opositoras sobre medidas sociales, quizá dar pasos reales en protección del empleo y encarar modificaciones en las estrategias para encarar la crisis sanitaria. Claro que esas áreas fueron establecidas desde el gobierno, en dos reuniones efectuadas a inicios de esta semana entre el Presidente de la República, varios ministros de su gabinete y presidentes de colectividades de la derecha. Es decir, en lo sustancial, el “acuerdo nacional” como lo denominó el mandatario, estaría fijado por la agenda gubernamental.

En el primer encuentro entre representantes de unos partidos y tres ministros, se llegó a plantear la renuncia del ministro de Salud, algo que en teoría podría ceder La Moneda para buscar más sustento a su acuerdo.

Pero en la forma en que se diseñó esta estrategia gubernamental, puso fuera de cualquier posibilidad de convenio a una parte significativa de la oposición política y, seguramente, a la inmensa mayoría de representaciones del mundo sindical y social del país. Es difícil pensar que el acuerdo al que quiere llegar el gobierno, por ejemplo, incluya las determinantes y profundas propuestas hechas este viernes por el Partido Comunista, el plan de emergencia planteado por la CUT, las medidas surgidas de Unidad Social y de otras organizaciones de la sociedad civil.

Un tema no menor es que todo apunta, con el posible consenso de algunos partidos de la oposición, a no tocar la estructura vigente en el país y que las medidas sigan en el ámbito de bonos, ayudas parciales y acotadas en el tiempo, elevación probable de financiamiento de algunos planes y, en el mejor de los casos, un desembolso mayor del Fisco y recurrir a ciertos endeudamientos.

A eso se añade que, de nueva cuenta, el gobierno y particularmente Sebastián Piñera, apuestan al consenso, al convenio, en base al esquema político binominal, donde la hegemonía la tienen directivas de los partidos de “Chile Vamos” y de la ex Concertación, con el agregado de algunas organizaciones del Frente Amplio, menos que las del acuerdo del año pasado.

Es cierto que el Partido Comunista dio sus razones, lo que incluyó hacer llegar propuestas al Ejecutivo, para no participar de la agenda de gobierno, pero hubo varias colectividades políticas, inclusive con representación parlamentaria, que no fueron convocadas por La Moneda. Menos de la mitad de partidos políticos con cierta representatividad nacional y regional, son los que están en la mesa que puso Piñera.

Una gran duda que asoma, es por qué el gobierno no recurrió a alcanzar acuerdos en el Parlamento, que es donde se pueden aplicar leyes, sacar proyectos y tomar medidas formales en ámbitos económicos, laborales, sociales. ¿Será porque sabe que lo que tiene en mente no tendrá mayoría y por eso recurre a un acuerdo queriéndolo avalar con la firma de presidentes de algunos partidos?

Una vez más, las principales representaciones sociales, sindicales y ciudadanas del país no fueron tomadas en cuenta por el gobierno para el logro de un “acuerdo nacional”, lo que implica un tremendo contrasentido, dadas las circunstancias. No considerar a la sociedad civil e insistir en pactos entre directivas de partidos, es un error que se repite.

En realidad, como lo señaló el presidente del oficialista partido Renovación Nacional, la idea es avanzar rápido y en lo sustancial con las colectividades de derecha y de la ex Concertación. Ahí consideran que están los poderes necesarios.

Para el oficialismo todo lo anterior puede constituir fortalezas de su plan de acción política y el posible “acuerdo nacional”. Pero dista mucho de ser nacional, amplio y fuerte. Es más, varias de las características del plan, pueden indicar la fragilidad del acuerdo y que no termine más que en humo en lo estratégico y con medidas apenas paliativas, pero sin profundizar en resoluciones muy concretas y macizas para enfrentar la crisis sanitaria, social y económica.

En ascenso los problemas de los trabajadores

En la contingencia nacional un tema que golpeó duro, aunque era previsible que llegara, fueron las noticias del desempleo que crece en todo Chile. Eso parte importante de la crisis social que se va extendiendo en el país y que tuvo un sensible botón de muestra en las protestas de varias comunas populares por falta de alimentos y ayuda gubernamental.

El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informó que de 7% de desempleo que venía sostenido hace tiempo, ahora se pasó al 9%, con varias regiones en que se elevó a más del 10%. La Universidad de Chile entregó un informe que ubicó en un 15% la subida de la cesantía en el Gran Santiago. Junto a eso, la CUT y centros académicos y de estudio, plantearon que en realidad, considerando todos los factores y realidades de gente que perdió su empleo, la cesantía en Chile estaría afectando en estos meses a entre un 15 y un 20 por ciento de la fuerza laboral total nacional. Eso acercaría a dos millones de asalariados sin trabajo. Hay que considerar a los trabajadores  que “mantienen vínculo” con su empleador, pero sin recibir sueldo, que llegaron a un 44%, una cifra elevadísima y que también da cuenta de cientos de miles de personas en una situación precaria.

Más de medio millón de trabajadores y empleados están sujetos a la Ley de Protección del Empleo, es decir, que siguen en las empresas pero sin recibir salario y durante algunos meses tendrán el seguro de cesantía que se paga con sus ahorros.

Todo esto se traduce en cientos de miles de familias donde no hay ingreso, o hay un sueldo bajo que durará unos meses, donde no hay fuente laboral y el apoyo del gobierno no llega o llega para resolver un mes o cuando mucho dos meses para alimentarse y pagar algunas cuentas. Eso se traduce en precariedad social, en problemas de abastecimiento, de supervivencia, deterioro profundo de la calidad de vida y en hambre.

A diferencia de otros países, finalmente en Chile no hay un diseño de mantención del empleo con preservación del sueldo, de subsidios que permitan bajar la tasa de cesantes y menos garantizar ingresos permanentes no solo para los sectores más vulnerables, sino para sectores de trabajadores y de la llamada clase media. Es posible predecir lo que ocurrirá cuando los bonos de hoy comiencen a desaparecer o se demuestre que le aportan a un sector minoritario de la población.

Obviamente que en este cuadro se instala entre los trabajadores no sólo el miedo al contagio del coronavirus, a enfermarse y no contar con la atención adecuada, sino el temor a perder el empleo, a dejar de tener salario y a vivir una crisis en el hogar por no poder pagar cuentas, el arriendo, los colegios, y poder abastecerse adecuadamente, sobre todo de alimentos.

La expansión de la crisis sanitaria

No es menor que Chile haya llegado al mismo número de contagiados de Covid-19 que China. Nuestro país tiene alrededor de 18 millones de habitantes y la nación asiática mil 300 millones. Y llegando a la última semana de mayo, se haya registrado un aumento dramático de fallecidos por día. Son miles los que tienen la enfermedad de acuerdo a los reportes diarios de las autoridades de Salud, pero surgen análisis de proyecciones de contagios, algunos situándolos en más de 400 mil a nivel nacional.

La capacidad de camas críticas y ventiladores mecánicos -como se sabe, clave para la sobrevivencia de pacientes en extremo graves- está en la Región Metropolitana en alrededor del 90% lo que para muchos expertos es tener la capacidad copada. Más de cien pacientes habían sido traslados a hospitales en regiones, en una medida útil y necesaria, pero eso podría afectar las condiciones fuera de la capital.

Escuchar las noticias, los análisis, las proyecciones, los informes, las vocerías de las autoridades, de médicos y especialistas, describe un panorama de extrema gravedad en Chile en las semanas que vienen. El enorme miedo es que colapse la capacidad de atender a los enfermos más graves y no atender adecuadamente a pacientes que puedan estar fuera de peligro de muerte pero muy afectados en su organismo.

Por eso aumentan los llamados a que el gobierno cambie la estrategia, que podría contemplar cuarentena en regiones como Valparaíso y extenderla en tiempo en las comunas metropolitanas, reforzar fiscalizaciones y cordones sanitarios, que se tomen recaudos para contar con más ventiladores mecánicos e insumos, y se hagan esfuerzos por detectar a los contagiados. Hay otras medidas tan importantes que están en el nivel de los médicos, los científicos y expertos. El tema es que se sigue criticando que el gobierno no escucha y también se analiza que quizá ya sea tarde para algunas decisiones.

Es obvio que todo está concentrado en buscar iniciativas, planes y soluciones para estas largas semanas de expansión de contagios, fallecimientos y enfermos, en potenciar las capacidades hospitalarias, de insumos y ventiladores mecánicos, y generar un ambiente colaborativo que ayude a la eficacia.

Pero también es evidente que aquí anidan responsabilidades respecto a decisiones tardías, de falta de medidas previsibles, de motivaciones positivas que hicieron daño al combate de la pandemia, de equivocadas estrategias, de mal diseño de planes, que en algún momento se tendrán que asumir.