“Gobierno teme descontrol de pandemia y un estallido social”. “Busca generar un acuerdo, que haga corresponsable a la oposición de un camino errado y fracasado”.

Hugo Guzmán. Periodista. 29/05/2020. “Los llamados a la unidad de Piñera y del gobierno solo los realizan cuando se sienten débiles”.

“Su obsesión ha sido derrotar, usando la coyuntura de la pandemia, el 18-0 y la protesta social”.

“Si en lugar de la soberbia y el exitismo se hubiese dedicado a construir confianzas desde un comienzo quizás estaríamos en otro escenario”.

“En el caso chileno la pandemia se superpone a un movimiento social inédito en su fuerza y masividad”.

“Dentro de la pandemia comienza a gestarse una reorganización del mundo popular”.

Psicólogo, magister en Ciencias Políticas, académico de la Universidad de Chile y reconocido columnista en medios de prensa, Ernesto Águila Zúñiga desmenuzó el llamado a “acuerdo nacional” realizado estos días por el Presidente Sebastián Piñera, abordó el contexto de la pandemia del coronavirus y el inmenso impacto social, la manera que desde la base social se encara la organización y participación, y se anima a señalar que se vendrá una protesta social en el escenario actual del país.

¿Cómo ves, desde el punto de vista de estrategia política, este continuo esfuerzo de Sebastián Piñera por llegar a pactos o acuerdos entre el oficialismo y la oposición?

Creo que los llamados a la unidad de Piñera y del gobierno solo los realizan cuando se sienten débiles y necesitan hacer corresponsable a la oposición de situaciones o decisiones difíciles o derechamente erradas. El gobierno creyó que podría controlar la crisis sanitaria o que maquillando un poco las cifras de contagiados y fallecidos podría mostrarse exitoso. En esa fase de delirante exitismo el gobierno no pensó en ningún acuerdo, sino solo en monopolizar para sí cualquier logro. De paso su obsesión ha sido derrotar, usando la coyuntura de la pandemia, el 18-0 y la protesta social que allí emergió como del proceso constituyente. O por lo menos acotarlo y neutralizar sus potencialidades transformadoras lo más posible. El gobierno llama ahora a un diálogo o a un acuerdo porque su diseño sanitario ha fracasado de manera dramática y las políticas económicas y sociales no están a la altura de la crisis que se está viviendo con alto desempleo, pérdida de ingresos, y el regreso de situaciones de miseria y hambre que se creían ya olvidadas en nuestra historia.

No es un llamado sincero por tanto…

El gobierno sabe que se vienen semanas muy duras, siendo el colapso del sistema de atención de salud de pacientes críticos inminente. La cesantía ya ha escalado a casi un 16%. El gobierno teme dos cosas: el descontrol de la pandemia y un nuevo estallido social. Erró el camino del diseño sanitario, las llamadas “cuarentenas dinámicas” sin ningún sustento exitoso en la experiencia internacional. Y en lo económico-social la renuencia a asumir el verdadero costo económico de una estrategia sanitaria rigurosa. Ante este evidente fracaso, el gobierno busca generar un acuerdo, o quizás solo una  foto, que haga corresponsable a la oposición de un camino errado y fracasado, y que como nunca en política hoy significa vidas humanas, en el más estricto y literal sentido de las palabras.

¿Hay una base mínima que debería poner la oposición?

El presidente Piñera y el gobierno tiene un serio problema de credibilidad. Si en lugar de la soberbia y el exitismo se hubiese dedicado a construir confianzas desde un comienzo quizás estaríamos en otro escenario. Una primera condición es una real autocrítica del gobierno y el reconocimiento del fracaso del diseño sanitario y económico social que se ha seguido. Otro mínimo es relevar de su cargo al Ministro de Salud quien acaba de reconocer que todo su diseño se derrumbó como un “castillo de naipe” y colocar una autoridad sanitaria creíble, que dé espacio y escuche a la comunidad científica y a las organizaciones profesionales y de trabajadores de la salud. Un rediseño profundo, por tanto, de la estrategia sanitaria. En lo económico social es clave una Renta Básica Universal de Emergencia que permita a las familias tener un ingreso fijo por el tiempo que duren las medidas sanitarias que impiden o dificultan un normal funcionamiento de la economía. Un apoyo estatal real -y no mediado por la banca- para las micro y pequeñas y empresas, y para los trabajadores sin contrato y a honorarios. En definitiva, asumir una efectiva protección social frente a la crisis sanitaria y su impacto en el empleo y los ingresos.

¿Seguirá la política dependiendo de la pandemia? ¿Qué otros flancos o ámbitos deberán estar presentes en estos meses o durante el año?

En el caso chileno la pandemia se superpone a un movimiento social inédito en su fuerza y masividad como fue el 18-O. La pandemia interrumpe dicho movimiento en apariencia, pero solo en apariencia porque la pandemia radicaliza y visibiliza las lógicas excluyentes, la desigualdad y el abuso de esta sociedad neoliberal que se ha construido. La manera desigual en lo sanitario y en lo social con que golpea la pandemia constituye una didáctica dramática y feroz sobre la sociedad actual. Además, la pandemia transciende a una crítica al neoliberalismo y pone en evidencia un modo de vida y una relación con la naturaleza completamente inviable. El otro telón de fondo es el proceso constituyente. No hay que perder de vista que los llamados actuales a un acuerdo nacional tienen en la mira la desarticulación, o a lo menos, acotar al mínimo la posibilidad que el proceso constituyente signifique un cambio sustantivo en lo económico y en lo político. Pandemia, 18-O y proceso constituyente son tres componentes íntimamente interrelacionados en esta coyuntura.

Muchos analistas y personeros políticos hablaron de la existencia de “varias oposiciones”. ¿Cómo miras esa caracterización? ¿Dónde ves el papel de la oposición ante la pandemia?

Sí, yo veo a lo menos dos oposiciones y seguramente hilando más fino podrían observarse más de dos oposiciones. Veo, por un lado, un bloque antineoliberal y progresista y, por otro, lo que algunos han bautizado como el “partido del orden”. El primer bloque se encuentra desarticulado, hay esfuerzos importantes como el reciente “Pliego Popular” firmado por varias organizaciones políticas y sociales, y otras iniciativas. Pero es una oposición aun desarticulada y fragmentada. Por otro lado, el “partido del orden” comenzó a reorganizarse más activamente hace unos meses en torno a neutralizar el 18-O y ahora se muestra especialmente solicito en torno a los llamados a los acuerdos con el gobierno. Un revival de esa vieja política lo vimos recientemente en el acuerdo Insulza/Desbordes. Es la vuelta a una política elitista, a una idea de la política prescindiendo o subordinando a la sociedad y sus demandas. Pueden existir ciertas acciones y pronunciamientos puntuales del conjunto amplio de la oposición, pero me parece claro y saludable una clarificación entre estas dos oposiciones y en consolidar en esta etapa un Bloque histórico por los cambios en la dirección de la superación del neoliberalismo y de un nuevo modelo de desarrollo. Cualquier acuerdo o pacto social a futuro debe ser en torno a una superación del neoliberalismo, un pacto social postneoliberal.

Surgieron las ollas comunes. Hay diversas manifestaciones, de vecinos, de los trabajadores de la salud. Se producen muchos encuentros ciudadanos, comunales, de diversas organizaciones sociales y políticas, a través de las redes sociales. ¿Cómo ves la instalación del movimiento social en este período, en sus formas de expresión, de participación, de protesta?

Lo que primero que se pensó es que la pandemia interrumpiría la movilización social del 18-O. En un primer momento ello ocurrió, pero lo que se ha visto es que dentro de la pandemia comienza a gestarse una reorganización del mundo popular. Creo que la base de esa reconfiguración es la construcción de iniciativas y redes para enfrentar la subsistencia económica y la demanda de alimentación. Se comienza a estructurar una economía solidaria desde la base y de manera territorial. Ante la mínima o derechamente ausencia del Estado, solo queda la organización, solidaridad y autogestión comunitaria para enfrentar el difícil momento económico y social que están viviendo las familias chilenas.

¿Crees que estamos ante una crisis social de envergadura, en desarrollo?

Es una crisis masiva e inédita. La abrupta paralización de la economía en el marco de una sociedad caracterizada por la precariedad de las condiciones de vida y del trabajo, donde casi la mitad de los asalariados trabaja sin contrato, a honorarios o con “contratos basura”. En una encuesta reciente casi un 70 por ciento de los entrevistados señalaban que estaban preparados para resistir sin ingresos no más de un mes, y muchos viviendo al día o a la semana. Hay muchas movilizaciones y protestas desde hace algunas semanas. Toda una realidad de descontento social que transcurre fuera de los medios de comunicación de masas. Creo que vamos hacia un escenario de una creciente protesta social dentro de la pandemia. Una protesta social incluso más desesperada que la del 18-0.

¿Se abre desde ahora lo que será una disputa de proyecto para salir, sobre todo cuando amaine en algo la pandemia, de la crisis económica y social?

Lo que uno observa de los otros países es que de la pandemia tarde o temprano se sale. Tuvimos la gran oportunidad de observar como esta se desarrollaba y cuáles eran los mejores modelos para enfrentarlos. Se desperdició esa oportunidad y ahora la pandemia será más masiva y letal de lo que pudo ser. Al prolongarse la pandemia se ha extendido la crisis económica social y será más tarde que temprano el inicio de un plan de recuperación económica. La pandemia ha dejado al descubierto las injusticias, abusos e irracionalidades de nuestro modelo de vida y económico. Ese modelo está protegido constitucionalmente, por lo que retomar el proceso constituyente es clave y emergerá con más fuerza cuando la pandemia vaya siendo superada. Los malestares del 18-O no solo retornarán, sino que no se habrán ido en esta etapa, porque la manera de vivir la pandemia reproduce esa sociedad precaria contra la que se rebeló la ciudadanía en octubre pasado. También emergerá una fuerte conciencia medioambiental y creo que este obligado uso intensivo de la comunicación virtual puede traducirse en una revalorización de formas de vida y de comunicación más humanas y personales. Cierta crítica y escepticismo se puede instalar ante una forma de vida tan dependiente tecnológicamente, acelerada. Esta sociedad de la explotación y la autoexplotación, esa forma de vida en que todos andan siempre cansados.  Paradojalmente puede renacer una cierta nostalgia de comunidad y de una vida más pausada, frente al individualismo y una competencia depredadora como forma de vida previos al 18-O y la pandemia.