“La respuesta de nuestros vecinos fue hermosa, si bien hay mucha necesidad, también hay mucha solidaridad. Entre todos levantamos esto”.

Carlos Contreras. 27/05/2020. En la emblemática población “Ángela Davis”, en la populosa comuna de Recoleta, saben de sufrimientos. Desde brutales represiones policiales hasta la pobreza como paisaje diario.

Pero lo que caracteriza a las poblaciones populares, con arraigo en tomas y sufrimientos colectivos, es la solidaridad. En el mismo momento en que se empieza a sentir el olor a la pobreza de la pandemia, rebrota el olor a los porotos con rienda de los años 80. En esos años se ocupaba leña para para cocinar, hoy se usan cocinas de gas. Pero son los mismos fondos para preparar la comida que saciará el hambre de hoy. Es la misma solidaridad de siempre entre pobladores.

El Centro Cultural, Social y Deportivo “Isaac Tapia” y la Junta de vecinos “Ángela Davis” deciden unirse a las iniciativas de ollas comunes. Nos cuenta Joceline Parra, presidenta del Centro Cultural: “Vemos a diario la necesidad de nuestros vecinos y vecinas debido a la pandemia. En su mayoría vendedores ambulantes o trabajadores ocasionales, muchos resultaron despedidos de sus trabajos, mal llamados suspendidos”. Estas condiciones, más las que ya se han acumulado por años de desigualdades, dan el triste resultado de una explosión de hambre.

“La respuesta de nuestros vecinos fue hermosa, si bien hay mucha necesidad, también hay mucha solidaridad. Entre todos levantamos esto, ya sea con la donación de un kilo de pan, hasta alguna malla de papas o cebollas. Al comienzo era una Olla Común a la semana y actualmente son cinco veces en que se reparten almuerzos.”

Entre todos armaron la cocina; una vecina pone al gas, otro pone las ollas, el fogón. Además, buscan la participación de los pobladores, que cooperen en la iniciativa y así poder replicar la Olla Común en otro sector. Quieren vencer las barreras del individualismo, pero saben que el sufrimiento descubre las raíces haciendo brotar la solidaridad. Se necesitan muchas manos para seguir avanzando, son alrededor de 200 raciones diarias y van creciendo, así como el hambre del pueblo va creciendo. Para muchos es el único alimento del día.

Todos los días llegan pobladores con su olla a retirar su ración. A los que se encuentran contagiados, o no pueden salir de sus hogares, se les lleva a su casa, en porciones individuales para cada miembro de la familia, evitando así los contagios intrahogares. Hasta en eso han pensado los organizadores de la olla común “Ángela Davis”. La gente que trabaja en la preparación de la comida se protege “con lo que tenemos al alcance, mascarillas, guantes, si tenemos trajes los ocupamos y si no, vamos igual y llegamos a ‘sanitizarnos’ a casa (nos rociamos con amonio cuaternario)”.

Al final de la jornada, los integrantes de la cocina popular se retiran a sus casas, con la tranquilidad y la felicidad de haber dado una batalla más. “Seguiremos dando la lucha, pese a la fatal respuesta de este gobierno que nos quiere ver muertos y sumisos. La pobla organizada, jamás será aplastada”, nos despide Joceline.

Foto: Luis González Herrera