Desde su origen, ligado a las clases populares. Perseguido en varias oportunidades, vivió etapas de clandestinidad. Sigue dando la lucha por existir.

Daniela Pizarro Amaya. Periodista. 2020. Es uno de los periódicos más antiguos del país y es uno de los que más escollos tuvo que saltar. Desde sus inicios en 1940 estuvo ligado a la prensa obrera como fiel heredero de “El Despertar de los Trabajadores”, fundado por el líder sindical Luis Emilio Recabarren. El Siglo luchó firme con filosa pluma junto al Partido Comunista (PC) y también juntos vivieron varias etapas de clandestinidad. La primera comenzó el 14 de julio de 1948, cuando se clausuró la publicación por la Ley Maldita (Ley de Defensa de la Democracia) que promulgó Gabriel González Videla para proscribir al PC. En ese minuto empezó una persecución más no una rendición, como dijeron en su tiempo integrantes del equipo del periódico. Para reemplazarlo, la organización de la hoz y el martillo editó desde el 10 de septiembre de 1949 el periódico “Democracia”, que circuló sin explicitar su adscripción para evitar una nueva clausura. Solo en su última edición, en 1952, se reconoció como órgano del PC. El Siglo, como tal, reapareció oficialmente el 25 de octubre de 1952.

Con el tiempo se consolidó como un diario que abarcó todos los temas de interés para la sociedad, como deportes, cultura y espectáculos y por cierto el énfasis estuvo siempre en la política y los trabajadores. El periodo bajo el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, tampoco fue muy tranquilo, ya que en innumerables ocasiones hubo censura, allanamiento de oficinas, persecución y detención de sus periodistas.

Sin embargo, poco a poco el diario se fue transformando en “el primer activista de la revolución chilena”, como se le denominó en los tiempos de la Unidad Popular, y fue precisamente en esta época cuando adquirió su más alto esplendor. Más de 29 mil ejemplares diarios eran los que vendía El Siglo, todos bajo el arduo trabajo de la Imprenta Horizonte. Era el segundo más exitoso después de El Clarín que llevaba la punta con 220 mil ejemplares. Tal era el impacto de El Siglo como periódico que fue bautizado como “el cañón de largo alcance”.

Pero los buenos tiempos terminaron con la histórica portada: “¡Cada cual en su puesto de combate!”. Esa edición del 11 de septiembre de 1973 marcó el inicio de otro periodo de clandestinidad para la prensa de izquierda y para El Siglo, que nuevamente vivió la clausura. Durante un tiempo se llamó Unidad Antifascista. Contra todo pronóstico, el periódico siguió circulando en diferentes formatos aunque con una frecuencia esporádica. Sus periodistas y trabajadores sufrieron detenciones, persecución, exilio, torturas y algunos fueron asesinados. En dictadura el ingenio fue el protagonista entre los miles de militantes que minuciosamente se dedicaron a replicar y distribuir los textos que autodidactas y reporteros escribieron en las sombras.

En septiembre de 1989, el periódico volvió a salir como publicación legal hasta la actualidad. Pasó por etapas como diario, como semanario y hasta la fecha como publicación mensual.

Ya en los tiempos de la democracia no fueron las balas y la censura los que pusieron en jaque la existencia del periódico, sino que fue el difícil financiamiento. Decenas de publicaciones, medios progresistas, de izquierda y alternativos bajaron sus cortinas por culpa de un sistema impuesto en Chile que no garantiza la pluralidad en la información, ni la equidad, por ejemplo, en la distribución del avisaje estatal que en más del 80% de va a dos consorcios periodísticos empresariales y privados. La supervivencia es una de las tareas más arduas en estos tiempos para la prensa popular.

También el periódico tuvo que dar respuesta al desarrollo de las nuevas tecnologías, y hace unos años reactivó su Portal Web y hace un tiempo inició un modesto esfuerzo en las redes sociales. También operó cambios de avance en su diseño y formato informativo y analítico en la edición impresa. Se hace un esfuerzo en la producción y reproducción de videos. Son algunas de sus nuevas trincheras.

Luis Emilio Recabarren llamó a la prensa popular a jugar un papel en la ilustración y organización de los trabajadores. Así llega “el cañón de largo alcance” a sus 80 años. Activo y vigente, sin perder de vista esos valores que los obreros tipógrafos impregnaron desde el inicio: la soberanía informativa, una prensa alternativa y emancipadora, la voz de los sin voz, una opción ante la prensa hegemónica y conservadora, un periodismo popular, militante y creador.