Ese mensaje de doble agenda para la contradicción y la confusión desde gobierno hacia la población en torno a la pandemia, es también rentabilizado por los medios de comunicación.

 Sergio Reyes

Doctor en Comunicación

Santiago. 07/05/2020. El relato del gobierno durante las últimas semanas ha sido, pensadamente, contradictorio y confuso, lo que ha empujado a la población a un abismo sanitario y de recesión económica, del que costará mucho recuperarse.

Sobre estos argumentos del gobierno, ha dado cuenta el ministro de Salud, Jaime Mañalich, quien a la hora del balance sobre las víctimas de la peste, entrega a la población licencias y necesidades de acciones colectivas, (como salir a comprar empanadas), absurdas y torpes, que ha precipitado en un aumento notable de contagios a nivel nacional, y de paso, ampliar la doble agenda del Ejecutivo.

Esa doble agenda, ha permitido al gobierno atentar en contra de la estabilidad política y económica de la Nación, y desde ese punto de vista, interferir incluso en procesos democráticos electorales.

Aquello, claramente permite iniciar un proceso de debilitación de la confianza y de las emociones de los ciudadanos, ¿y cómo?: al ministro lo han transformado en la puerta de acceso a la información de primer nivel, sustentado en la propagación individual de las políticas neo-liberales que crean incertidumbres, dado el discurso de un padre represor, pero, ausente.

Hoy, ese mensaje de doble agenda para la contradicción y la confusión desde gobierno hacia la población en torno a la pandemia, es también rentabilizado por los medios de comunicación a través de lo que Mañalich maneja satisfactoriamente: Mercantilización de las emociones; Así, los medios de comunicación se apropian de los afectos y emociones inestables desbordados en tiempo de la peste “sentimentalizándola”; lo mismo que hace a su vez Mañalich, como un padre vacío.

En otras palabras, tanto emociones como afectos son vinculados, y unidos re-torcidamente, tanto por el ministro de salud, como asimismo por la televisión, y la lógica de la pandemia la transforman en el espectáculo, y en la “sentimentalización”  de lo público.

La “sentimentalización” de lo público lo hemos encontrado en declaraciones y mofas de Donald Trump o de Jair Bolsonaro, por ejemplo, quienes han negado el cambio climático y otros horrores del neo-liberalismo a su antojo.

De la misma manera, más allá del método de análisis cuantitativo, en Chile se duplican las víctimas del corona-virus, lo que concluye en una politización del asunto sanitario para buscar conexiones de rentabilización, tanto de la televisión, como del gobierno.

Así las cosas, la televisión y sus matinales entregan durante toda la mañana los fundamentos y acentos del discurso del ministro de salud y del gobierno, dada la concentración medial, en donde dedican muy poco tiempo a la información, más bien se dedican a la estructuración de una única mirada sobre el problema sanitario y económico, y su posible solución.

Ahora la salida, según las autoridades, y que replican los medios, está puesto en que los costos de la crisis deben ser pagados por “todos”, ese “todos”, es un eufemismo bañado en sesgo ideológico y manipulación, discurso que finalmente tiene mucha resonancia y correspondencia con el público auditor, debido al amplio impacto de la crisis sanitaria, (control y poder) y especialmente respecto de la “disonancia cognitiva social”, es decir, cuando el televidente considera los contenidos emitidos por los medios más cercanos a sus creencias preestablecidas; ponerse la camiseta.

En ese sentido, la cultura del consumismo y de la emoción son muy cercanas a la población, por tanto, los argumentos del gobierno, y que la televisión refleja, son sólo para ser confirmados por el auditor televidente, lo que es finalmente la peste y/o el control de Mañalich y su gobierno.

 

 

 

 

 

 

 

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