La pandemia puede frenar la globalización e incrementará el nacionalismo, acrecentará el papel de los Estados y la rivalidad entre las potencias mundiales

Enrique Moreno Gimeranez. Granma. 2020. Además de sus graves consecuencias humanitarias en el planeta, la Covid-19 impactará inexorablemente en el sistema internacional. La actual coyuntura representa, quizá, el mayor desafío para la civilización humana desde las dos guerras mundiales, e incluso, tal vez, por sus dimensiones y el número de actores implicados, sea el mayor reto de nuestra especie en los últimos siglos, en aras de su propia supervivencia.

La situación actual que vivimos no tiene precedente en los 75 años de existencia de la Organización de Naciones Unidas, propaga el sufrimiento humano, infecta a la economía a nivel global, donde los trabajadores de todo el mundo podrían llegar a perder hasta 3,4 billones de dólares en ingresos, y pone en riesgo la vida de las personas, manifestó António Guterres, secretario general de la ONU. “Nuestro mundo se enfrenta a un enemigo común. Estamos en guerra con un virus”, declaró.

En efecto, esta pandemia puede atentar contra avances alcanzados por la comunidad internacional en materia de desarrollo y reducción de la pobreza.

El nuevo coronavirus perjudicará la ya debilitada economía mundial y, al mismo tiempo, tendrá un saldo negativo para las economías nacionales. Sus efectos ya se patentizan en pocas semanas: mayor caída del precio del petróleo desde 1991 (llegando a 22 dólares por barril en la referencia estadounidense, además del pulso de precios entre Arabia Saudí y Rusia), desplome generalizado de las bolsas de valores con cuantiosas pérdidas (Wall Street cerró el 20 de marzo su peor semana desde 2008) y enormes afectaciones a los sectores del transporte y del turismo.

A su vez, frenará la globalización e incrementará el nacionalismo, acrecentará el papel de los Estados y la rivalidad entre las potencias mundiales. Pero más allá de sus primeros índices negativos, ¿qué otras secuelas puede tener la Covid-19 en la economía planetaria?

El costo financiero

La disminución de la demanda en China -potencia económica mundial-, el cierre de industrias y la cuarentena de la población, decisiones que han tomado paulatinamente otros países, han provocado la reducción de los precios de las materias primas, la interrupción de las cadenas de producción, la disminución de los flujos comerciales a nivel internacional, la pérdida de ingresos y de rentabilidad, y mayores dificultades para cumplir las obligaciones del pago de la deuda.

Recientemente, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena, explicó que la economía regional será impactada en varias áreas, como las exportaciones, el turismo, los suministros, el precio de los productos y la inversión. De acuerdo con pronósticos iniciales, la Covid-19 provocará un aumento de la tasa de desempleo de hasta un 10 %, la pobreza podría alcanzar a 220 millones de personas (creciendo en 35 millones de pobres en la región más desigual del mundo), la actividad turística caribeña puede contraerse hasta un 25 % y el Producto Interno Bruto regional (PIB) tiene una contracción estimada de -1,8 %.

Otro fenómeno a tener en cuenta en América Latina y el Caribe será el temor a invertir, a raíz de una “mayor ‘aversión al riesgo’ por parte de los inversores y el empeoramiento de las condiciones financieras mundiales”, indicó la Cepal.

“Necesitamos repensar todo, la economía completa. Necesitamos una nueva visión para centrarnos en cómo hacer frente este escenario tan difícil que tenemos por delante”, expresó Alicia Bárcena.

Solidaridad vs. unilateralismo en las relaciones internacionales

Queda claro que, ante semejantes desafíos planetarios, la solidaridad es la palabra de orden para vencer la adversidad. En este sentido, la Secretaria Ejecutiva de la Cepal destacó que: “Ningún país podrá combatir esta pandemia sin la cooperación mundial y regional. A fin de cuentas, lo que realmente debemos considerar es saber qué pasará con el multilateralismo. Se necesita una mayor integración. Sin duda, debemos movernos hacia una mayor coordinación, y la prioridad de las políticas debe ser cómo abordar la actual crisis social y de salud”.

La respuesta frente a la Covid-19 puede incidir en el tablero de la hegemonía mundial. Mientras Estados Unidos muestra a las claras la deficiencia de su sistema de salud y su escasa solidaridad con el mundo, China se erige con el liderazgo derivado de haber contenido la pandemia, y de poder brindar ayuda al resto del mundo, con insumos y médicos capacitados, señala la politóloga Melisa Centurión.

China, país que reportó el primer caso de la Covid-19, ha dado una respuesta rápida y admirable ante la comunidad internacional. Más allá de la proeza de construir un hospital en Wuhan con capacidad para unas mil camas en tiempo récord (diez días), decretar la cuarentena de las ciudades más afectadas para frenar la propagación del virus o potenciar la investigación científica, tras aplicar medidas efectivas, hoy los nuevos casos se han reducido notablemente en la nación. En esencia, ha logrado ofrecer lecciones al mundo sobre cómo contener el nuevo coronavirus.

Más allá de este aspecto, en palpable muestra de solidaridad, el Gobierno chino ha apoyado y participado activamente en la cooperación internacional en la lucha contra la enfermedad mediante la donación de 20 millones de dólares a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la entrega de suministros médicos a otros países (un millón de mascarillas a Francia, además de trajes de protección y guantes médicos; 1, 8 millones de mascarillas a España e Italia, entre otras naciones), el intercambio de experiencias para prevenir y contener la propagación, el apoyo a cerca de cien naciones y el envío de equipos de expertos a varios Estados como Italia e Irán, además de donativos realizados por fundaciones chinas.

No menos importante resulta la cooperación bilateral sostenida con otras potencias europeas y con Rusia. En este último caso, con contactos al más alto nivel, reflejo del apoyo mutuo y la asociación cooperativa estratégica integral entre ambos Estados. Otras naciones como Cuba también han dado muestras de solidaridad internacional, con brigadas médicas en varios países, entre ellos Italia, nada menos que la octava economía mundial.

A juicio del expresidente ecuatoriano, Rafael Correa: “Algún día le contaremos a nuestros hijos que, tras décadas de películas y propaganda, a la hora de la verdad, cuando la humanidad necesitó ayuda en un momento en que las grandes potencias se escondieron, empezaron a llegar médicos cubanos sin pedir nada a cambio”.

En su lugar, Estados Unidos lamentablemente ha intentado politizar la pandemia y estigmatizar a China, y ha mostrado hasta la fecha un enfoque escasamente cooperativo y de marcado carácter unilateral y belicista, aprovechando este contexto para el impulso de la carrera armamentista y los ejercicios militares.

Secuelas para Washington

Además de ratificar las deficiencias al interior de su sistema de salud (sin cobertura sanitaria para millones de habitantes, las altas tarifas y la proliferación del contagio en el país), la Covid-19 patentizó una reacción tardía por parte de la administración de Donald Trump, que subestimó la situación y se sumergió en la pugna por la hegemonía planetaria.

No pocos han cuestionado su mítico papel de “Estado salvador” de la comunidad internacional, al estilo de las películas de Hollywood, y han criticado enérgicamente a la Casa Blanca por mantener medidas coercitivas unilaterales contra Cuba, Venezuela, Irán o Siria, las cuales dificultan o encarecen la compra de medicamentos y otros insumos contra la enfermedad, resultan una violación de los Derechos Humanos y un acto de genocidio contra esos pueblos. De continuar con esta postura, Estados Unidos puede quedar más aislado a nivel mundial.

La Covid-19 también puede dar una gran estocada al sistema neoliberal, debido a que los ciudadanos ya se cuestionan seriamente la efectividad de un modelo basado en la privatización y los recortes sociales. La pandemia ha demostrado la trascendencia de contar con un sistema sanitario sólido y de entender la salud como un derecho humano.

“Mañana tendremos tiempo de sacar lecciones, de interrogarnos sobre el modelo de desarrollo que aplica nuestro mundo desde hace décadas y que ha revelado sus fallos (…) Pero lo que ya ha revelado esta pandemia es que la sanidad gratuita, sin condiciones de ingreso, de profesión, nuestro Estado del bienestar, no son costes o cargas, sino bienes preciosos, unas ventajas indispensables (…) y que este tipo de bienes y servicios tienen que estar fuera de las leyes del mercado”, ha dicho recientemente el presidente francés, Emmanuel Macron, un defensor de los recortes sociales.

Por otra parte, el rápido colapso del sistema de salud impulsó al Gobierno español a intervenir la sanidad privada, para enfrentar el nuevo coronavirus.

En esencia, la actualidad demanda esfuerzos coordinados frente a la pandemia, no recurrir al proteccionismo, al egoísmo ni al unilateralismo, y actuar unidos como civilización. Luego, tras vencer a la Covid-19, evaluaremos profundamente sus consecuencias en el tablero geopolítico, que no serán pocas. Como todo conflicto violento, en esta oportunidad una guerra contra un virus producirá cambios en el sistema internacional.

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