Doctora que estuvo en las brigadas de salud durante el estallido social y ahora en un hospital público ante el coronavirus.

Hugo Guzmán. Periodista. 03/05/2020. Estuvo en la atención de heridos en las movilizaciones del estallido social y ahora le tocó la atención de pacientes por el coronavirus.

Así es. Como a muchas y muchos médicos. Por eso no quiero dar mi nombre, porque somos muchos en esta batalla que es muy anónima. También de enfermeras y enfermeros, de técnicos, de personal auxiliar, de conductores de ambulancias, muchos trabajadores de la salud.

¿Cuál ha sido su experiencia en un hospital público?

Trabajo en un hospital público de la red asistencial. Desde que el gobierno instruyó sobre lo que se venía con el coronavirus, los trabajadores del sector comenzamos a preguntarnos muchas cosas. Cuáles serían las medidas de mitigación, de gestión, de protección del personal, de los horarios, los turnos de trabajo. Nunca eso fue dilucidado. No existió una orgánica nacional que propiciara una organización temprana de los servicios clínicos. Cada hospital y lugar fue tomando medidas de organización, fue algo localmente. Todo eso lo han dicho las organizaciones de los trabajadores de la salud. Tuvimos servicios que dejaron de atender pacientes de forma ambulatoria, por riesgos de pacientes y del personal. Hubo organización local para entrega de medicamentos, toma de exámenes o controles telefónicos. También se organizaron áreas más críticas como unidades de emergencias, de cuidados intensivos, de pacientes críticos y pabellones quirúrgicos. Se dividieron grupos de trabajo, turnos, considerando la cuarentena preventiva, buscando que el número de contagiados fuera paulatino y no de una sola vez. Yo creo que en todo esto no se ha escuchado a los médicos, a comités de expertos, a los alcaldes, para tomar decisiones.

Se habla de que ustedes no tienen insumos, no tienen el equipo de protección adecuado.

Los hospitales públicos tienen una carencia de insumos y de capacidad que es crónica. Hay que recordar que desde antes de la pandemia los hospitales estaban colapsados. Hay déficit de camas, de servicios clínicos, de capacidades. Eso también se ha dicho. Tenemos que prever epidemias como la de influenza, enfermedades respiratorias, hay que imaginarse el escenario que se vaticina. En elementos de protección personal, insumos, medicamentos, veníamos arrastrando un déficit enorme. Hubo un recorte de compra de insumos y elementos a nivel nacional, donde los hospitales más afectados fueron los de comunas populares. Así que hemos tenido que ver la manera de cuidarnos, de tener mascarillas, delantales, protectores, guantes.

Siempre se habla de conflictos o tensiones de quienes llegan a los hospitales públicos, a los servicios de urgencia, con el personal de salud. ¿Cómo ha sido en este tiempo el relacionamiento humano de los ciudadanos, de los pacientes, con ustedes?

En general el público que acude a la red asistencial es un paciente que viene muy maltratado desde antes. Muchas veces los problemas en horas de atención, los tiempos de espera, la disponibilidad o no de cupos para cirugías, los exámenes, o evaluaciones de especialistas que son escasos, impacta en los pacientes. Son personas que ya vienen muy enojadas, frustradas, decepcionadas, a veces de frentón no alcanzan a sanarse. Son sus condiciones de vida que les afectan. Muchas veces la relación es bastante difícil, porque el personal de salud es el que está a la entrada del servicio tratando de mitigar todo eso, con pocos recursos, con pocos elementos. Además, con la sobrecarga del trabajador de la salud, que es más alta en el servicio público que en el privado. Ahora, el momento es aquel donde las dos partes son capaces de entender la realidad del otro, que haya al final un entendimiento y se pueda trabajar y tratar mejor.

Usted estuvo en los grupos de médicos, en las brigadas de salud, en medio de las movilizaciones del estallido social, sobre todo en torno de la Plaza de la Dignidad. Ahora estás en la batalla contra la pandemia.

Sí, muchas y muchos estuvimos en esa batalla en el estallido social y ahora estamos atendiendo en los hospitales públicos. Son tareas que nos tocaron y las asumimos. Durante el estallido social la participación de grupos y brigadas de salud fue una pieza importante en la continuidad de la protesta. Fue un apoyo y un impulso a los manifestantes, a la movilización ciudadana legítima. Hubo brigadas con capacidad de atender y dar socorro a los heridos durante las manifestaciones, sin tener que pasar por el trato vejatorio en algunos centros de salud aledaños a las zonas de protesta, eso a los heridos, a los manifestantes, les daba cierta fuerza o tranquilidad.

¿Cómo se vive esto de haber estado atendiendo lesionados en el estallido social y ahora a los pacientes en medio de la pandemia? Le tocó directamente los dos momentos.

Desde el 18 de octubre en adelante la participación que tuvimos en las brigadas de salud que se dio en la calles y en los puntos de salud, avanzó también al seguimiento y búsqueda de otras aristas de atención. Cumplimos una labor en cuanto a víctimas de la violencia de agentes del Estado, de seguimiento, como los especialistas en los casos de trauma ocular, de lesiones en centros de detención, un trabajo en conjunto con abogados de derechos humanos, con psiquiatras y psicólogos, con equipos multidisciplinarios, enfermeras y enfermeros. Esto ocurrió en muchas regiones. Hubo un llamado al reencuentro de equipos autoconvocados, al trabajo colectivo, multidisciplinario, a la organización comunitaria, se avanzó en una lógica de que el pueblo ayuda al pueblo. Ahora estamos en otro escenario donde volvimos a estar expuestos, generador de muchos miedos, igual violento, con experiencias bastante fuertes. Durante las protestas se vivió la medicina de guerra, se aprendió sobre balines, sobre gases químicos, una medicina a la que no estábamos acostumbrados. Hubo cuadros clínicos que no conocíamos, que no estábamos habituados. Eso fue nuestra propia epidemia. Pasar a esta otra epidemia, es bastante complejo. Es algo que no se ve, pero está ahí, es mortal, no conocíamos el coronavirus, no teníamos experiencia en tratarlo. Desde la represión por el estallido social había no solo los heridos oculares, había otro tipo de heridos, con daños a la salud mental, con secuelas, y no nos estábamos recuperando de eso cuando aparece este nuevo enemigo.

 

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