Plebiscito: Operación “Plan B”

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Una idea que se viene fraguando al menos hace quince días, sustentada en pandemia de la Covid-19. Las cuatro líneas argumentales. No hacer consulta antes del 2022.

Hugo Guzmán. Periodista. 27/04/2020. Al menos hace quince días, en círculos de partidos políticos, parlamentarios y centros de estudios de la derecha y la ultraderecha, se viene fraguando una estrategia cuyo primer objetivo es que el 2020 no se efectúe el plebiscito para una nueva Constitución.

Un segundo objetivo, de acuerdo a contenidos de reuniones, intercambio de opiniones, exposiciones en charlas, e incluso declaraciones públicas, es que la consulta se suspenda. Al menos durante los dos años que restan del gobierno de Sebastián Piñera.

El marco de la pandemia de la Covid-19 es potenciado desde organizaciones de derecha y ultraderecha, segmentos conservadores y personeros de lo que se conoce como grupos fácticos, e incluso tácitamente desde el gobierno, para aplazar o suspender el plebiscito. Algunas vocerías empresariales y banqueras, en público y privado, establecieron su inquietud de que no se efectúe la consulta el 2020.

El coronavirus se convirtió en un extraño aliado de los sectores que están desde siempre en contra de que en el país se redacte un nuevo texto constitucional, y desarrollaban o desarrollan una fuerte campaña nacional por el Rechazo a la nueva Carta Magna.

En reuniones en el Instituto Libertad y Desarrollo, vinculado a la Unión Demócrata Independiente (UDI), en grupos de legisladores de esa colectividad y de Renovación Nacional (RN), en el Partido Republicano, en conversaciones en el Instituto Libertad (ligado a RN), en círculos de académicos de derecha y también en los pasillos del gobierno y La Moneda, en las últimas semanas se instaló, primero, el postergar el plebiscito en su fecha del 25 de octubre y, luego, la idea de suspenderlo durante esta administración.

Las señales

La primera señal explícita provino del ex ministro del Interior, y destacado dirigente interno de la UDI, Andrés Chadwick, cuando habló de un Plan B para la consulta y reconoció que es algo de lo que nadie quiere -o quería- hablar, pero que la realidad de la pandemia lo obliga. Sin plantear explícitamente no hacer el plebiscito, pero sí postergarlo. “Lo que uno quiere es que ante la eventualidad cierta que sea imposible, exista un Plan B conversado con anticipación”, dijo Chadwick en una charla en el Instituto Libertad y Desarrollo, que era entre participantes convocados, pero que alguien, con una clara intención política, difundió a la prensa.

Luego, el senador de UDI, Juan Antonio Coloma, se alineó a la idea del Plan B e introdujo un argumento que en su sector se venía diseñando; que tampoco habría condiciones para un proceso plebiscitario informado y realización de una campaña. Dijo que todo dependería de garantizar que “sea un plebiscito seguro e informado”. De lo contrario, no debería hacerse.

En la misma línea, la presidenta de la UDI, Jacqueline van Rysselberghe, estableció que se debe garantizar “primero que sea seguro para las personas, segundo que pueda ser informado, eso significa que en los tiempos de campaña, es decir, que son 60 días antes -léase en agosto-, el país debe estar en condiciones de poder hacer una campaña política porque es necesario que se puedan desplegar las distintas opciones. Y tercero, que pueda ser participativo y para eso las condiciones de sanidad deben ser evaluadas”.

Desde el Partido Republicano, José Antonio Kast reaccionó rápido a la promoción del Plan B y declaró que “soy de aquellos que creen que no va a haber plebiscito, porque las prioridades van a ser otras, todos vamos a estar pensando en cómo darles certeza y estabilidad a los distintos emprendedores”.

Una guinda de la torta fue lo declarado al diario La Tercera por el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, al expresar que “hace todo sentido el racionalizar el cronograma electoral si es que muy probablemente la pandemia se puede extender por lo menos por este año y parte del próximo”. Es la opción de suspender el plebiscito el 2020 y el 2021.

Como si fuera poco en lo explícito y lo tácito, el Presidente Sebastián Piñera agregó otro elemento para apuntalar, al menos, la suspensión del plebiscito en octubre. Dijo, en entrevista con CNN en Español, que “pienso, y en eso estamos especulando, de que quizás la recesión económica va a ser tan grande, que esto es un tema (realización del plebiscito) que quizás se va a volver a discutir”. Si se trata de especulaciones, entre periodistas se habló de que introducir el factor de crisis económica para suspender la consulta, se barajó en las oficinas del “segundo piso” presidencial, a cargo del también UDI, Cristian Larroulet.

El mandatario de inmediato fue secundado por la presidenta de la UDI, quien afirmó: “Lo que dice el Presidente Piñera es cierto. Aquí no hay un argumento que pese más que otro, por eso vale la pena preguntarse si se hace este gasto de recursos para el plebiscito…Gastar esa cantidad de plata para un plebiscito que no va a tener mucha participación y una legitimidad, hay que pensarlo”.

No se olvida en estos trajines políticos, que de acuerdo a reportes extraoficiales y de la prensa, el mandatario mantiene una línea abierta con Andrés Chadwick, con quien estaría discutiendo la estrategia a seguir sobre la crisis sanitaria, los temas políticos y el plebiscito.

Las líneas argumentales

Desde que hace dos semanas estas tesis comenzaron a intercambiarse en ámbitos de la derecha y grupos conservadores, las líneas argumentales se fueron solidificando a favor del Plan B.

Se trata de la construcción de una operación que contiene a lo menos cuatro ideas fuerza con el objetivo de prender una luz roja al plebiscito: no habrá condiciones sanitarias por la Covid-19; habrá poco tiempo para hacer una campaña “segura” e “informada”; la crisis económica impide que se haga un millonario gasto en la consulta; hay que cuidar la salud de la gente.

Con ello estaría a la entrada del horno la opción de postergar la fecha del 25 de octubre (ya se postergó la fecha del 26 de abril). Y estaría en el patio la tesis de que esas cuatro líneas argumentales se podrían sostener el 2021 y el 2022, con lo que el plebiscito finalmente no se haría durante el gobierno de Piñera.

Eso es lo que se está reflexionado y planificando en ámbitos de los instituto Libertad y Desarrollo, Libertad, la UDI, grupos de parlamentarios de RN, en la directiva del Partido Republicano, el “segundo piso” presidencial al mando de Larroulet, entre académicos conservadores y directivos empresariales y de grupos financieros.

Quizá, la opción del Parlamento

En este marco, y como parte del Plan B, en lo que fue una insistencia desde la derecha, incluidos sus centros de estudios, se puso sobre la mesa -no tan visiblemente- la idea de que una solución sería que los cambios a la Constitución (que no es Nueva Constitución) se puedan materializar en un proceso llevado a cabo en el Parlamento.

Que sean los senadores y diputados los que entren al análisis, discusión y votación de modificaciones, reformas o cambios al texto constitucional.

Esa, por lo demás, sería otra fórmula para desechar el plebiscito y dar respuesta “a la demanda ciudadana” de cambio en la Carta Magna, y el Parlamento podría efectuarlo a pesar de la pandemia y la recesión económica.

Es previsible que en estas semanas se vuelva a escuchar con cierto énfasis que el proceso constituyente puede continuar en las salas del Congreso Nacional.

En estos diseños, por cierto, está el desarrollar un completo plan comunicacional a través de columnistas, entrevistas, vocerías de dirigentes y parlamentarios, y de declaraciones del Presidente Piñera y de algunos de sus ministros, planteando los problemas para hacer la consulta, hablando de postergación y resaltando las malas condiciones que genera la Covid-19 para un proceso como este. No se descarta que se recurra a encuestas, foros y otros espacios para buscar el consolidado que explique la suspensión del proceso constituyente.

Todo, al final del día, formaría parte de esta Operación Plan B, destinada a torpedear el plebiscito por nueva Constitución.

Con un factor altamente positivo para quienes buscan ese objetivo: que efectivamente la pandemia del coronavirus no permita la realización de la consulta y la campaña, y deba ser reconocido hasta por la oposición. “El sueño del pibe” para la derecha.

Todo este camino, así lo indican fuentes consultadas y vocerías de personeros de la derecha y la ultraderecha, será reforzado estos meses, con la esperanza de un éxito de la Operación.

 

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