Es quizá uno de los temas donde hay más verdades, medias verdades y falsedades.

Gonzalo Magueda. Periodista. 24/04/2020. ¿Qué tan real es que la oposición está desaparecida, sin propuestas, ausente de la contingencia?

Es quizá uno de los temas donde hay más verdades, medias verdades y falsedades en esta contingencia. El aspecto negativo es potenciado por personeros y medios de prensa que insisten en la verborrea de culpar a “los políticos” de todos los males (olvidando bien seguido a los grandes empresarios, a los mandos policiales, por ejemplo), llegando a dejar en blanco los espacios donde debería haber propuestas opositoras, cuando las hay, según registro de publicaciones, distribución de documentos y debates en el Parlamento.

Un primer elemento es que no solo los representantes de la diversa oposición, sino inclusive del oficialismo y otros segmentos desde donde se hace política, están bastante ausentes de la cobertura y espacios que otorgan los medios de prensa a sus voces y, por cierto, propuestas. Esa es una decisión editorial (buena o mala) y que tendría que ver con que la agenda es la pandemia de la Covid-19.

Un segundo elemento, es que en la oposición se produjeron estas semanas unas confrontaciones de gran calibre (como a pesar de tener mayoría haber posibilitado, con incumplimiento de acuerdos, que la derecha quedara en la presidencia y vicepresidencia de la Cámara de Diputados) y continuaron rencillas y peleas que pudieron llenar espacios mediáticos por encima de debates y proposiciones respecto a la pandemia y realidades del país.

Un tercero elemento, es que los voceros de la oposición no saben vivir sin los grandes medios, es decir, los consorcios periodísticos empresariales, y si ellos les cierran las puertas no saben aprovechar o potenciar mensajes en los medios alternativos, al punto que inclusive se inclinan por algunos de corte liberal.

Un cuarto elemento, es que se enaltecen rígidamente las redes sociales donde colocar temas de fondo, propuestas contundentes y asuntos sensibles que requieren análisis y entrega de datos, es casi imposible, salvo para poner “titulares” o entrar en debates de frases; algo que está resultando insuficiente para la población, sobre todo en aquellos sectores que se quieren informar, analizar, documentar, y esperan argumentos sólidos.

Pero hay un quinto elemento que es sustancial. Desde colectividades y conglomerados opositores sí hay propuestas. Se hicieron con la publicación, por ejemplo, de pactos y medidas en el área económica y laboral, aterrizadas en la realidad del país; con salidas al tema laboral para no avanzar en despidos y baja de remuneraciones, dando cuenta de realidades financieras del país y condiciones del Estado que permiten allegar recursos; se plantearon cuestiones específicas como responder a la realidad laboral de las trabajadoras domésticas, suspender o postergar pagos de servicios y deudas, desarrollar planes de real apoyo al conjunto de las Pymes (por ejemplo, entregarles de manera directa la ayuda financiera y no a través de bancos), considerar apoyos a los trabajadores informales.

Un sexto elemento es que desde la oposición hay y hubo posicionamiento y propuestas respecto a la fecha y forma de regreso a clases, de parar los abusos de empresas en la aplicación de la Ley de Protección del Empleo, el garantizar la vacunación contra la influenza, mejorar los mecanismos contingentes para prevenir y encarar la violencia contras las mujeres, dotar de criterios sanitarios y no economicistas medidas desde el Ejecutivo. Nadie podría pasar por alto el plan de emergencia elaborado por la CUT. Desde la oposición se acompañó con fuerza al sector público ante la orden del gobierno de que los funcionarios volvieran al trabajo presencial y se está encima de los datos y medidas del Ministerio de Salud, cuestionando algunas de ellas, y haciendo propuestas respecto a otras; sobre todo los alcaldes y alcaldesas de oposición.

Un séptimo elemento, a veces ignorado, es que por efecto de la Constitución, las y los senadores y diputados, no pueden presentar proyectos que requieran financiamiento del Estado; tampoco pueden elevar los montos de las iniciativas que presenta el Presidente. Es una traba enorme. Al no saberse aquello o ignorarlo antojadizamente, se cae en críticas del actuar parlamentario, cuando en rigor de la legislación, están impedidos en este ámbito.

Se podrían añadir otros factores, como las decisiones editoriales de los matinales de la televisión, donde directores y editores decidieron invitar prácticamente solo a alcaldes de derecha, algo inclusive investigado por el Consejo Nacional de Televisión.

También que -en ocasiones con criterios de postear bien, tener buen Instagram, dar “buena cuñas”- se olvidan técnicas y teorías comunicacionales, se desecha la labor profesional en las comunicaciones, se ignoran asuntos como manejo comunicacional ante crisis sanitarias o de desastres, se olvidan formatos que son adecuados para llegar a la prensa, y se incurre en no saber cómo sintetizar, comprimir y presentar mensajes sólidos y de impacto. En ello no es menor que muchas y muchos voceros (dirigentes, parlamentarios, expertos) tienen rasgos narcisistas, estereotipados, ególatras, que las y los llevan a pensar que todo lo hacen bien, pero los medios los tratan mal.

Es indudable que sí hay propuestas y posicionamientos, se tienen que potenciar capacidades profesionales propias, leer bien la realidad y las condiciones de medios, y apuntar en variadas direcciones, porque someterse a la esclavitud de una sola dirección, lleva a frustraciones propias y a desinformar a la población.

 

 

 

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