El primer problema al que se verán enfrentadas las comunidades educacionales al volver en un tiempo más o menos cercano será el sanitario.

Carlos Pérez Aguirre

Profesor de Inglés. Colegio de Profesores Comunal San Miguel. Comisión Nacional de género y disidencias sexuales PCCH.

Santiago. 21/04/2020. El sistema educacional chileno se encuentra hoy en una disyuntiva que toma poco a poco la atención de la opinión pública. El ministro de Educación ha adelantado las vacaciones de invierno en un intento de acomodar el calendario escolar para retomar el periodo académico el 27 de abril asegurando también que la última palabra será tomada por la autoridad sanitaria. Como si en este caso, el problema fuera sólo sanitario.

El primer problema al que se verán enfrentadas las comunidades educacionales al volver en un tiempo más o menos cercano será el sanitario pues según la experiencia internacional el ciclo de la pandemia está lejos de terminar. La vuelta a clases en esas condiciones significa la exposición de toda la comunidad escolar a un posible contagio durante los múltiples momentos en que se expondrán en el trayecto a la escuela, en ella y de vuelta a casa. Por cierto, las aulas mismas representan un peligro cuando en muchos casos se encuentran sobrepobladas y en condiciones inseguras, por ejemplo, con ventanas rotas o escasa ventilación. Dentro de los colegios también conviven personas pertenecientes a los grupos de riesgo. En términos concretos, el mismo Estado permite que cientos de profesores adultos mayores sigan trabajando sin poder acogerse a su jubilación o esperándola, ¿cómo los protegeremos a ellos y ellas? ¿Cómo protegeremos a los integrantes de la comunidad con enfermedades crónicas?

En segundo problema a enfrentar es el social. Al volver a clases nos encontraremos con comunidades educativas donde la situación económica y material de muchos de sus integrantes habrá cambiado ¿Cuántos de nuestros estudiantes son hijos de las nuevas masas de desempleados? ¿Cuántos son hijos de padres que han visto dramáticamente reducidas sus entradas porque les recortaron el sueldo o porque sus negocios ya no rinden como antes?, ¿Cuántos estarán subalimentados? ¿Cuántos habrán tenido que dejar sus viviendas?  Son tantas las preguntas y los resguardos que debiéramos tomar para una normal vuelta a clase y sólo una premisa en este sentido: La realidad económica y material de las y los estudiantes y sus familias cambiará las necesidades de estos y las condiciones para sus procesos de aprendizaje. La autoridad debe dar respuesta a esta realidad.

Unida a esta problemática se encuentra la condición psicológica en que se encontrarán las personas en las escuelas. El mismo estrés producido por la vulnerabilidad económica de la mayoría de la población será un impedimento para un normal aprendizaje de los estudiantes, así como el contexto de encierro del que vendrán donde vieron alteradas sus rutinas, sus juegos y donde las situaciones de violencia intrafamiliar se acrecientan en contra de niños, niñas, mujeres y diversidad sexual principalmente.  Por último, el estado de emergencia y de inestabilidad permanente al enfrentarnos a una situación nueva como esta, también alterará el estado anímico y emocional de todas las comunidades escolares. Otro elemento más que la autoridad debe considerar.

Por último, y lo central en este artículo es el contexto curricular que deberemos enfrentar y aquí es donde es central el rol activo de los y las pedagogas. A modo de contextualización podemos decir que el sistema educacional chileno es altamente escolarizado, con asignaturas que funcionan como islas donde no se ha logrado una visión integral. Además, el diseño pedagógico sigue centrado en conocimientos por encima de las actitudes y las habilidades. Hasta ahora, y a pesar de los esfuerzos sobre todo en el último tiempo nuestro sistema educacional no se ha podido despegar del tradicional esquema donde un profesor frente a un grupo de estudiantes es el experto en una materia que entrega conocimientos y que después evalúa la integración de esos conocimientos en los estudiantes. Este enfoque eminentemente conductista cumple con su rol y en términos cognitivos logra lo que el SIMCE nos dice hace tiempo. Nuestros estudiantes llegan a desarrollar sólo habilidades intermedias, es decir conocen, comprenden y aplican. Las habilidades superiores como el análisis, la síntesis, la evaluación y la creación rara vez son cubiertas. Por esta razón es que en condiciones como la actual, al desparecer físicamente la sala de clases, nos encontramos con la dificultad de continuar un proceso autónomo de aprendizaje en casa. Las condiciones que requeríamos para enfrentar pedagógicamente una cuarentena, ya no lo preparamos y he ahí gran parte de las dificultades que vivimos como profesores hoy en día.

En lo concreto, ya perdimos marzo y abril y según se desarrolle la realidad sanitaria del país veremos si volvemos en un corto o mediano plazo. En estos términos, el ministerio ha optado por orientar a los establecimientos hacia la llamada modalidad “on-line”. Sin embargo, no existe ningún lineamiento claro para realizarla, monitorearla o evaluarla. En pocas palabras, cada uno está haciendo y hará lo que puede como si no estuviésemos hablando de uno de los países más desiguales del mundo. Al plantearse la vuelta a clases, entre un mar de inexactitudes y lugares comunes el ministro de educación, abogado de profesión, dice que debemos volver con un plan que incluye: Un diagnóstico integral, una fase de nivelación y una adecuación curricular, ¿Algún profesor o profesora se imaginó otra cosa? Es lo que hacemos todos los años al iniciar un periodo normal. Probablemente el ministro no lo sabe. En resumen, no hay lineamiento ni plan pedagógico centrado en los aprendizajes y una vez más el estado no se hace cargo de la inequidad que el modelo genera. Profesoras y profesores sabemos, como no hay un lineamiento concreto, que finalmente volveremos a clases para que nos obliguen a cumplir con las notas lo más pronto posible privilegiando lo burocrático por sobre lo pedagógico y ni pensar que dispondremos de tiempo para pensar y ejecutar los ajustes curriculares necesarios que dice el ministro.

En el mediano plazo, este será el contexto real que enfrentaremos estudiantes, profesores, apoderados y asistentes de la educación al volver a clases.  ¿Cuál sería entonces una propuesta que se haga cargo de lo pedagógico con sus componentes curriculares, sanitarios, sociales y emocionales?

En primer lugar, se debe asegurar que en el centro de cualquier iniciativa estén la seguridad de las comunidades educativas y los aprendizajes de los estudiantes de la mejor forma posible respetando su realidad física, emocional y cognitiva.

Con respecto al factor sanitario, la vuelta a clases debe ser precedida por una completa revisión y reparación de todos los establecimientos del país. Aspectos fundamentales en este sentido son la ventilación de las aulas y otros recintos, el estado de ventanas, puertas, murallas y sistemas de calefacción, etc. En esta línea, también es indispensable la implementación de salas de clases adicionales para superar los problemas de hacinamiento de muchas escuelas. También se debe reforzar la entrega de insumos de aseo y el personal para estas tareas, así como para la sanitización periódica de los planteles. Otro aspecto relacionado con lo sanitario es crear respuestas diversificadas para la situación de miembros de la comunidad escolar que pertenezcan a grupos de riesgo como adultos mayores y enfermos crónicos a quienes se les debe asegurar su derecho al trabajo, a la salud, a la protección social, y por cierto a la educación.

Con relación a los problemas sociales y psicológicos a los que deberemos hacer frente, se debe redoblar los programas de apoyo social y económico para todos los miembros de las comunidades escolares, así como la atención psicológica y las instancias de contención y de esparcimiento para ellos y ellas. Un punto en que se debe poner especial énfasis es en la detección y abordaje de casos de violencia y abusos intrafamiliares que habrán aumentado en contextos de encierro. La respuesta pedagógica que abordaré más adelante debe procurar no elevar los índices de estrés centrándose en procesos más que en resultados.

Desde el punto de vista pedagógico, la autoridad debe dar lineamientos precisos que digan relación con la reorganización del tiempo y el currículo. Esta es una oportunidad para introducir lo cambios que estábamos construyendo desde hace un tiempo. La realidad es que dispondremos de poco tiempo para asegurar los aprendizajes de nuestros estudiantes, y descuentos más o descuentos menos dispondremos de un semestre para tal tarea.

Una primera opción, sería de plano declarar cancelado el primer semestre y aprovechar el tiempo del que dispondríamos profesoras y profesores para discutir, aunar y planificar nuevas formas para abordar el currículo, así como para la creación del material necesario. Es esencial que un plan de contingencia se apoye en los y las profesionales de la educación. En segundo término, sería un error volver al mismo esquema de clases de un año normal por la sencilla razón que las condiciones reales son distintas.

Los profesores deberemos trabajar sobre la premisa de que no se cumplirán todos los aprendizajes programados para cada nivel y que seguramente el próximo año será un periodo de ajustes. Esta es la oportunidad de pensar la enseñanza centrándonos en las habilidades que desarrollarán nuestros estudiantes con la finalidad de ocupar el tiempo de mejor manera y ofrecer contextos más inclusivos, amables y menos frustrantes. Al enfocarse en los procesos, los profesores tendremos más control sobre los avances de nuestros estudiantes. La evaluación por consiguiente estará centrada en lo formativo y no en la calificación. Una dificultad que ofrece esta modalidad es que los y las docentes deben recolectar información constantemente y reflexionar para tomar decisiones sobre los procesos. Sobre esto volveré más adelante.

Una segunda medida sería entonces reducir el tiempo de los bloques de clases dejándolos en sesiones de 45 a 60 minutos con aprendizajes acotados.  Bloques más cortos promueven el buen uso del tiempo para cubrir el currículo, el uso eficiente de las capacidades de los estudiantes. Adicionalmente, proponer aprendizajes acotados en cada sesión permite desarrollar en los estudiantes un sentido del logro y de un control y satisfacción hacia su trabajo que será útil en un contexto donde es altamente probable que la salud mental de los estudiantes y su motivación intrínseca estén dañadas. Igualmente, la disminución de la duración de cada bloque supondría la liberación de las horas de clase de las tardes dando respuesta así al problema mencionado anteriormente que dice relación con el tiempo para recolectar y sistematizar información para tomar decisiones constantemente que demanda el trabajo educacional con enfoque en lo formativo Adicionalmente y de una forma indirecta al liberar a los estudiantes durante la tarde, el sistema educacional contribuye a descongestionar el transporte público mejorando las condiciones para la prevención del contagio del COVID-19. Los estudiantes no se toparían con los trabajadores al terminar la jornada.

Otra forma de trabajo a la que debemos volcarnos es a realizar proyectos multidisciplinarios, es decir trabajos orientados a la consecución de un objetivo concreto y abordado desde varias asignaturas. De esta manera y con una mismo proyecto se puede cubrir más de un objetivo de aprendizaje y su realización es más significativa, y estimulante para estudiantes que seguramente tendrán puesta su cabeza en la pandemia, en la situación de sus padres o de su comunidad.

Como podemos darnos cuenta, la actual situación es inédita para nuestra civilización en todo el mundo. En lo que compete al terreno de la educación en Chile, se necesita de lineamientos claros por parte de la autoridad que pongan en el centro el bienestar de todos los actores de las comunidades educativas con un enfoque complejo. En consecuencia, la crisis sanitaria actual demanda repensar el quehacer humano y supone una oportunidad para reconocer aquellos puntos en que subsisten vacíos e inequidades que se manifiestan con mayor crudeza en tiempos como éste y desde ahí elaborar respuestas que vayan más allá de la coyuntura. Una oportunidad para crecer juntos.

 

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