Nano Stern cuenta cómo nació canción dedicada a Gustavo Gatica

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Habló de sus orígenes y de cómo hoy utiliza el arte como un arma de lucha, a través de canciones y décimas. “Queremos hacer una versión millennial de la lira popular”, aseguró.

Daniela Pizarro Amaya. Periodista. 2020. “En Australia me entero de lo que pasó con Gustavo. El caso me removió completamente”.

No es que quiso regalar sus ojos sino que un ataque policial se los arrebató”.

“Hay una responsabilidad política y parece que en Chile están volviendo las prácticas de la dictadura”.

“Ha sido impresionante ver como la poesía se convierte en un arma de lucha popular real”.

Nano Stern es uno de los músicos que tomó un alto protagonismo tras el estallido social. Su activa y filosa pluma lo tiene diariamente publicando décimas en sus redes sociales, donde critica el actuar policial, se emociona con la lucha callejera y homenajea a figuras de la talla del padre Mariano Puga. Pero el artista alcanzó notoriedad por la canción que dedicó a Gustavo Gatica, el joven estudiante de psicología de la Universidad de Academia de Humanismo Cristiano, que perdió la visión de ambos ojos tras recibir el impacto de un proyectil policial en una concentración en la Plaza de la Dignidad.

“Regalé mis ojos” fue inspirada por la frase que dijo el joven cuando se enteró del daño irreversible. Nano hizo la canción en cinco minutos en Australia, en el marco de una gira, luego la viralizó en redes sociales y el primer viernes de marzo la presentó por primera vez en el balcón de Radio Dignidad, en la “zona cero” de las manifestaciones. Además, desde ese día el tema quedó liberado para escuchar y descargar de las diferentes plataformas digitales. Junto con ello, Stern decidió ceder a Gustavo lo derechos de autor de la canción, por lo que los recursos que logre generar la composición serán de por vida para Gatica.

Nano Stern conversó con El Siglo sobre su rol de artista activista, entregó sus percepciones sobre el escenario político y abordó el futuro de las movilizaciones.

¿Cómo surgió la idea de hacer una canción para Gustavo Gatica?

Nunca surgió la idea, fue una circunstancia muy especial. A mediados de noviembre fui una semana de gira fuera de Chile y en Australia me entero de lo que pasó con Gustavo. El caso me removió completamente, porque fue un nuevo hito, un paso más en la escalada de brutalidad que estábamos viviendo. Ese era el primer concierto de la gira y estaba muy conmovido, me acuerdo que me quedé parado en el camarín y pegado en el teléfono mirando lo que estaba pasando y ahí me encuentro con una entrevista que le hicieron a la mamá de Gustavo, donde señaló que su hijo dijo “regalé mis ojos para que la gente despierte”. Leí esto y te juro que me quebré, al ver que de esta tremenda tragedia personal Gustavo le dio un sentido colectivo. Empecé a darle vueltas y dije “no puedo cantar nada más que esto”, o sea, tenía eso en mi cabeza y la canción salió en cinco minutos. Entonces no hubo una idea, sino una reacción intuitiva. Al otro día le pedí a alguien que me grabara y yo mismo edité el video y la canción y después se viralizó en millones de personas.

¿Cómo fue la acogida de la familia?

El video lo vio la familia y ahí comenzó el nexo con ellos. Al principio me urgí un poco porque me empezaron a llegar muchos comentarios de gente que decían ser sus amigos de la universidad, que me criticaron porque no podía hacer de esta historia casi como algo romántico porque, claro, Gustavo no es que quiso regalar sus ojos sino que un ataque policial se los arrebató. Ahí me dijeron que Gustavo nunca había dicho esa frase, entonces empecé a investigar, porque si no lo dijo tenía que borrar esa parte. Me puse en contacto con su hermano y no hubo ningún problema, porque efectivamente Gustavo dijo esa frase y le encantó la canción.

¿Cómo fue la experiencia de ir a cantar la canción a casa de Gustavo?

Gustavo se transformó en un icono por una situación trágica, pero no deja de ser un joven que acaba de cumplir 22 años, que estudia, que tiene sus dinámicas, entonces fui muy tranquilo tratando de desdramatizar la situación. Conversamos muchos, nos reímos, o sea, todo muy tranquilo, en buena onda. Es una familia que tiene una gran entereza porque les tocó vivir varios episodios complejos en el último tiempo. Yo llegué con mi guitarra con el fin de entregar un momento de alegría y en ese marco han ido varios músicos, estuvieron en su casa los Inti Illimani, Illapu y hasta la Banda Conmoción. Con todo esto reafirmé la necesidad de visibilizar estos casos, porque nadie se está haciendo cargo de esto y el Estado que es el responsable no ha entregado ningún tipo de ayuda.

Además le cediste los derechos de autor a Gustavo.

Mis derechos de autor se los cedí de por vida a Gustavo, lo que fue muy engorroso porque está al límite de lo que la ley permite, porque son derechos inalienables y en ese marco agradezco la gestión de la SCD porque se portó muy bien para ayudar con esto. Así que todos los derechos ahora son de Gustavo y esperamos que sea una ayuda, por pequeña que sea. Además, es una muestra porque más allá de todo lo que podamos decir es de manera concreta decirle que esta canción es suya.

¿Qué te parecen las vocerías del gobierno donde aseguran que ellos no tienen ninguna responsabilidad antes las violaciones de los derechos humanos?

No lo puedo creer. Si la responsabilidad no la tienen ellos, entonces, quién; ¿el funcionario que mandaron a disparar? No. Aquí hay una responsabilidad política y parece que en Chile están volviendo las prácticas de la dictadura. Han pasado meses y nadie sabe quién le disparó a Gustavo. Es realmente terrible.

“El arte como arma de lucha”

¿Cómo partió la idea de armar un libro con las décimas que publicas en redes?

Es una forma de hacerse parte del verso popular en Chile, lo que queremos hacer es una versión millennial -por decirlo de alguna manera- de la lira popular, utilizando la plaza pública digital como son las redes sociales que tienen una inmediatez y una masividad que antes no existía. Ha sido impresionante ver como la poesía se convierte en un arma de lucha popular real, porque somos una generación que creció con el mito de la resistencia a la dictadura, la defensa de los derechos humanos y el arte como arma de lucha, pero ahora nos toca vivirlo, lo que es muy distinto y a la vez es una tragedia. Cuando un verso lo comparten 15 mil personas en un día y se los copian al Presidente o a los Ministros, nos damos cuenta de la relevancia. Por otro lado, cumple un rol de catarsis emocional y de darle otro nivel de reflexión a esto que está pasando.

¿Cómo viste la reacción del mundo de las artes ante todo este proceso de rebeldía?

Una vez más vimos que los artistas en todas sus expresiones, cuando tienen que estar, están. Ha sido lindo encontrarnos en las calles y en otros espacios que no estábamos acostumbrados a vernos. Esto implicó un remezón para todos y la escala de valores volvió a su estado natural, donde lo más importante no son las lucas, ni el ego, ni la fama, sino que lo importante, como dijo Víctor Jara, es que el canto tiene sentido y razón.

¿Te has topado con colegas críticos?

No, o sea, personalmente no. Sí he recibido críticas o amenazas, que van más allá del odio de redes, porque esas mismas personas andan en la calle armadas en su misión de reivindicar su fascismo (en manifestaciones por rechazo). La canción “Ojo por ojo” me costó un llamado de la Fiscalía y ahí uno dice, bueno, cómo están preocupados de esto y no de perseguir a los carabineros que están matando gente, o sea, en qué mundo estamos.

¿Qué opinión te merece Alberto Plaza?

Nada que decir. Solo que me parece aberrante su rol público.

¿Te gustó el Festival de “Viña del Marx”?

(Risas) Tal cual. Fue increíble. A los organizadores les salió el tiro por la culata y fue una consecuencia porque ellos insistieron con hacerlo. Del Festival quedó que fue el comienzo de la franja del “Apruebo” y de manera increíble. Hubo momentos de genialidad por parte de (Stefan) Kramer, de la Mon (Laferte) y de la mayoría que estuvo ahí. Enfrentaron esta situación tan crítica, pero de manera brillante y eso es muy difícil, yo he estado ahí y no es para nada fácil. Por eso agradecemos la valentía que tuvieron.

El Nano activista

¿Cuándo nace tú interés por los temas sociales/políticos? ¿Desde siempre o se fue construyendo?

Ambas. Surgió desde chico, adolescente. Yo nací en una familia más o menos cuica, conservadora, pero la vida me fue presentando diferentes personas, como profesores, maestros, es decir, gente que abre el camino. También desde chico viajé mucho cantando y empecé a conocer otras realidades. Así fui forjando una visión. Cuando tenía 19 años hice mi primer disco y ya ahí hay canciones, quizás medias inocentes, donde plasmo esto, como en la canción ‘Yo no quiero vender’, que es una pequeña protesta en contra de este sistema. Ya en 2010-2011 participé de manera directa con el movimiento estudiantil, porque era mi generación, mis pares.

¿Recibiste críticas de la familia o cercanos?

Hasta el día de hoy, y creo que hay muy pocas familias que se salven de esas divisiones en estos momentos de polarización. Es triste ver como se fracturan ciertas relaciones, que no aguantan las circunstancias, a nivel familias o de amistades. Es terrible darse cuenta que se pueden hacer realidad situaciones como las que escuchamos del Golpe donde a hermanos les tocó estar en diferentes lados o en la guerra civil española donde hubo hermanos que se dispararon. Estamos en un espiral sin salida, porque aún no sabemos para dónde vamos.

¿Vas a la franja o alguna campaña por el “Apruebo”? 

Somos parte del “Apruebo”, aun no tengo ofrecimiento de algún comando formal, pero vamos a hacer muchos eventos y ahí vamos a tocar el tema del por qué hay que aprobar. También fuera de Chile, porque es muy importante visibilizar el tema en el extranjero, porque las noticias no siempre llegan con la profundidad que requieren.

¿Se gana?

Creo que sí. Sería muy extraño y es muy poco probable que eso no ocurra, o por ejemplo, que no lleguemos al plebiscito, creo que ahí sí que estaríamos en una situación de descontrol.

Entrevista publicada en la última edición de El Siglo impreso.

 

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