El virus ha mostrado el lado más oscuro de la sociedad clasista que hemos formado. La exclusión de los sectores más vulnerables en los medios de comunicación masiva es total.

Miguel Lawner

Arquitecto

10/04/2020. Santiago. En estos últimos días, la televisión y la prensa chilena, nos agobian una y otra vez, dando a conocer las medidas adoptadas para evitar el traslado de los santiaguinos a los balnearios o a sus segundas residencias donde quieran que estén.

La televisión interroga a los pacos en terreno, que dan lecciones de comportamiento; también a los conductores criticando a los irresponsables que intentad eludir las barreras sanitarias; al Intendente de Santiago o a la vocera de gobierno reiterando una y otra vez, la necesidad de quedarse en casa, mientras se observa una fila interminable de vehículos haciendo cola en los puntos de control de todo el país.

La escena se traslada a los estudios de la TV en Santiago, donde volvemos a escuchar lo mismo, esta vez en boca de sus animadores VIP.

De regreso a las barreras sanitarias, presenciamos nuevamente las mismas escenas, reforzadas ahora con la presencia del ministro Blumel luciendo una imponente mascarilla, que concurre a verificar en terreno el respeto a las disposiciones adoptadas por el gobierno.

De postre, nos presentan las mismas situaciones, ahora en Palacio, con las advertencias del mismo Ministro y el Intendente, a los cuales se une el general de Carabineros a cargo de la zona de catástrofe.

Amenazan con multas de hasta 50 millones de pesos a quién trasgreda las barreras. Esto último lo venimos oyendo desde hará una semana. Es una tontería porque sabemos que nadie pagará una multa tan descomunal. Menos los cuicos. ¿Porqué no fijar una suma creíble, digamos 1 o 2 millones de pesos y dar a conocer los nombres de las personas sancionadas?

No hay otro tema. Los matinales reiteran lo mismo, con las mismas escenas, con las mismas advertencias, solo que con otros locutores.

¿Cuánta gente dispone en Chile de una segunda residencia?

¿Cuántos poseen un automóvil para trasladarse a los balnearios o a cualquier sitio de recreo?

Esta escena transcurre el mismo día en que nos enteramos que 28 comunas de la Región Metropolitana superan la tasa de contagios fijada por el gobierno para decretar la cuarentena.

En Quinta Normal, se triplicaron durante los últimos ocho días. Lo mismo ocurre en San Miguel, La Reina y San Joaquín. Sus alcaldes no se explican las razones de no declararlas en cuarentena total.

La alcaldesa de Quinta Normal declara haberles manifestado a las autoridades que, “si no es ahora, entonces, ¿cuándo se toma la decisión de cuarentena? ¿Cuándo ya estén todos contagiados y empiecen a aparecer los muertos? Se trata de detenerlo antes”.  ([1])

Nada de esto se muestra en la televisión. Nunca una escena en un mercado de Cerro Navia, o en un barrio de San Joaquín, Lo Espejo, Pedro Aguirre Cerda o Lo Prado. Jamás un reportaje a los campamentos en Santiago, Viña del Mar, Copiapó o Antofagasta. Nunca un reportaje serio sobre Petorca o La Ligua, para informar cómo se las arreglan para lavarse las manos continuamente, sin suministro de agua potable, ya que disponen solo de un camión aljibe que les entrega miserables 50 litros de agua al día, por familia.

El virus ha mostrado el lado más oscuro de la sociedad clasista que hemos formado. La exclusión de los sectores más vulnerables en los medios de comunicación masiva es total. Es obvio el acrecentamiento de la ira que explotó el 18 de octubre del año pasado. No debiera sorprendernos. Pero, ¿cómo encauzarla? Es el desafío que tenemos las fuerzas progresistas confinados en nuestros domicilios. Hay que encontrar una forma de expresarnos y forzar un cambio de política, privilegiando la salud de nuestros compatriotas con énfasis en los sectores más afectados por la crisis.

Está claro que Chile y el mundo no serán los mismos tras esta catástrofe. Sumémosle, en el caso nuestro, la insurrección popular suspendida por el virus.

Modificar radicalmente la propiedad y estructura de los medios de comunicación, en particular la Televisión, debe estar en la primera línea de nuestras tareas.

Debe establecerse a nivel constitucional, el derecho a una información veraz y pluralista. Debemos hacer incompatible la propiedad de un medio de comunicación, prensa o televisión, por parte de los grandes grupos económicos o de inversionistas extranjeros, como ocurre hoy día con Canal Trece, propiedad de Lucksic; Megavisión, propiedad de Alvaro Saieh o Chilevisión propiedad de Televisa.

La cobertura unilateral de la pandemia, ofrecida por los grandes medios de comunicación, es la mejor contribución a la exigencia de contar, mañana,  con una información veraz y pluralista.

[1] El Mercurio,10.04.2020. Cuerpo C. Primera página.

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