El debate aún es solapado, pero la discusión está centrada el rol de lo público y lo privado, e hilando más fino pone en tela de juicio al capitalismo en su versión neoliberal.

Fernando Bahamonde

Profesor

02/04/020. Punta Arenas. La pandemia Covid-19 ha puesto en crisis global las esferas de la salud, la economía y la situación laboral de millones de trabajadoras y trabajadores de todo el planeta. El debate aún es solapado, pero la discusión está centrada el rol de lo público y lo privado, e hilando más fino pone en tela de juicio al capitalismo en su versión neoliberal y la forma que adquirió el Estado bajo este modelo.

En el siglo XX la Humanidad experimentó crisis que fueron globales en los órdenes político, económico y social lo que han significado profundas grietas. Sucesivas crisis económicas, guerras mundiales y pandemias como la gripe española de 1918. Sin embargo, el siglo XXI nos sorprende en una situación material completamente diferente al pasado. Nunca el planeta como hoy, ha tenido más riqueza, ha desarrollado sucesivas revoluciones tecnológicas en el ámbito comunicacional y revoluciones científicas en el ámbito de la salud. A pesar de ello, la riqueza y los avances científicos-tecnológicos no bastan, hasta este momento, para hacer frente la crisis que es global a causa de que la mayor riqueza se sustenta en una gigantesca desigualdad global.

Observamos, entre otros fenómenos políticos, la intrascendencia de organismos multilaterales como Naciones Unidas y la descomposición de bloques como la Unión Europea. La situación que experimentan España e Italia demuestra que la Unión Europea no nació con otro propósito que establecer acuerdos comerciales donde las potencias hegemónicas imponen sus reglas a los países capitalistas periféricos del continente. Ejemplo de ello fue el estrepitoso colapso económico griego el 2009, que tuvo entre sus causas el estrangulamiento a que sometieron a ese país los banqueros alemanes.

La crisis actual puede tener cierto nivel de comparación con la de 1929, si bien es cierto la actual no nace de un derrumbe económico, pero la emergencia del Covid-19 tendrá consecuencias económicas, sociales y políticas aún insospechadas por la fragilidad neoliberal con una economía global asimétrica y la precariedad de los Estados nacionales.

Cabe recordar que en 1933 a efecto del colapso económico llegaron al poder Franklin Roosevelt en EE. UU y Adolf Hitler en Alemania. El primero implementó un “Nuevo Trato” con la intervención del Estado regulando el sistema financiero y una creciente inversión pública, para concretar algo inédito en la ultraliberal nación del norte un Estado benefactor. A su vez, frente a la desesperación, el desempleo y la aguda polarización política, los alemanes votaron por el nacionalismo fascista y mesiánico NAZI.

Hoy en Europa la derecha nacionalista y de corte neofascista tiene un escenario propicio para emerger aprovechando la inestabilidad y desesperación de grandes sectores de la población. Hace décadas los nacionalistas europeos han intentado cerrar las fronteras al fenómeno migratorio, y aprovecharan la coyuntura para desintegrar la Unión Europea. Para los nacionalistas será fácil culpar de la catástrofe a la derecha liberal y a los socialdemócratas ambos sectores proglobalización, y con ello, intentar sepultar la democracia representativa.

Potencialmente experimentaremos la reconfiguración del orden internacional nuevo, con el aislacionismo norteamericano con un fuerte intervencionismo de carácter violento contra aquellos gobiernos que considera enemigos y el fortalecimiento de China y Rusia como contrapoderes.

Es todavía una interrogante frente a la pandemia como devendrá la economía mundial, pero parece que el capitalismo afrontará una crisis histórica que lo obligará a un cambio de giró que puede ser una oportunidad como, al mismo tiempo, un drama humanitario para millones de pobres y trabajadores.

 

 

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