Ley de teletrabajo: una normativa a destiempo

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Por la urgencia de haberse dictado en tiempos de pandemia, creemos que se trata de una ley desfasada. Pensada a destiempo.

Rodrigo Calderón Astete

Doctor en derecho. Profesor Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

01/04/2020. La ley 21.220 de teletrabajo recién dictada es una ley a destiempo. Esto no es menor. Si el derecho juega su eficacia en establecer un régimen de funcionamiento de las relaciones sociales y se pretende usarlo para garantizar derechos, atenta contra esto no la distancia norma-realidad, los incumplimientos de los obligados por la ley así como también el tipo de respuesta a la realidad que esa ley pretende dar.

De ella surgen una serie de preguntas a resolver: ¿se trata de trabajo a distancia o teletrabajo?; ¿se incorpora un nuevo trabajador o se modifican los contratos de los existentes?, ¿cuál será el lugar de trabajo y cuales sus condiciones?; ¿si se establece el domicilio como se hace compatible con las condiciones reales de los hogares, como preparar comidas, cuidado de los niños y las tareas domésticas?.

Por estas problemáticas, como por la urgencia de haberse dictado en tiempos de pandemia, creemos que se trata de una ley desfasada. Pensada a destiempo. Primero porque el teletrabajo no es un fenómeno nuevo. Ya la IX Jornada Chilena de Derecho del Trabajo de 1998 dedicó un espacio al problema; en lo político la Unión Europea el año 2002 firmó su acuerdo marco por el teletrabajo. Esto quiere decir que Chile tiene veinte años de desfase, lo que se traduce no solo en un atraso de implementación sino sobre todo de comprensión. Se ha dictado una ley de trabajo no presencial confusa por desfase. Ni empresarios ni clase política estuvieron al día; por mucho que se apele a la modernidad no estamos en ella.

Segundo, el problema que enfrenta la ley obedece a razones y mecanismos diferentes que hace veinte años. Hoy las formas de producir del Internet, bigdata, algotimos, aplicaciones de sobre  uso por aceleración del tiempo y del espacio son inevitables en muchas áreas y ello obliga al aceleramiento de las comprensiones y prácticas de épocas distintas de la actividad económica. Chile está apenas entrando a formas de automatización de hace veinte años que se nos presentan como innovaciones pero no solo son, como es el cambio de cajeras por estaciones no humanas de cobro y pago; eso no es cibernético sigue siendo maquínico. Contra lo que parece no estamos entrando en la era digital sino que esta ley nos mantiene en una era económica ya superada. Más que subdesarrollados somos subactualizados.

Tercero, de la misma forma la ley de teletrabajo confunde el uso del tiempo con la organización del trabajo. Teletrabajar implica imaginar el hacer de manera diferente, organizarlo ya no por tiempo sino por objetivo. Si las empresas chilenas acostumbradas a controlar a sus trabajadores como si fueran vasallos diseñan formas de trabajo basadas en jornadas y no en objetivos harán más precarios a sus trabajadores, saturarán su tiempo y su salud borrando los límites mentales y corporales y mantendrán formas arcaicas de producción bajo supuesto uso intensivo de tecnología, en perjuicio de los trabajadores y sus herramientas esenciales de cuerpo y mente, generando operarios fuera de espacios de relación productiva y de derechos; y así dispersos pero controlados ganan solo los dueños del nexo con el mercado y el dinero.

Cuarto, se abre la puerta a los abusos y la pérdida de derechos. En tanto se ha mezclado teletrabajo con trabajo a distancia se está legalizando la maquila, el trabajo desregulado en espacios no destinados a trabajos, precarizando al trabajador para confinarlo en lo privado, usando el hogar y el tiempo íntimo de los trabajadores en beneficio de la empresa. Nuevamente las mujeres serán las más perjudicas, al unir trabajo para un tercero y el tiempo íntimo y familiar deberán hacer más tareas y en menos tiempo, y ya ni siquiera contarán con la ida y venida del trabajo para hacer un espacio vital propio.

Quinto, porque es una ley dictada por la urgencia del gobierno para hacer anuncios que parezcan responden a la crisis del COVID 19 y esto es solo apariencia. Además de las dificultades que trae el cierre de lugares de trabajo y paralización de faenas por el virus se ha debido enviado a los nuevos teletrabajadores a sus casas sin capacitación previa, sin delimitación previa de objetivos, medios y metas, sin hacerse cargo de las consecuencias (por que fue pensada para tiempos normales) de saturar el tiempo  y los espacios disponibles. Muchas personas han debido por la emergencia sanitaria hacer de sus hogares espacios sin condiciones para el trabajo externo, sin conexión adecuada, sin preparación familiar para ser invadidos por la empresa y presos del doble miedo de no saber si tendrán continuidad laboral además de contagiarse si se mantienen en el exterior o vuelven a él.

Si queremos defender los derechos de los trabajadores y trabajadoras pero también de las personas que viven en los hogares afectados por desfase hay que acelerar nuestras repuestas más que en rapidez en forma de pensar lo deseable y en reponer con velocidad y fuerza los principios protectores de quienes son la verdadera base de la producción, los trabajadores.

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