Natalí Jarpa, coordinadora Movimiento Salud en Resistencia, contó su experiencia como brigadista en la Plaza Dignidad, entre la primera línea y los ataques policiales.

Daniela Pizarro Amaya. Periodista. Natalí Jarpa, tiene 25 años y es estudiante de Enfermería de la Universidad de Chile. Desde que estalló la demanda social el 18 de octubre, estuvo en las manifestaciones de la Plaza Dignidad ayudando a quienes resultaban heridos por la represión policial. De a poco se fueron sumando voluntarios -en su mayoría estudiantes o trabajadores del área de la salud- a esas labores, así como se fueron sumando los manifestantes y los heridos. Actualmente es integrante y coordinadora del Movimiento Salud en Resistencia, que agrupa a varios puestos médicos en la zona cero de las concentraciones. En entrevista con ElSiglo.cl contó su experiencia entre la primera línea y los ataques de los uniformados.

¿Cuándo comienzas a ejercer como voluntaria?

Desde el primer día que se iniciaron las manifestaciones. Junto con compañeros de curso y con otros estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile de a poco nos empezamos a organizar y empezamos a armar cuadrillas para prestar primeros auxilios en los territorios y en la Plaza Dignidad. Ahí nos fuimos encontrando con profesionales, otros estudiantes y trabajadores de la salud que se fueron autoconvocado, nos fuimos conociendo y así se fue formando lo que hoy se conoce como Movimiento Salud en Resistencia.

¿Cómo ha sido la experiencia personal?

Es algo que jamás pensé vivir. Es súper duro ver como Carabineros ataca a la población que se manifiesta en las calles sin distinguir edades, sexo, ni nada, ellos van a dañar y a aquellos que tenemos este rol de prestar primeros auxilios también nos atacan.

¿Qué es lo más fuerte que te ha tocado vivir?

Que personalmente me ataquen, me persigan mientras atiendo a alguien, o sea, siempre tengo que protegerme junto con el manifestante, porque no dejan de disparar, de tirar gas y agua. También me ha tocado ver casos que jamás olvidaré como el de una mamá que llevaron al puesto de Bellavista. Ella venía desmayada junto a sus dos hijas, una de 10 y otra de 7 años, que venían inconscientes, producto de los gases. Eso fue a fines de diciembre en medio de la velatón que se hizo por la muerte de Mauricio Fredes, donde los Carabineros atacaron con gases y agua a todos quienes estaban ahí. La mamá de las niñas se desmayó y la hija mayor intentó proteger a la más pequeña y recibió todo el impacto del gas y de los chorros del guanaco, llegó con signos de arrastre y con hemiplejia, estuvo inconsciente más de veinte minutos. Fue muy fuerte para todos.

¿Cómo fueron afrontando el tema de los heridos oculares? ¿Cuándo se dan cuenta que no eran casos aislados?

Nosotros no atendimos tantos traumas oculares, porque como esos casos de gravedad se trasladaban de inmediato a la UTO (Unidad De Tratamiento Ocular) del Hospital Salvador. Desde el primer día vimos este tipo de casos y todos los días se conocían de este tipo de heridos. Cuando fuimos a la Cámara de Diputados a la Comisión que revisaba la Acusación Constitucional en contra del Presidente de la República, presentamos todos los casos, en ese momento habían más de doscientos heridos oculares -cifra que hoy es el doble-. Esas cifras horribles demostraron que nunca fueron casos aislados, sino que era política de Estado. En ese momento (diciembre) solo nosotros como Salud en Resistencia habíamos atenido más de mil seiscientos heridos, sin contar los datos de otros organismos, que daban más de tres mil heridos de diversos tipos en el primer mes de manifestaciones. Por otro lado en un primer momento no estaban los datos de la cantidad real de heridos oculares, porque muchos no iban a los centros asistenciales por miedo a las denuncias, hubo muchos casos donde los hospitales criminalizaron los casos y llamaban a los carabineros para que detuvieran a esos manifestantes.

¿Qué tipo de ataques han recibido mientras prestan ayuda?

De todo. Hay muchos brigadistas que fueron heridos con perdigones. Por ejemplo, cuando se estaba atendiendo a Abel Acuña, quienes lo estaban auxiliando fueron atacados con gases lacrimógenos y gas pimienta, la médica del SAMU fue herida con un perdigón en el pie y el chorro del guanaco le daba justo en la ambulancia. Ese caso es la muestra de cómo nos atacan mientras ayudamos. Después cuando terminamos nuestro trabajo al final de las manifestaciones debemos sacarnos nuestro uniforme porque si caminamos así por las calles nos persiguen.

Por otro lado, se convirtieron en un símbolo de las manifestaciones.

Hay algo muy lindo que ocurre en las calles. Hay una solidaridad en la protesta, todos tenemos la esperanza de que esto puede cambiar y para eso resistimos todos juntos. Los primeros auxilios son nuestra forma de lucha. Con los compañeros de la primera línea nos encontramos todos los días y luchamos juntos con distintos roles, sabiendo que estamos en un contexto difícil, pero en la calle prima el amor y la resistencia.

Se dice que en la Primera Línea hay muchos jóvenes que son o que pasaron por el Sename ¿Qué hay de cierto en eso?

En febrero hicimos una actividad para la primera línea junto a las compañeras que llevan comida en cada manifestación, donde se conversó respecto al proceso constituyente. En esa instancia pudimos conocer algunas historias y fue muy duro saber que muchos vivieron la injusticia antes de nacer, son generaciones de injusticia, donde desde el más chico hasta el más viejo había estado en el Sename. Fueron relatos muy duros, pero que a la vez te hacen entender la convicción de la lucha de estos jóvenes, o sea, ellos van a llegar hasta el final. También te generan una impotencia y una angustia saber por todo lo que pasaron y siguen pasando.

¿Esa impotencia y angustia se logra convertir en ganas de seguir? 

Totalmente. Todas estas emociones que se puedan sentir -pena, angustia, rabia, impotencia- son la inyección necesaria para seguir luchando, porque cuando partió todo esto había un agotamiento físico y mental, pero el ver el autocuidado de los chicos, la solidaridad, el ver que esta lucha es colectiva, nos demostró que no estábamos solos y eso nos da el ánimo de seguir luchando, porque tenemos todos la misma convicción, además las injusticias no paran.

 

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